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jueves, 26 de marzo de 2026

"CONTRATISMO TODO TERRENO": "EVIDENCIA DOCUMENTAL EXHIBE ESCURRIENDO las CORRUPTELAS del UNIFORME VERDE OLIVO del EJERCITO"...todo lo compra, todo lo vende (y todo lo mezcla).


En la Secretaría de la Defensa Nacional parece que confundieron el catálogo militar con el de Sam’s Club. El que ayer vendía bolsas de hielo hoy renta ambulancias; la que suministraba manteca y harina ahora surte químicos para fabricar proyectiles; y aquel que administraba inmuebles, de pronto diseña maquinaria para fabricar armas. Versatilidad le llaman; otros dirían conflicto de intereses con uniforme de campaña.

Latinus le echó ojo a 300 contratos del Ejército firmados en 2025 y el resultado es digno de un expediente de la Auditoría Superior… o de un capítulo de “El Chapulín Bursátil”. De los documentos emergen 19 empresas y dos personas físicasque se llevaron más de 230 millones de pesos en asignaciones directas, porque nada dice “honor y lealtad” como repartir millones sin concurso.

Tómese el caso de María del Rosario Martínez García, desde su colonia en Naucalpan, que surtió herramientas, químicos, harina y hasta 900 kilos de manteca de cerdo… para la fábrica de proyectiles del Ejército. No es metáfora: los proyectiles bien engrasados, literal. Su PYME patriótica le facturó a la Sedena más de cuatro millones en un año. Así cualquiera grita “¡Viva México!”.

Pero la estrella del emprendimiento marcial se llama AJ Trade, que nació para administrar inmuebles y terminó fabricando maquinaria para armas y municiones. ¿Un giro de negocio? Más bien una metamorfosis milagrosa autorizada por la Dirección de Industria Militar, que parece agencia incubadora de “contratistas todoterreno”.

Y no vayamos lejos: HGW Process and Solutions fue sancionada por la propia Sedena en 2024 por entregar tarde un documento. ¿Resultado? Diecisiete contratos más al año siguiente, por un total de 35 millones de pesos. En los pasillos de la burocracia castrense, fallar paga —y bien.

El desorden alcanza niveles de tragicomedia. Didactic City vende desde tornos hasta sillas de ruedas, mientras para Agricultura cotiza uniformes. Comercializadora GC2 despacha tanto papel de baño como varillas de acero y aceites de motor. Si el Ejército necesita balas o cloro, el catálogo los cubre: multiproducto, multicliente, multitransa.

Y entre los más pintorescos está René Carlos Aguilar, proveedor estrella que entrega artículos de oficina, limpieza, hielo y agua purificada, pero también renta ambulancias al mismo Ejército. Un ejército que construye aeropuertos, opera hoteles, entrega libros, y ahora —al parecer— distribuye agua embotellada con la bendición del presupuesto federal.

Nadie vigila gran cosa: las empresas incumplen, no entregan y, aun así, siguen cobrando. Mientras tanto, en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, administrado por los mismos militares, se reparten contratos millonarios a compañías sancionadas. Una de ellas, FAMSO, multada por la Sedena en 2023; otra, Pibud y Gastronómico, ya investigada por la Auditoría Superior. El olfato para repetir proveedores sospechosos parece parte del adiestramiento.

¿Y los millones de pesos con los que el Ejército ahora construye trenes, aeropuertos, hospitales y bancos? Se diluyen entre grasas, hielos, inmuebles y “sistemas contra incendios” que, paradójicamente, sirven menos para apagar fuegos que para encubrirlos.

En resumen: la Industria Militar mexicana se profesionalizó en todo… excepto en rendir cuentas.

Con informacion: LATINUS/

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