El experimento del mismo gobierno,el de “intimar con el crimen”durante la estrategia Michoacan del ex-presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018) ,alimentado por la inacción del Gobierno de Andres Manuel Lopez Obrador (2018-2024) en Michoacán, ya dejó el cadáver político sobre la mesa: al Abuelo Farias lo parió el Estado, lo amamantó el Ejército,pero ahora lo exigen los gringos con 10 millones de dólares de recompensa, mientras sus sicarios en 2026 ,hasta reclaman servicio al cliente a la policía estatal porque “no los protegen”.
El narco–Frankenstein made in gobierno
Primero los vendieron como autodefensas heroicas, después los vistieron de Fuerza Rural, y al final resultó que Los Viagras, la Nueva Familia, los Blancos de Troya y el cártel del Abuelo eran otra franquicia más del narco con logo oficial y sello de “aprobado por la autoridad”.
Al “cártel del Abuelo” lo inflaron cuando al gobierno se le ocurrió la brillante idea de armar a Tepalcatepec para “frenar al CJNG”, o sea, crear un ejército privado con placa, presupuesto y abrazo institucional al estilo del grupo de los «PEPES» Colombianos creados en 1993 por el gobierno y por sus rivales, perseguidos por Pablo Escobar para acabar con el Cartel de Medellin.
El resultado en Michoacán: Cárteles Unidos, una cooperativa del terror hecha de parches —Viagras, Farías Álvarez y compañía— que controla metanfetas, fentanilo, aguacate, limón y secuestros mientras el Estado finge que todavía manda algo más que oficios.
Tanto los apapacharon que hoy Estados Unidos trae lista de precios: hasta 10 millones de dólares por la cabeza del Abuelo, cinco por el Gordo y otros millones por sus cuates, como si fueran paquete de colección del narco que el propio sistema ayudó a levantar en esa sempiterna vocación de complicar y perpetuar problemas.
Cuando el ex-socio te hace berrinche armado
La escena de Breitbart es casi sketch de comedia negra: sicarios del Abuelo, disfrazados de policías, encarando a la Policía Estatal de Michoacán para reclamarles que no los cuidan mientras Jalisco y la federación les caen encima.
No son delincuentes huyendo de la ley, son “narco autodefensas” queriendo garantía extendida de protección, y hasta mencionan que un mando militar ya está enterado, como si fueran clientes frecuentes reclamando al gerente.
Ahí se ve el truco completo: el mismo grupo que el gobierno convirtió en “policía comunitaria” ahora se siente con derecho a exigir cobertura oficial para seguir operando su negocio criminal.
El Estado los armó para “defender al pueblo” y terminaron defendiendo su plaza, sus laboratorios y sus rutas, de paso desapareciendo a quien se atraviesa, disfrazado todo de trabajo de seguridad pública.
“Valen mucho dinero juntos”… y no es metáfora
Cuando se dice “valen mucho dinero juntos y andaban junto al gobierno”, no es un adorno literario: es el modelo de negocios.
Cárteles Unidos, Viagras, CJNG y derivados se reparten metanfetaminas, fentanilo, extorsiones y agricultura sangrada, mientras políticos, mandos y corporaciones públicas cobran su comisión en silencio.
Los gringos los declaran organización terrorista, ofrecen recompensas millonarias y congelan bienes, pero el origen del monstruo no está en la sierra: está en los escritorios donde se decidió institucionalizar autodefensas infiltradas, darles armas, credenciales y el relato heroico de “guardianes del pueblo”.
El saldo es un Estado colonizado: cárteles nombrando autoridades locales, financiando campañas y dictando quién vive, quién paga y quién desaparece.
El abuelo que el sistema crió
El Abuelo Farías no es un error aislado, es la consecuencia lógica de una política que subcontrata la violencia a criminales y luego se sorprende cuando le muerden la mano.
Lo empoderaron como socio táctico contra el CJNG, lo dejaron operar con impunidad en Tepalcatepec como “policía comunitaria”, y ahora lo persiguen como terrorista premium mientras sus sicarios piden trato VIP a la estatal.
Es la misma película de siempre: el gobierno crea un monstruo para pegarle a otro, el Ejército lo entrena, lo arma a regañadientes, lo legitima, y cuando cambia el clima político, el monstruo se vuelve “enemigo de la nación”.
Michoacán es la prueba de laboratorio de que la estrategia de “usar un cártel para pegarle a otro” no combate al crimen: solo lo formaliza, lo profesionaliza y luego lo sienta a negociar como si fuera otro actor del Estado.
Con informacion: Breitbart/

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