La Secretaría de Gobernación (Segob) publico en el Diario Oficial de la Federación el nuevo Protocolo Homologado para la Búsqueda de Personas Desaparecidas y No Localizadas,como uno de los instrumentos rectores de la política pública para los casos de desapariciones en el país, que poco o ningun efecto tendrá,si la autoridad no esta dispuesta a enfrentar al crimen organizado, hoy por hoy aun socios del gobiernen entidades como Tamaulipas,donde Morena y el Gobierno de Americo Villarreal con permisividad tóxica catapultaron los «levantones» y se convirtió a la entidad en una fabrica de NO LOCALIZADOS cuya cífra,la segunda mas alta en el pais,13 mil 707 victimas,crece todos los dias,de acuerdo con el SNPDNLO.
El nuevo Protocolo Homologado de Búsqueda llegó a poner orden donde antes había puro enredo institucional, porque obliga a activar la búsqueda desde el primer momento, separa búsqueda de investigación y trata la desaparición como una emergencia, no como un trámite con burocracia y café frío. También mete una lógica más humana y más útil: búsqueda inmediata, individualizada, por patrones, generalizada y de familia, además de reconocer la participación de los familiares y el deber de coordinación entre autoridades.

Lo bueno
El mayor acierto es que rompe con la vieja costumbre de “espérese tantito” y manda a buscar sin demora a cualquier persona de paradero desconocido, con o sin presunción inicial de delito.
También acierta al reconocer que las familias no son visitantes incómodos del proceso, sino parte con derecho a participar, aportar información y exigir resultados.
Y otro punto fuerte: obliga a conectar bases de datos, registros, 911, autoridades migratorias, centros de reinserción y hasta información forense, porque en un país con miles de desaparecidos no sirve que cada institución guarde sus datos como si fueran el último tamal de la oficina.
Lo nuevo
Lo nuevo es la división operativa en cinco tipos de búsqueda, que permite dejar de tratar todos los casos como si fueran iguales y ajustar la respuesta según el escenario.
También es novedoso que el Protocolo trate de forma expresa la búsqueda por patrones, el análisis de contexto y la identificación de casos con elementos comunes, algo clave en un país donde las desapariciones rara vez son hechos aislados.
Otra novedad importante es el lugar que le da al Mecanismo Extraordinario de Identificación Forense y al cruce de registros, porque sin identificación humana la “búsqueda” se queda en una promesa elegante con sello oficial.
Lo malo
El problema, como siempre, no es la redacción sino la carne del monstruo: un protocolo brillante en el papel puede convertirse en literatura administrativa si las fiscalías, comisiones y policías no cumplen.
El propio documento admite que el incumplimiento injustificado o la negligencia puede ser falta administrativa grave, pero en México eso suena más a advertencia ceremonial que a consecuencia automática.
Además, el modelo sigue dependiendo de una coordinación institucional que en la práctica suele fallar por rivalidades, desinformación, ausencia de capacidades y la vieja enfermedad burocrática de “ese oficio no me toca a mí”.
Lo feo
En el fondo, este Protocolo reconoce algo incómodo: el Estado mexicano tardó demasiado en aceptar que buscar no es investigar después, sino actuar de inmediato y con todos los medios posibles.
Su valor está en que baja a tierra un estándar de búsqueda más serio, pero su debilidad es la de siempre: en un país de simulación administrativa, el mejor protocolo puede terminar archivado junto a las buenas intenciones.
Dicho sin anestesia: es un avance real, sí, pero también es una prueba de fuego para saber si el gobierno puede hacer algo más que redactar documentos solemnes mientras la crisis de desaparición sigue cobrando factura.
Con informacion: DIARIO OFICIAL de la FEDERACIÓN/ RNPDNLO/

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