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miércoles, 25 de marzo de 2026

EL «ARMA es del PAPA»: «FUE un ATAQUE DIRECTO con PREMEDITACION,ALEVOSIA y VENTAJA»: FISCAL de MICHOACAN…lo presumen efectivo de la Marina.


En Michoacán, donde ya es difícil saber si las balas vienen del narco, del Ejército o de un adolescente en crisis existencial, la Fiscalía General del Estado confirmó lo que muchos sospechaban: el asesinato de dos profesoras en la preparatoria Anton Makarenko no fue un arrebato adolescente cualquiera, sino una ejecución fría, directa y armada con un AR-15 que —oh sorpresa— pertenecía presuntamente al padre, un marino.

El fiscal Carlos Torres Piña, investido de cientificismo judicial para la entrevista con Carlos Loret, narró con frialdad quirúrgica cómo Osmar “N”, de apenas 15 años, atacó por la espalda a una maestra y luego remató a la otra que intentaba esconderse tras un mostrador. En los videos, dijo, se ve claramente que fue “directo sobre ellas”. La palabra directo se repite tanto que parece querer suavizar la parte más obvia: el Estado mexicano le permitió a un menor tener acceso a un rifle de asalto capaz de atravesar muros y biografías completas.

Lo interesante llega después: el diario español El Pais, revela que el chico no era un simple estudiante perturbado, sino un usuario activo de la subcultura incel —ese rincón oscuro del internet donde se mezcla misoginia, resentimiento y pseudoideología masculina con estética militarizada—. Vestido al estilo “rebelde beta”, anunciaba su propio “día de la purificación” en redes con frases como “Hoy es el día”, un tipo de performatividad digital que recuerda las fantasías colectivas del incelocalypse, término que los más radicalizados usan para referirse a una supuesta “rebelión contra el mundo dominado por mujeres y traidores”.

En esta narrativa, la tragedia no es solo doméstica: es institucional. Un fusil de uso exclusivo del Ejército dormía en una casa donde un adolescente alimentaba su miseria digital con dogmas de foros misóginos sin que nadie, ni su madre ni su padre (militar, repito: militar), notaran la tormenta gestándose. Cuando el Estado arma a los padres y desarma a los maestros, el resultado es este: dos profesoras asesinadas por el hijo de un soldado que decidió sentirse emperador de su propia guerra sexual.

Mientras la Fiscalía promete rastrear el origen del arma y analizar los mensajes del joven, las redes mexicanas ya hacen lo que mejor saben: reinterpretar el horror con memes, indignación selectiva y teorías sobre “fallas psicológicas”. Pero el fondo sigue siendo uno solo: la cultura de la violencia —esa que el Estado abraza y exporta— sigue incubando monstruos perfectamente adaptados al clima nacional.

El adolescente no nació incel: lo formó un país que idolatra uniformes, celebra al tirador “por vocación” y entrena varones incapaces de procesar el rechazo sin un cargador lleno de 5.56 milímetros de masculinidad tóxica.

Con informacion: ELNORTEELPAIS/

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