La Marina acaba de presumir otro golpe en altamar: 650 kilos de cocaína en costas de Michoacán, seis detenidos y combustible suficiente para que la operación no se quede como excursión marítima de fin de semana. El dato no es menor, pero tampoco conviene venderlo como si fuera el derribo del narco global: sirve para ubicar una ruta, una logística y un eslabón; no para confundir un decomiso táctico con el final de la película.
Puesto en perspectiva, 650 kilos son 0.65 toneladas. Sí, menos de una tonelada. Y aunque eso alcanza para miles de dosis en el mercado final, el problema real está en la escala industrial del negocio: la producción global de cocaína llegó a 3,708 toneladas en 2023, mientras Colombia concentró la mayor parte de la oferta sudamericana, con cifras de producción estimada cercanas a 2,600 toneladas y alrededor de 67% de los cultivos mundiales de coca. Dicho sin solemnidad: lo de Michoacán es un golpe, no el derrumbe de la fábrica continental.
La medida exacta del golpe
La propia nota del diario español, EL PAÍS ,señala que la Marina reporta 62 toneladas de cocaína incautadas en altamar en esta administración. Si esa cifra se pone frente a la producción global de 3,708 toneladas en 2023, equivale a alrededor de 1.7% de un solo año de oferta mundial; es decir, una porción relevante para la narrativa oficial, pero todavía modesta frente al tamaño del mercado ilícito que alimentan Sudamérica y las rutas marítimas del Pacífico.
El tamaño del cargamento
El cargamento de Michoacán fue de 580 paquetes tipo ladrillo distribuidos en 14 bultos, con un peso aproximado de 650 kilogramos y 350 litros de combustible, según el reporte oficial retomado por la prensa. Eso sugiere una embarcación preparada para tránsito corto y veloz, no para turismo náutico: poco volumen, mucha movilidad y suficiente autonomía para intentar colarse por una franja marítima caliente.
Contexto para ponerle nombre al golpe
En términos periodísticos, el decomiso no debe leerse como “otra captura más”, sino como evidencia de una economía criminal que opera por capas: producción en el cono sur, trasiego marítimo en el Pacífico y distribución regional en puntos de entrada como México. Si la coca sudamericana sigue creciendo en capacidad productiva, cada aseguramiento en el mar es apenas una interrupción local de una cadena que ya viene inflada desde el origen.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/THE CITYPAPER/BOGOTA

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: