Mientras las autoridades siguen vendiendo la postal de siempre —mar, arena blanca y “pacificacion”—, Cancún volvió a recordar que en Quintana Roo la violencia no toma vacaciones. La madrugada de ayer lunes, un grupo de hombres armados abrió fuego dentro del bar Fusion, en la zona noroeste de la ciudad, y dejó a cinco personas heridas antes de escapar sin problemas, como si la impunidad también trajera reservación incluida.
De acuerdo con lo publicado, en el momento del ataque había apenas 10 personas en el lugar, lo que no evitó que los agresores hicieran lo suyo con una eficiencia que contrasta brutalmente con la torpeza oficial para prevenir estos episodios. Paramédicos y policías auxiliaron a los lesionados y los trasladaron a hospitales, pero hasta ahora no se ha informado su estado de salud ni se ha reportado la captura de los responsables.
El mismo negocio, el mismo método
Lo más grave es que no se trata de un hecho aislado, sino de una repetición casi cínica del guion. Según el reporte, el mismo sitio ya había sido escenario de una agresión en febrero de 2025, cuando aún operaba bajo el nombre de Babilonia: aquella vez hubo tres heridos y un muerto. Es decir, el bar cambió de nombre, pero el mensaje criminal siguió intacto.
Y como si faltara contexto, el ataque ocurrió apenas días después de otra balacera en Playa del Carmen, otro destino de catálogo donde el crimen organizado sigue disputando territorio, clientes y cuotas con la misma naturalidad con la que el gobierno presume inversiones y turismo récord. El motivo no fue revelado, pero la vieja receta suele ser conocida: control de narcomenudeo, extorsión o ambas, que en México cada vez se distinguen menos.
La vitrina rota del Caribe
La escena no solo exhibe la vulnerabilidad de quienes trabajan o salen de noche en la zona turística; también destroza la narrativa oficial de “destinos seguros” que se recicla cada temporada alta. Cancún y su corredor turístico siguen funcionando como escaparate internacional, pero debajo del maquillaje operan las mismas redes que cobran piso, negocian plazas y disparan cuando alguien no entiende el idioma del miedo.
Con informacion: BREITBART/

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