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domingo, 22 de marzo de 2026

«1 MES de CABOS SUELTOS»: LOS «MISTERIOS TRAS ABATI_MIENTO del CAPO que NACIÓ,CRECIÓ y se DESARROLLÓ ARROPADO por el GOBIERNO»…y ahora hay que agradecerles que hayan acabado con la «puntita» de la enfermedad que el sistema provocó.


Pablo Ferri,en el Diario español,El Pais,nos cuenta cuenta, con pelos y señales, cómo el Estado “derrotó” al gran capo… y luego dejó la escena del crimen abierta como Airbnb de reporteros, mientras el CJNG se reorganizaba en modo junta de accionistas sangrientos.

El operativo glorioso y la masacre nebulosa

Según el relato oficial, a Nemesio Oseguera, alias El Mencho, lo cazan en los bosques de Jalisco, cerca de unas cabañas donde llevaba sus últimos días de capo campestre. Madrugada, militares, balazos, 3 soldados muertos, 11 delincuentes abatidos, capo herido, helicóptero castrense y final de película: El Mencho muere por heridas de bala durante el traslado, versión repetida por el Gobierno durante semanas.

Hasta ahí, el cuento está clarito: bosque, cabañas, soldados, helicóptero. El problema arranca después: la “violencia posterior” deja más de 60 muertos, incluidos 25 guardias nacionales, pero ahí sí, el Estado entra en fase amnesia selectiva y casi nada se sabe con precisión de dónde, cómo ni en qué condiciones cayeron.

Domingo de fuego, bloqueos y cuentas alegres

El 22 de febrero, Jalisco y Michoacán, bastiones del CJNG, reviven el déjà vu del “arañazo al Estado”: bloqueos, agresiones a la autoridad y caos como respuesta al golpe al jefe. No es cualquier empresa criminal: el CJNG heredero de Ignacio Coronel, con Mencho formado bajo su ala, levantó un emporio de drogas, trasiego internacional, huachicol, fraude inmobiliario y todo lo que deje dinero y cadáveres,claro estaco ayuda del gobierno y muchos uniformes que hoy lo presumen como victoria,es decir, hay que agradecerles por haber acabado con la «puntita: de la enfermedad que dejaron nacer,crecer y desarrollarse hasta morir.

El lunes, el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, sale con el parte de guerra tipo Excel simplón: 25 guardias asesinados, 35 presuntos criminales muertos, 70 detenidos, una mujer alcanzada por el fuego cruzado. Pero los datos son un croquis en blanco y negro: no se sabe dónde ni cómo murieron los 25 guardias (solo que fue en Jalisco), tampoco dónde cayeron los 35 criminales, y de la mujer se sabe por periodistas que murió en Zapopan. Un custodio carcelario y un agente de la fiscalía de Jalisco también terminaron muertos, pero las circunstancias siguen en la carpeta de “misterios oficiales”.

La escena del capo, abierta al público

Mientras el país digiere la historia, la batalla en las cabañas del Mencho se vuelve punto turístico para prensa. Las cabañas están en el municipio de Tapalpa, Jalisco: desde el lunes 23 de febrero empiezan a llegar reporteros y descubren un detalle menor… nadie custodia el lugar después de que se retiraron los militares. Este diario (El País) llega tres días después y confirma: cero resguardo, cero sellos, cero cinta amarilla, puerta franca para quien quiera revisar el último refugio del “enemigo público número uno”.

Un reportero de El Universal, de los primeros en entrar a las Cabañas La Loma, jura que ahí encuentra un sobre lleno de documentos: información del grupo, pagos a autoridades en Jalisco y otros Estados, mapas de expansión del CJNG, la narco contabilidad finita que compromete funcionarios de medio país. El Universal empieza a soltar esa información el jueves 26 de febrero. Ese mismo día, La Jornada, diario más amigable con el Gobierno, publica que “fuentes ministeriales” le cuentan que la FGR aseguró documentos en esas mismas cabañas: narconómina, operaciones financieras del Mencho, etcétera.

La FGR y el manual del enredo institucional

Cuando todo apunta a filtrazo monumental, El Universal insiste: no fue filtración, encontraron los papeles ahí, tirados en el lugar. La historia se pone todavía más rara cuando, tres semanas después de la muerte del Mencho, la FGR sale a decir que ni siquiera sabe si esos documentos son verdaderos o no, contradiciendo tranquilamente a las “fuentes ministeriales” que La Jornada había presumido.

La FGR se justifica con una frase de antología: las cabañas “no ofrecían condiciones mínimas de seguridad” para resguardar a su personal después de lo ocurrido el 22 de febrero, así que no tomaron custodia de los inmuebles hasta que “la situación fue contenida”. ¿Cuándo pasó eso exactamente? EL PAÍS le pregunta al vocero, y hasta ahora, silencio administrativo. Mientras tanto, los restos calcinados de vehículos usados para bloqueos siguen como monumentos a la impunidad en Jalisco, fotografiados el 2 de marzo.

Mundial, Casa Blanca y alzheimer político

Con el Mundial de fútbol ya casi encima y la Casa Blanca vigilando a su vecino caótico del sur, el Gobierno aplica la fórmula clásica: silencio, correr el reloj y dejar que la indignación se diluya. Ni el Ejército, ni Harfuch, ni la presidenta Claudia Sheinbaum se han dignado a aclarar qué pasó realmente en esas horas posteriores al operativo, ni a ordenar el rompecabezas de muertos, bloqueos y balaceras.

El presente criminal queda dominado por un trono vacío y un interrogante enorme: quién manda ahora en el CJNG. La discusión sobre las narconóminas y la colusión de autoridades con el cártel va quedando en segundo plano, porque el morbo siempre se va a la sucesión: quién se queda el reino, los territorios y la caja fuerte.

Juego de tronos versión CJNG

Esta semana, The Wall Street Journal publica que el hijastro de El Mencho, Juan Carlos Valencia González, alias El 03, va a ocupar el trono del CJNG. La nota afirma que la información viene de funcionarios de México y Estados Unidos, es decir, la típica filtración binacional de poderosos opinando sobre otros poderosos armados. Pero el viernes, Reforma matiza el cuento: sí, el 03, pero no solo; el hijastro llevaría el aparato administrativo del cártel y otro de los pesos pesados, Gonzalo Mendoza, alias El Sapo, sería el “guardián del poder de fuego”.

La lógica dinástica no es nueva: el narco mexicano tiene décadas funcionando como monarquía familiar de facto, y las facciones del Cártel de Sinaloa son la prueba. En el caso del 03, la nobleza criminal viene por partida doble: es hijastro del Mencho, pero además hijo de Armando Valencia Cornelio, capo que dominó el narco en Michoacán a finales del siglo pasado. Su madre, viuda de Cornelio, se casa después con El Mencho, y así se construye este árbol genealógico de sangre y plomo. Los tíos carnales del 03 fundan su propio grupo, Los Cuinis, aliados históricos del CJNG, aunque hoy prácticamente desarticulados.

Los otros jugadores: Jardinero, dinero y continuidad

El detalle incómodo para la narrativa de sucesión limpia es Audias Flores, alias El Jardinero, otro de los hombres fuertes del CJNG que ha acumulado un poder considerable estos años. Si el liderazgo formal realmente contara, El Jardinero tendría algo que decir en esta asamblea de herederos. Pero puede que lo de “quién es el jefe” sea puro fuego artificial para prensa y autoridades, mientras lo que de verdad manda es la fuerza de los negocios de cada facción.

La idea final es tan simple como brutal: más allá de apellidos, tronos imaginarios y discursos de éxito del Estado, el dinero es el factor decisivo que acabará definiendo la estructura del CJNG tras la muerte del Mencho. Un mes después, el capo está bajo tierra, la versión oficial llena de agujeros, la escena del crimen quedó abierta al público y el cártel parece más en reacomodo que en derrota.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/PABLO FERRI/

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