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martes, 31 de marzo de 2026

«ONG’s PRESUMEN MANCHA de PETROLEO es CORTESIA de DUCTO SUBTERRANEO del COMPLEJO CANTARELL de PEMEX»…discurso del régimen comparte esa textura espesa y olor inconfundible a ocultamiento crudo.


Parece que al viejo monstruo del Golfo, alias Pemex, además de fugas, ahora también se le escapan las verdades. Desde febrero una mancha de hidrocarburos se pasea por las aguas de Campeche, cortesía de un ducto subterráneo en el Complejo Cantarell, pero según el gobierno, no fue él, fue otro.

Mientras las organizaciones ambientalistas —esas que el oficialismo acusa de “neoliberales”— exhiben imágenes satelitales desde el 6 de febrero, el discurso de la 4T insiste en que el problema empezó el 1 de marzo, por culpa de un barco fantasma o, peor, por “emisiones naturales de chapopoteras”. Es decir: para el gobierno, el Golfo se autoderra­mó.

Lo curioso es que el buque Árbol Grande, especializado en reparación de ductos y operado por Diavaz (empresa con historial de contratos turbios con Pemex), llegó al lugar apenas un día después de que aparecieron las primeras manchas. Ahí permaneció durante ocho días —el tiempo justo para que la mancha creciera a casi 300 kilómetros cuadrados. Y mientras tanto, silencio total. Ni alerta a las comunidades costeras, ni aviso público. El chapopote avanzaba, pero la narrativa oficial seguía blindada.

Cuando las evidencias empezaron a hundir la versión gubernamental, Pemex reaccionó al estilo clásico del realismo mágico institucionalizado: negó que el buque reparara algo y juró que solo es parte de su “flota de mantenimiento”. Qué conveniente.

Y para rematar, Diavaz —la operadora del buque— no es cualquier empresa: en la Cuenta Pública 2013 fue señalada por pagos sin aclarar, incumplimientos y beneficios inexplicables. Pero en la 4T, la lealtad a Pemex parece blindar más que cualquier código de ética.

Así que mientras las playas se tiñen, las comunidades pesqueras se resignan y los satélites exhiben lo que el discurso niega, el oficialismo moreno sigue fiel a su vocación: decirle mentira a la evidencia y llamar “ataque a México” a toda crítica con sustento.

Porque si hay algo que el petróleo y el discurso del régimen comparten, es su textura espesa y su olor inconfundible a ocultamiento crudo.

Con informacion: ELNORTE/

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