No hay nada más “transformador” que hacer desaparecer desaparecidos. El Gobierno de la República,el de la Presidenta Claudia Sheinbaum, en su infinita sabiduría humanista, decidió que la tragedia nacional podía resolverse con una hoja de cálculo. Donde antes había dolor, ahora hay filtros, columnas y macros. El Excel de la empatía: ordenado, limpio y vacío de humanidad.
La Secretaría de Gobernación presentó sus “claves del registro” de desaparecidos y, entre una transparencia pixelada y otra, quedó claro que el nuevo humanismo no busca hacer el bien, sino verse bien —sobre todo cuando Naciones Unidas, las madres buscadoras y los periodistas preguntan demasiado y la popularidad va en picada.
Según el documento, de los más de 132 500 desaparecidos, miles ya “no deberían contar”, porque el algoritmo descubrió que estaban duplicados, mal reportados o, misteriosamente, “fueron localizados” sin precisar dónde ni cómo. Ninguna morgue lo puede confirmar, pero la estadística respira tranquila.
El humanismo 4T es eso: convertir el dolor social en KPI, el hallazgo de fosas en éxito administrativo, y la desesperación de las familias en un número más amable para la mañanera. De tanto querer limpiar el registro, terminaron lavando la culpa.
Que dice la version oficial:
La Secretaría de Gobernación, junto a Marcela Figueroa, titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), ha asegurado que una parte (2.356) de los registros de desaparecidos son casos de hace varias décadas, que desaparecieron en el contexto de la Guerra Sucia o en periodos de represión del Estado. El resto, más de 130.000 casos, fueron denunciados después de 2006. Sin embargo, el Gobierno hace un apunte de matiz y los cataloga en tres categorías, para los que se ha establecido una estrategia de trabajo diferente, según Figueroa.
46.742 casos son registros sin datos suficientes: En los últimos meses, las autoridades hicieron un barrido de la base de datos de desaparecidos y hallaron que un tercio tenía incompleto al menos un dato crucial para la búsqueda, como la fecha de nacimiento, el apellido, sexo, contexto de la desaparición, fecha o lugar de los hechos. Antes de la reforma legal de la Ley General en Materia de Desaparición, que exige desde 2025 un mínimo de datos de identidad para presentar la denuncia, la plataforma permitía levantar el reporte a veces solo con una palabra, como ha ocurrido con los casos de “El Cuate” o “Juanita”. “Si dice Juan y no tenemos ningún otro dato, pues es muy difícil su búsqueda”, ha apuntado la presidenta. Sin embargo, Gobernación ha decidido mantenerlos en el registro para calmar la principal preocupación de los colectivos de búsqueda, que temían que la reinterpretación del registro eliminara algunos casos.
40.308 personas que han registrado alguna actividad tras su desaparición: La titular de la SESNSP asegura que el 31% de casos sí cuentan con los datos completos, pero que en las bases de datos del Gobierno han aparecido tiempo después de ser denunciados como desaparecidos. Estas personas celebraron matrimonios que quedaron en el Registro Civil, así como la presentación de hijos, también pudieron acudir con sus cartillas a las campañas de vacunación públicas, notificaron cambios de domicilio ante el INE, entre otros. Sin embargo, si los investigadores no pueden contactar con el sujeto, o aportar pruebas de vida o fallecimiento, no pueden pasar el caso a personas localizadas.
43.128 desaparecidos cuentan con datos de identidad y no han registrado actividad: De este número, en el que el Gobierno ha hecho hincapié, solo 3.869 tienen carpetas de investigación abiertas en la Fiscalía, ya que hasta el año pasado las dependencias no estaban obligadas legalmente a abrir una investigación para encontrarlos. Los demás, en su gran mayoría, solo cuentan con reporte.
La SESNSP ha asegurado que de 100 personas que se reportan como desaparecidas en un mes, al menos 66 son localizadas y, en su gran mayoría (92%), con vida—. También han subrayado que en el 96% de los casos de las personas localizadas, la desaparición no está asociada a ningún delito, como el reclutamiento forzado del crimen organizado.
Mientras tanto, en los campos de búsqueda, las madres siguen escarbando con sus propias manos, sin presupuesto pero con la verdad por delante. Ellas sí hacen el bien, aunque el Gobierno prefiere verlas fuera del cuadro. Porque el humanismo transformador, ya se sabe, ama el espejo más que la compasión.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/MICAELA VARELA

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