La discusión sobre los miles de desaparecidos en el pais ,volvió a poner en evidencia una de las perversiones más eficaces del poder: convertir una tragedia nacional en disputa de cifras. El gobierno presume depuración de registros, pero el país arrastra 132 mil 534 personas desaparecidas y un rezago forense de más de 72 mil cuerpos sin identificar. Eso no es mejora institucional: es la radiografía de un Estado rebasado, incapaz de buscar a los vivos, identificar a los muertos y nombrar con honestidad el tamaño del desastre.
En este mapa del horror, Tamaulipas vuelve a figurar como símbolo de una violencia que no se ha ido, solo se ha normalizado.
Tamaulipas, otra vez
Y, como suele pasar en este sainete nacional, Tamaulipas vuelve a aparecer en la conversación cuando se habla de desapariciones, fosas y cuerpos sin nombre.
No es casualidad ni mala suerte estadística: es el retrato de un territorio donde la violencia criminal y la complicidad han dejado como saldo la impunidad por culpa de gobernantes que se han sentado a cenar juntos durante años,no solo MORENA y Americo Villarreal.
Por eso cobra relevancia retomar historias como la del llamado Comandante “El Mono” y el «Z-40» afrentoso, dos nombres que no son anécdota pintoresca sino parte del ecosistema criminal que convirtió a la frontera en un catálogo de ausencias.
Con informacion: MEDIOS/REDES/

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