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jueves, 26 de marzo de 2026

«QUE VIVAN los NOVIOS»: «EXHIBEN MATRIMONIANDOSE EX-FEDERAL EX-SECRETARIO de SEGURIDAD de SHEINBAUM con ORDEN de CAPTURA INTERNACIONAL» …aquí no hay misterio policiaco, hay complicidad de alta gama: o no lo buscan, o lo cuidan.


Una exalcaldesa de Morena se casó en Valle de Bravo con un prófugo de la justicia con ficha roja de Interpol, mientras el Estado mexicano miraba para otro lado.

El 5 de marzo, Valle de Bravo se convirtió en set de serie política: alfombra roja, copas, DJ, y, de protagonista, un señor con orden de aprehensión internacional bailando como si su mayor problema fuera pisarle el vestido a la novia.

La novia: Patricia Jimena Ortiz Couturier, exalcaldesa morenista de Magdalena Contreras, formada en la escuela del “no robo, no miento… pero sí escojo muy mal a mis parejas”.

El novio: Jesús Orta Martínez, exsecretario de Seguridad de Claudia Sheinbaum en 2018 y exjefe policiaco que terminó en la categoría “Se busca en todo el mundo”, acusado de delincuencia organizada y de ayudar a desviar más de 2 mil 500 millones de pesos cuando era alto mando en la Policía Federal.

Que dice Noroeste:

«Jesús Orta Martínez y Frida Martínez Zamora, ex secretarios generales de la Policía Federal son buscados en 194 países, después de que la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL, por sus siglas en inglés) emitió una ficha roja para su detención»….Noroeste/

Según la Fiscalía y la Interpol, este señor es tan peligroso y tan buscado que hasta le emitieron ficha roja para cazarlo en cualquier aeropuerto del planeta; según los videos de la boda, es tan intocable que se deja ver en uno de los destinos más fresas del Estado de México, partiendo pastel y abrazando invitados como si estuviera en su fiesta de jubilación.

Medio mundo político sabía del evento, circulaban reels, shorts y chismes en redes, pero, misteriosamente, ninguna patrulla logró perderse “casualmente” por las calles empedradas de Valle de Bravo.

Valle de Bravo no es el Triángulo de las Bermudas: no desaparecen personas, desaparece la vergüenza institucional.

Para el ciudadano de a pie, una orden de aprehensión significa cateos, retenes y miedo a cualquier sirena; para ciertos exfuncionarios, significa boda de lujo, brindis y playlist de reggaetón bajo la custodia invisible de la impunidad.

Así que aquí no hay misterio policiaco, hay complicidad de alta gama: o no lo buscan, o lo cuidan.

Porque casarse con bombo y platillo, teniendo encima una orden de captura y ficha roja, no es un acto de amor; es un acto de confianza absoluta en que el sistema que un día comandaste todavía te protege… aunque ahora juren que te andan persiguiendo por todo el mundo.

Con informacion: @Redes/ Medios

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