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jueves, 26 de marzo de 2026

«INFORME de INSIGHT CRIME de 2026 EXHIBE MEXICO como LABORATORIO al AIRE LIBRE con NARCOS DECIDIENDO quien VIVE,se DROGA y con que se MUERE»…el Estado solo sabe contar decomisos, no vidas salvadas.


La frontera norte de México, según el mas reciente informe de Insight Crime, no es “tránsito”: es un laboratorio al aire libre donde el Estado mira para otro lado mientras el narco decide quién vive, quién se droga y con qué se muere.

México, de “país de paso” a consumidor negado

El texto deja claro que el fentanilo ya se incrustó en los mercados locales de Tijuana, Mexicali, Nogales, Hermosillo y Ciudad Juárez, con crisis de sobredosis muy por encima de lo que el discurso oficial admite. Aun así, la clase política mexicana siguió años vendiendo el cuento de “solo somos ruta”, con López Obrador negando producción y consumo, y Sheinbaum aferrada al libreto de “yo decomiso, luego existo”.

Mientras el gobierno se aferra a encuestas con diseño anémico donde “0.2%” dice haber usado fentanilo alguna vez, los datos de tratamiento se disparan de 2 pacientes en 2016 a 919 en 2024, la mayoría en Baja California, Sonora y Chihuahua; es decir, justo donde la narrativa oficial prefiere no contar cadáveres.

Gobierna el narco, regula el narco, cobra el narco

El informe describe con precisión algo que el gobierno finge no entender: el mercado no lo manda “la demanda”, lo mandan las reglas criminales de barrio.

  • En Mexicali, Los Rusos montan un monopolio de libro de texto: dividen la ciudad, asignan conectas, estandarizan peso, sello y precio, y solo permiten fentanilo como adulterante de heroína negra; pastillas M30, prohibidas por decreto mafioso.
  • En Tijuana, Sinaloa (Chapitos y Mayiza), CJNG y el viejo CAF operan un oligopolio violento: cada grupo con su color de bolsita, sus colonias y sus sustancias; cruzar a comprar “del otro lado” te puede costar la vida, y 70% de los homicidios se atribuyen a la “gestión” del mercado local.
  • En Nogales y Hermosillo, la consigna es: trafica sí, envenena localmente solo a escondidas; el mercado es clandestino, reservado a redes cerradas de confianza, con desapariciones para quien rompa la regla.
  • En Ciudad Juárez, La Línea y compañía decretan prohibición casi total: la heroína manda, el fentanilo se tolera solo en lo oscuro y admitir que lo usas es casi firmar tu sentencia de muerte.

Traducción: en el norte de México, la “política de drogas” que funciona no es la de la Secretaría de Salud ni de Seguridad; es la regulación criminal, con policías haciendo de auxiliares, levantando usuarios, protegiendo conectas y dejando fuera del radar a las estructuras que realmente controlan la plaza.

Estado mexicano: campañas, decomisos y cero salud

El documento exhibe al Estado como eso que aparece en espectaculares con calaveritas azules y la palabra “fentanilo”, pero no donde están las jeringas, las sobredosis ni los muertos.

  • Methadone: COFEPRIS revienta al único productor nacional y con eso mata las clínicas en Hermosillo, Mexicali y Nogales; justo cuando el mercado se cambia de heroína a fentanilo, el gobierno decide cerrar la única puerta de tratamiento decente.
  • Buprenorfina: sí existe en la ley, pero no se puede recetar legalmente para tratar dependencia; México presume “reforma” mientras cancela en la práctica la farmacoterapia moderna.
  • Naloxona: clasificada como psicotrópico, reservada a hospital y médico; el Senado se toma años discutiendo su desclasificación mientras las organizaciones de reducción de daños la consiguen por debajo del agua vía donantes extranjeros.

En paralelo, Sheinbaum y Trump presumen desde 2025 que el tráfico “bajó a la mitad”, que trasladaron decenas de capos y decomisaron récord de pastillas, pero en las ciudades estudiadas los precios siguen estables, la dosis sigue disponible y los “shocks” de oferta apenas generan olas pasajeras de escasez.​

Los únicos que trabajan: las organizaciones de calle

El informe deja en ridículo al aparato sanitario mexicano y, de paso, a buena parte de la cooperación internacional: los que sostienen la línea son tres letras sin presupuesto: Verter, Prevencasa y Programa Compañeros, entre otros, que hacen el trabajo sucio que el Estado ni quiere ni sabe hacer.

Ellos detectan primero al fentanilo con tiras reactivas, atienden dos o tres sobredosis diarias, reparten jeringas, enseñan a reducir dosis y a no consumir solos, y mantienen viva a una población que el sistema formal solo ve como expediente penal o cifra incómoda. En ciudades sin estos grupos, el panorama es medieval: para “revertir” una sobredosis se golpea al usuario, se le quema la piel o se le inyecta agua con sal; ciencia de Secretaría de la Ignorancia.​

Todo esto, financiado por universidades y fundaciones extranjeras, mientras el Estado mexicano gasta en spots sobre “el veneno que destruye a los jóvenes” y se niega a entregar naloxona o a normalizar la reducción de daños.

Conclusión incómoda: el laboratorio norte

El gran mensaje del informe es que el norte de México ya ofrece, gratis, el manual de lo que pasa cuando:

  • El mercado lo ordenan facciones criminales fragmentadas.
  • La salud pública se limita a moralina y desabasto.
  • La inteligencia sobre fentanilo se queda atorada entre ministerios y fiscalías federales que desprecian lo que saben policías y paramédicos locales.

No hay “ola imparable” de fentanilo: hay corrientes distintas, algunas contenidas a golpe de miedo, otras consolidadas gracias a reglas criminales claras y a un Estado que solo sabe contar decomisos, no vidas salvadas.

Con informacion: INSIGHT CRIME/

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