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lunes, 20 de julio de 2026

"YA lo SACARON del BOTE: JUEZ LIBERA al CAPO CARAMUELA del CDG CONSUEGRO de DIPUTADA de MORENA de REYNOSA"...como ya se habia anticipado.


En Tamaulipas y México todo indica que los ciudadanos tienen muy mala suerte: el andamiaje de la justicia —la recién electa, sin legitimidad, con menos del 13% de participación— salió peor que el anterior y acaba de otorgarle la libertad a un ex capo del Cártel del Golfo de Reynosa, emparentado políticamente con Morena y con el aparato legislativo bajo el gobierno de Américo Villarreal.

Es, otra vez, el mismo y viejo guion de siempre, donde los jueces hacen de árbitros, prestidigitadores y, cuando se puede, de salvavidas para personajes ligados al crimen organizado

Y mientras el discurso oficial presume que la reforma judicial iba a limpiar la casa, el saldo luce más bien como una mudanza de la mugre: misma cocina, distintos cocineros, y el horno operando a toda marcha.

El caso del llamado “Goyo” Sauceda,ex-capo del Cartel del Golfo en Reynosa —también identificado como “El Caramuela”— vuelve a poner sobre la mesa ese deporte nacional de la impunidad con trámite exprés: un juez otorgando la libertad a un lugarteniente de Osiel Cardenas que se pensaba una pasar sus últimos das en prisión.

Y como el ambiente tambien político ademas de criminalmente organizado ,no podía quedarse corto, también resurgen los antecedentes donde Eva Reyes, flamante diputada de Morena bajo el Gobierno de Americo Villarreal, es la actual consuegra del capo, pues su hija esta emparentada con el junior del narcotraficante.

Lo verdaderamente preocupante es que todo esto ocurre en el contexto de una elección judicial vendida como la gran purga del Poder Judicial, pero que ya muestra señales de haber parido otro modelo de captura: jueces con beneficios políticos, resoluciones sospechosamente convenientes y una institucionalidad que promete independencia mientras camina con correa corta. 

La libertad anticipada del capo que ya habia sido anunciada en redes desde enero de este año,pone en grave predicamento la seguridad en Tamaulipas por múltiples motivos. 

Uno de ellos es la punible colusión del actual fiscal estatal, Jesús Eduardo Govea,quien cuenta con antecedentes penales,ya que estuvo siete meses detenido en el mismo reclusorio federal del que acaba de salir el “Caramuela”, por servir al mismo capo,Osiel Cárdenas Guillén.

La libertad al peligroso criminal,con fuertes conexiones con la politica y el crimen organizado y con un andamiaje de gatilleros activos que ya en demostrado su eficacia, no es el preludio de nada bueno.

En resumen: la presidenta Sheinbaum nos dijo que venía la transformación, y lo que llegó fue una versión 2.0 del mismo vicio, con más maquillaje, mejor narrativa y menos pudor. Traducido: estamos jodidos, otra vez.

Con información: ELNORTE/ @Redes/

«APUNTAN EXTORSIÓN PAGADA con la VIDA al ESTILO TAMAULIPAS: 5 EMPRESARIOS y EXALCALDE entre EJECUTADOS de ZACATECAS»… pero ya no se preocupen, ya mandaron 400 soldados más.


En Zacatecas la “estrategia de pacificación” funciona con una precisión casi quirúrgica… si el objetivo fuera normalizar la barbarie. Porque mientras el discurso oficial insiste en mesas, coordinaciones y despliegues militares, en el terreno hay otra autoridad: la que decide quién paga “impuestos” con dinero… y quién los paga con la vida.

El sábado dejó una escena digna de un país en guerra no declarada: diez personas secuestradas, ejecutadas y repartidas como mensaje en Pánuco, Morelos y Saín Alto. No eran anónimos ni daños colaterales. Eran empresarios de la minería y la construcción —sectores donde el crimen organizado no solo infiltra, sino administra—, un ex alcalde, funcionarios municipales, un político y un ganadero. Es decir, perfiles que retratan mejor que cualquier informe oficial quién manda realmente en ciertas regiones: el que cobra, regula y castiga.

Entre los muertos está Ignacio Castrejón Valdez, ex alcalde de Sombrerete y empresario minero. También figuran varios nombres ligados a cadenas productivas que, casualmente, suelen ser “gravadas” por grupos criminales con tarifas más eficientes que las del SAT. La lista la completan servidores públicos y actores locales que, en otro contexto, serían parte del engranaje institucional; en este, apenas piezas sustituibles en un tablero controlado por otros.

¿Responsables? Ninguno detenido, por supuesto. La Fiscalía promete investigaciones, inteligencia y coordinación. Traducción: tiempo. El mismo que se acumula entre masacres mientras los expedientes engordan y la impunidad se mantiene esbelta.

Los cuerpos aparecieron colgados de puentes y abandonados en caminos, porque en Zacatecas la violencia no solo mata: comunica. Es pedagogía criminal en espacio público. Un recordatorio de jurisdicción real para quien todavía crea que el Estado conserva el monopolio de la fuerza.

Y como marca el protocolo de cada tragedia, llegó el refuerzo: más de 400 elementos federales para “coadyuvar” en la seguridad. Un déjà vu con uniforme. Soldados por doquier para custodiar un territorio donde los criminales ya definieron reglas, tarifas y castigos. La pregunta no es cuántos efectivos llegan, sino a quién responden los hechos.

Porque mientras la narrativa oficial habla de coordinación, en Zacatecas la soberanía se disputa cadáver a cadáver.

CON INFORMACION: ELNORTE

«HOY SENTENCIAN al MAYO: JUEZ le IMPONDRÁ CADENA PERPETUA al CAPO que LUBRICÓ con SOBORNOS y por 45 AÑOS, MILITARES, POLICÍAS y POLÍTICOS»… es decir, al verdadero sistema nervioso del Estado mexicano.


México llevaba décadas persiguiendo a un fantasma que, con disciplina casi burocrática, siempre supo dónde no estar. Ismael Zambada García, “El Mayo”, 76 años, no es tanto un rostro como una omisión: el país apenas puede dibujarlo, literalmente. Su cara más reciente no proviene de una captura heroica ni de un operativo impecable, sino de un boceto judicial en Nueva York. Un retrato a lápiz para un hombre que movió toneladas de droga con la nitidez de una cadena logística corporativa y la opacidad de un expediente clasificado.

El contraste es grotesco. Mientras Joaquín “El Chapo” Guzmán convirtió el narco en espectáculo —túneles cinematográficos, entrevistas con celebridades, fugas de catálogo—, El Mayo eligió el método más eficaz en México: desaparecer a plena luz del día. Sin aspavientos, sin biografías autorizadas, sin selfies. Solo negocios. Negocios que, según la fiscalía estadounidense, incluyeron envíos masivos de cocaína, heroína y fentanilo, una red de transporte digna de multinacional y, por supuesto, el lubricante esencial del sistema: sobornos “de millones de dólares al año” a policías, militares y políticos. Es decir, el verdadero sistema nervioso del Estado.

Porque conviene decirlo sin eufemismos: el cártel de Sinaloa no fue solo una organización criminal, fue una alianza público-privada no registrada. Funcionarios y policias que cobraban, militares que protegían, políticos que miraban hacia otro lado —o hacia sus cuentas—. 

La acusación estadounidense lo dice con sequedad quirúrgica: la corrupción “en todos los niveles” no era un accidente, era el modelo operativo. La pregunta incómoda no es si ocurrió, sino quiénes cobraron y siguen cobrando. Y esa, convenientemente, sigue tachada en los documentos.

El mito del capo autosuficiente se desmorona rápido. Ningún imperio criminal de esa escala sobrevive décadas sin complicidades institucionales. El Mayo no era invisible por talento sobrenatural, sino por diseño sistémico. Mientras el discurso oficial hablaba de “golpes al narco”, el negocio seguía fluyendo con puntualidad casi aduanera. Trenes, túneles, vuelos nocturnos: innovación logística financiada por sangre y facilitada por credenciales oficiales.

Luego está el episodio que parece escrito por un guionista con resaca: su llegada a Estados Unidos. ¿Secuestro? ¿Entrega pactada? ¿Operación encubierta? El propio Zambada dice que fue engañado para acudir a una reunión donde supuestamente estaría el entonces gobernador de Sinaloa. El gobernador lo niega, Estados Unidos insinúa, México exige pruebas, el FBI presume trofeos en museos. Cada actor ofrece una versión que, curiosamente, nunca termina de cerrar. En cualquier otro país, un caso así detonaría una crisis institucional de alto calibre. En México, apenas suma otro capítulo al archivo de lo inverosímil cotidiano.

Mientras tanto, el costo real se mide en cadáveres. La captura del hombre invisible no trajo paz, sino una guerra interna entre herederos del negocio: Los Chapitos contra Los Mayos. Miles de muertos después, el Estado responde con más soldados, como si el problema fuera de volumen y no de estructura. Catorce mil militares desplegados no desmantelan una red que lleva décadas incrustada en las propias instituciones que deberían combatirla.

Y ahí está el punto que incomoda: la caída de un capo no es la caída del sistema que lo produjo. El propio Mayo lo dijo sin pretensión filosófica: siempre hay reemplazos. Porque el narco en México no es una anomalía, es una industria. Y como toda industria, tiene cadena de suministro, protección regulatoria de facto y renovación de personal.

La condena a cadena perpetua en Estados Unidos cierra una biografía criminal, pero deja intacta la arquitectura que la hizo posible. En México no hay grandes juicios que diseccionen redes completas, que documenten quién ordenó, quién cobró, quién facilitó. No hay relato penal integral, solo fragmentos, capturas aisladas y silencios estratégicos.

Así que el país se queda con un dibujo: un anciano de barba blanca en uniforme de presidiario. Un boceto limpio para una historia sucia. Y detrás del papel, fuera de cuadro, siguen operando los mismos engranajes: políticos que niegan, militares que ejecutan órdenes selectivas, policías que cobran doble. El Mayo, al final, no era el misterio. El misterio es por qué todo esto sigue funcionando exactamente como debe.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/SILVIA BLANCO

domingo, 19 de julio de 2026

“BREITBART EXHIBE el PUERCO de POLICÍA MORENO‑NARCO MICHOACANO en OPERATIVO A FAVOR del CRIMEN”… ahí donde MILITARES no cantan mal las rancheras.


Lo que exhibe la información de Breitbart ,no es un escándalo nuevo: es la bitácora de servicio de otro narcoestado mas en modo rutina,gobernado por criminales que gobiernan a Morena.

El “operativo” al servicio del patrón

Según el propio reporte, dos altos mandos de la Policía Estatal de Michoacán —Marco Tulio Vértiz Rodríguez y Romualdo Albiter Rebollar— estarían haciendo operativos no para el Estado, sino para “Cárteles Unidos” y los Caballeros Templarios, como si fueran el turno C de la corporación.

Las fotos que obtuvo la fundación de Breitbart muestran a los agentes cateando casas supuestamente de rivales, mientras el jefe real sería un tal Carmelo Álvarez Espinoza, operador del cártel. Es decir: la policía como brazo inmobiliario del crimen, despejando zonas para que el patrón recupere territorio.

Uno de los operativos se realizó en zona rural cerca de Apatzingán, donde los estatales llegan, revisan la vivienda y “buscan personas”, todo bajo narrativa de combate al crimen, pero con objetivos dictados por un grupo criminal contra otros. Es la clásica coreografía michoacana: comunicado oficial de “trabajos de inteligencia” arriba, coordinación con el cártel abajo.

Las mantas, el único “órgano interno de control”

La reacción no vino de Asuntos Internos, ni de la Fiscalía, ni del Congreso local: vino en forma de mantas colgadas en Apatzingán, señalando con nombre y apellido a los dos comandantes por trabajar con el crimen organizado. Los mensajes van dirigidos al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, pidiéndole que haga algo, como si el problema fuera que “no se ha enterado”.

Las lonas acusan que estos mandos usan a la policía estatal para sacar a grupos rivales y “recuperar” las plazas que antes dominaban los Caballeros Templarios. Traducido: el gobierno administra cambios de concesión territorial, mientras la ciudadanía ve pasar patrullas cuyos verdaderos jefes no aparecen en el organigrama, pero sí en las narcomantas.

El Abuelo y el gobierno que “no lo encuentra”

Todo esto ocurre días después de que la misma organización publicara la dirección de José Luis “El Abuelo” Farías, líder del Cártel de Tepalcatepec, con recompensa vigente del gobierno de Estados Unidos. El detalle incómodo: según el texto, el hombre desayuna en el mismo restaurante cada mañana en su pueblo, es figura pública local, pero para las autoridades mexicanas sigue siendo un Pokémon legendario: todos hablan de él, nadie lo ve.

Que se filtre la dirección de un capo con recompensa internacional y ni así lo detengan solo subraya la hipocresía institucional: hay inteligencia para armar operativos contra rivales de los aliados, pero una ceguera súbita cuando se trata de tocar a los intocables de casa. Es la geografía selectiva de la ley: el GPS funciona perfecto para llegar a la casa del enemigo del cártel amigo, pero misteriosamente falla con el domicilio del jefe real.

El gobernador y la familia “incómoda”

El texto recuerda que Ramírez Bedolla tiene vínculos familiares con dos jefes de cártel michoacanos presos en Estados Unidos, dato que Breitbart ya había documentado antes. En cualquier democracia mínimamente seria, eso bastaría para obligar a un gobernador a explicaciones exhaustivas, comparecencias y quizá renuncia; en Michoacán apenas alcanza para alimentar el murmullo de que todos sirven a alguien, pero nadie sirve al Estado.

La nota también subraya lo obvio: Michoacán sigue siendo foco de violencia con organizaciones criminales operando con impunidad, pese al discurso federal de que “el país es seguro”. El contraste es casi parodia: mientras en la mañanera se habla de paz, en el terreno la policía estatal entra de avanzada para facilitar ajustes de cuentas entre grupos etiquetados ya como “terroristas”.

La moral tercerizada al “periodismo ciudadano”

Un último detalle: el propio artículo explica que Breitbart envió gente a Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León para reclutar “ciudadanos periodistas” dispuestos a arriesgar la vida para exhibir a los cárteles. En México, la seguridad pública está tan desfondada que la cadena de mando real es: cártel manda, policía ejecuta, ciudadano filtra y medio extranjero publica.

Con información: Breitbart/

"TEMPORADA de LODO: la CARA NARCA de MORENA la PRESIDENTA no se la tumba, pero YA le puso la suya de HUACHICOLERO al PAN... la única diferencia entre ambos es solo el nivel de sinvergüenzas."


La columna periodística de Ignacio Zavala para El País no describe un hecho: dramatiza el punto de quiebre en el que la política mexicana pasó de la simulación al garrotazo con expediente judicial en mano. Y lo hace con una tesis bastante clara, aunque envuelta en ironía: Sheinbaum ya no juega a administrar el desastre heredado, sino a redistribuir el costo político… con nombre, apellido y orden de aprehensión

El arranque con la frase de López Obrador no es casual. Zavala la usa como contraste: si AMLO era “moderado”, entonces lo de Sheinbaum ya no es retórica mañanera sino acción punitiva con efectos reales. Traducción menos elegante: se acabó el discurso de plaza pública, empieza la política con consecuencias penales. O, si se quiere, el obradorismo deja el micrófono y toma el expediente.

Luego viene el movimiento central: la detención de Ruffo. Zavala la presenta como un golpe quirúrgico pero también como jugada narrativa. Morena traía colgada la etiqueta de “narco-política” —Rocha Moya, Marina del Pilar— y de pronto aparece un “huachicolero” del otro lado. Casualidad, dice Zavala sin decirlo. Una coincidencia tan oportuna que parece estrategia.

Aquí el sarcasmo se afila: la presidenta exige pruebas a Estados Unidos cuando se trata de los suyos, pero no duda en exhibirlas —o al menos afirmarlas— cuando el acusado es opositor. No acusa sin pruebas, pero tampoco pierde tiempo en demostrar que las tiene cuando conviene políticamente. La vara es la misma… pero la mano que la sostiene decide cuándo medir, cuando mentir y cuanto.

Zavala no exonera a Ruffo; tampoco le interesa demasiado su culpabilidad. Lo que subraya es el símbolo: el primer gobernador opositor en la historia democrática termina en la cárcel bajo un gobierno de Morena. Eso, en términos narrativos, es dinamita. No importa si es justicia o timing político: el mensaje ya está enviado.

Y ese mensaje tiene doble destinatario. Hacia afuera: la oposición ya no solo pierde elecciones, también puede perder la libertad. Hacia adentro: si ya cayó uno “del otro lado”, nadie en casa debería sentirse intocable. Zavala sugiere algo incómodo para Morena: este tipo de golpes también sirven para disciplinar a los propios. El garrote no distingue tanto como el discurso presume.

Donde la columna se vuelve más punzante es en la idea de la “cortina de humo”. Zavala dice, básicamente: si esto pretende tapar los escándalos de Morena, no lo va a lograr, porque esos casos ya están internacionalizados, particularmente en Estados Unidos. Es decir, el incendio no se apaga moviendo la cámara; solo cambias el ángulo mientras el fuego sigue.

El cierre es casi cínico: la política entra en una fase de lodo abierto. Ya no hay pudor ni simulación de altura institucional. Hay ofensiva, hay expedientes, hay timing político y hay un mensaje implícito: quien no entienda las nuevas reglas, puede acabar entendiéndolas desde una celda.

En resumen, Zavala pinta a Sheinbaum como alguien que decidió dejar de administrar costos y empezó a repartirlos con precisión quirúrgica… o con oportunismo quirúrgico, dependiendo del lector. Y sugiere, sin decirlo de frente, que en México la justicia puede ser muchas cosas, pero rara vez es políticamente inocente.

Con información: IGNACIO ZAVALA/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

SE «ENTERARON»?: CONFIRMAN ARRASTRADA del TRUKO a PANdilla de CABEZA de VACA y les ENTREGAN CONSTANCIA de la MASACRE ALBICELESTE»….la tragedia no fue la derrota, fue lo predecible.


En Tamaulipas, la llamada “PANdilla” —esa cofradía que operaba bajo la sombra alargada del hoy prófugo federal por delincuencia organizada , Francisco «Pancho» García Cabeza de Vaca— terminó exactamente donde muchos anticipaban: tragando polvo, reclamando fraude y buscando, como siempre, la puerta trasera de la impugnación contra su rival mas fuerte, el excandidato a la gubernatura de Tamaulipas en 2016,que con esta jugada ganada, casi se inscribe formalmente en la próxima contienda en 2028.

Porque cuando no se gana en las urnas, siempre queda el consuelo del berrinche jurídico.

En Tamaulipas, la llamada “PANdilla” —esa cofradía que operaba bajo la sombra alargada del hoy prófugo federal por delincuencia organizada , Francisco «Pancho» García Cabeza de Vaca— terminó exactamente donde muchos anticipaban: tragando polvo, reclamando fraude y buscando, como siempre, la puerta trasera de la impugnación contra su rival mas fuerte, el excandidato a la gubernatura de Tamaulipas en 2016,que con esta jugada ganada, casi se inscribe formalmente en la próxima contienda en 2028.

Porque cuando no se gana en las urnas, siempre queda el consuelo del berrinche jurídico.

En Tamaulipas, la llamada “PANdilla” —esa cofradía que operaba bajo la sombra alargada del hoy prófugo federal por delincuencia organizada , Francisco «Pancho» García Cabeza de Vaca— terminó exactamente donde muchos anticipaban: tragando polvo, reclamando fraude y buscando, como siempre, la puerta trasera de la impugnación contra su rival mas fuerte, el excandidato a la gubernatura de Tamaulipas en 2016,que con esta jugada ganada, casi se inscribe formalmente en la próxima contienda en 2028.

Porque cuando no se gana en las urnas, siempre queda el consuelo del berrinche jurídico.

El resultado del domingo no dejó espacio para interpretaciones creativas: la estructura que durante años se vendió como invencible fue arrastrada sin demasiada ceremonia. El famoso “Truko” Verástegui —ese operador que algunos daban por amortizado— terminó no solo respirando, sino administrando los restos del naufragio. Y con él, su planilla, que hoy ya no pide permiso: tiene las llaves.

La cereza del pastel la pone Gloria Garza, ahora dirigente estatal del PAN. Primera mujer en presidir el partido en Tamaulipas, sí, pero también heredera de un campo minado que otros dinamitaron con singular entusiasmo. Su constancia de mayoría no solo certifica una victoria; también sella el acta de defunción de un grupo que confundió control con permanencia.

Del otro lado, los derrotados hacen lo que mejor saben:impugnar, patalear y repetir que “esto no se acaba hasta que se acaba”. Traducción: el manual de siempre, edición desesperación.

Pero hay algo que ni los recursos legales ni la nostalgia por el poder pueden revertir: el panismo tamaulipeco cambió de manos. Y no fue un relevo terso ni elegante; fue una sacudida con nombre y apellido.

Hoy, el tablero ya no lo mueven los de antes. Y eso, más que la derrota misma, es lo que realmente duele.

Porque perder una elección es una cosa. Perder el control… eso sí deja cicatriz.

Con información: ELUNIVERSAL/