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domingo, 23 de septiembre de 2018

"DRAGONFLY": GOOGLE CREO en CHINA "MOTOR de BUSQUEDA" que "BALCONEA" el NUMERO CELULAR del USUARIO...pa'que a la represalia no la hagan esperar.

GOOGLE CREÓ UN prototipo de un motor de búsqueda censurado para China que vincula las búsquedas de los usuarios con sus números de teléfono personales , lo que facilita que el gobierno chino pueda monitorear las consultas de las personas, pudo revelar The Intercept.
El motor de búsqueda , cuyo nombre en código es Dragonfly, fue diseñado para dispositivos Android y eliminaría contenido considerado delicado por el régimen del Partido Comunista de China, como información sobre disidentes políticos, libertad de expresión, democracia, derechos humanos y protestas pacíficas.
Detalles previamente no revelados sobre el plan, obtenidos por The Intercept el viernes, muestran que Google compiló una lista negra de censura que incluía términos como "derechos humanos", "protesta estudiantil" y "Premio Nobel" en mandarín.
Los principales grupos de derechos humanos han criticado a Dragonfly, diciendo que podría resultar en que la compañía "contribuya directamente o sea cómplice de las violaciones de los derechos humanos". Una preocupación central expresada por los grupos es que, más allá de la censura, los datos del usuario almacenados por Google en la parte continental de China podría ser accesible a las autoridades chinas, que rutinariamente se dirigen a activistas políticos y periodistas.
Fuentes familiarizadas con el proyecto dijeron que los prototipos del motor de búsqueda vinculaban la aplicación de búsqueda en el teléfono inteligente Android de un usuario con su número de teléfono. Esto significa que las búsquedas individuales de las personas pueden rastrearse fácilmente, y cualquier usuario que busque información prohibida por el gobierno podría estar en riesgo de ser interrogado o detenido si las agencias de seguridad obtuvieran los registros de búsqueda de Google.
"Esto es muy problemático desde el punto de vista de la privacidad, ya que permitiría un seguimiento y un perfil mucho más detallados del comportamiento de las personas", dijo Cynthia Wong, investigadora senior de internet de Human Rights Watch. "Vincular las búsquedas a un número de teléfono dificultaría mucho más que la gente evite el tipo de vigilancia gubernamental excesiva que es generalizada en China".

El motor de búsqueda sería operado como parte de una asociación de "joint venture" con una empresa con sede en China continental, según fuentes cercanas al proyecto . Las personas que trabajan para la empresa conjunta tendrían la capacidad de actualizar las listas negras del término de búsqueda, dijeron las fuentes, lo que plantea nuevas preguntas sobre si los ejecutivos de Google en EE. UU. Podrían mantener el control y la supervisión efectivos de la censura.
Fuentes familiarizadas con Dragonfly dijeron que la plataforma de búsqueda también parecía haber sido diseñada para reemplazar los datos meteorológicos y de contaminación del aire con información proporcionada directamente por una fuente no identificada en Beijing . El gobierno chino tiene un historial de manipulación de detalles sobre la contaminación en las ciudades del país. Una fuente de Google dijo que la compañía había construido un sistema, integrado como parte de Dragonfly, que estaba "esencialmente codificado para forzar sus datos [provistos por China]". La fuente expresó su preocupación de que el sistema de búsqueda Dragonfly proporcionaría datos falsos de contaminación que se minimizaban. la cantidad de toxinas en el aire.
Google hasta ahora se ha negado a abordar públicamente las preocupaciones sobre los planes de censura de China y no respondió a una solicitud de comentarios sobre esta historia. En las seis semanas transcurridas desde que se revelaron los primeros detalles sobre Dragonfly, la compañía se negó a involucrarse con grupos de derechos humanos, ignoró docenas de preguntas de los periodistas y rechazó a los senadores estadounidenses.
La presión sobre Google ha seguido intensificándose . El jueves , 16 legisladores estadounidenses escribieron al CEO de Google, Sundar Pichai, expresando "serias preocupaciones" sobre Dragonfly y exigiendo información sobre los planes de la compañía en China. Mientras tanto, Jack Poulson, un ex científico de investigación de Google, le dijo a The Intercept que él era uno de los cerca de cinco empleados que renunciaron a la compañía debido a Dragonfly.
" Veo nuestra intención de capitular a las demandas de censura y vigilancia a cambio del acceso al mercado chino como una pérdida de nuestros valores y posición de negociación gubernamental en todo el mundo", dijo Poulson a los jefes de Google en su carta de renuncia.
Autor.-Ryan Gallagher/(English Link)

"SEGURO de MUERTE": LAS "HUMILDES TUMBAS" que CAPOS COMPRAN a SICARIOS por "ADELANTADO"...hasta en la muerte hay diferencias de clases



Antes de ser detenido en Holanda, en 2014, José Rodrigo Aréchiga Gamboa, alias "El Chino Ántrax", líder de la célula del Cártel de Sinaloa llamada "Los Ántrax", había pactado en el popular cementerio Jardines del Humaya, en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, la compra de 40 lotes sencillos para garantizar que sus pistoleros tuvieran un lugar donde ser sepultados en caso de morir en algún tiroteo. (video)


Fue arrestado sin finiquitar la compra, pero así como él, cuando se avecinan los "días de combate", los líderes de los distintas células del Cártel de Sinaloa o de otros grupos delictivos con arraigo en el estado se anticipan a la muerte de su gente y compran docenas de lotes para que sean enterrados.

Quienes estudian la narco cultura aseguran que lo hacen porque es la única "prestación" o seguro que le pueden dar a su gente y porque saben que, al morir, sus familias generalmente quedan sin posibilidades económicas de pagar un sepelio.

Algunas tumbas duran años abandonadas

Según trabajadores del cementerio, los terrenos se venden generalmente en bloques de tres, los espacios de cada uno son de 1,10 por 2,25 metros, aproximadamente, la medida exacta para un ataúd. Sus precios están entre 30.000 y 50.000 pesos (USD 1.593 a 2.656).

"Ya hay como 100 vendidos, tenemos que seguir abriendo huecos todavía más para allá", comenta un albañil señalando hacia una zona despoblada que rodea al famoso cementerio.

"Hay muchos que duran años solos, ahí nada más el hoyo, pero luego se empiezan a llenar y luego ya no entierran a nadie y después otra vez se empiezan a llenar o se piden más", explicó.

Juan Carlos Ayala, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) explicó que fue a partir de 2008, cuando el Cártel de los Beltrán Leyva se separó del de Sinaloa, que se empezaron a comprar lotes por adelantado en espera de que el enfrentamiento entre los dos grupos dejara un número importante de muertos.

El Mele, uno de los sicarios más famosos que se encuentra enterrado en Jardines del Humaya.

Algunas de las tumbas no tienen nombre, sólo están cubiertas por una plancha de cemento, pero las que sí tienen información son principalmente de jóvenes menores de 30 años y muertos a partir de 2010.

Entre los sicarios famosos que están enterrados aquí se encuentra Melesio Beltrán Medina "El Mele", asesinado en 2014, que era uno de los brazos operativos del Ismael "El Mayo" Zambada.

¿Por qué es importante la última morada? 

"Los sicarios son familia del cártel. La muerte y pronto es lo más seguro. Lo único que les pueden garantizar es que su cuerpo no va a desaparecer o va a quedar sin reconocer como pasa en las fosas clandestinas. Por eso, inmediatamente después de un enfrentamiento lo primero que hacen es tratar de recuperar los cuerpos", dijo a InfobaeAinhoa Vázquez, profesora de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Un ejemplo del compromiso de los capos con su gente se vivió en 2015 cuando en medio de la persecución de la que era objeto, Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera envío una corona monumental de flores a la tumba de Ricardo Adrián Arellano Noriega, "el Perrillo", que había sido su chofer, después de haber sido asesinado a tiros por dos hombres.

El arreglo de rosas rojas contrastaba con la sencillez de la tumba en la que fue enterrado el hombre, que tenía 25 años.

La tumba puede mejorarse si la familia tiene los recursos

Pero su caso no es el único. Las sencillas tumbas de los empleados del narco contrastan con los impresionantes mausoleos de sus jefes construidas como materiales como mármol, cantera, clima artificial, cámaras de seguridad y en algunos casos hasta cristales blindados.

Algunos mausoleos, como el de la esposa e hijos de Héctor "El Güero" Palma, viejo aliado de "El Chapo", tienen un valor aproximado al medio millón de dólares.

Para los sicarios sólo hay una tumba de cemento, que si su familia tiene los recursos pone una cruz con su nombre o la adorna con pasto artificial, flores o cubre con algún otro material. La mayoría tiene fotografías de quienes ahí descansan, ya sea en lonas de plástico, en fotocopias o imágenes pegadas.

Pero también, según los académicos, aún en la muerte se deben respetar los rangos. Por eso, nunca un sicario tendrá una tumba mejor o similar a la de sus jefes, así haya hecho una gran fortuna.



Quienes ocupan estos pequeños espacios son en su mayoría jóvenes menores de 30 años.

Ante la pregunta de si no sería menos costoso y más discreto cremar los cuerpos y depositarlos en nichos, la académica de la UNAM responde que la idea que los narcotraficantes tienen de la muerte está muy ligada a la religión católica y en la creencia de la resurrección.

"Los jefes de los cárteles se preocupan porque es parte de lo que prometen cuando te alienas al cártel. Te prometen que no solo se van a preocupar por ti mientras vivas sino también de tu muerte. Están muy ligados a la religión católica, y los cuerpos no se creman porque esperan la resurrección", explicó.

El célebre cementerio fue construido en 1966 y se ha hecho famoso a nivel internacional por sus extravagantes mausoleos en los que están enterrados narcotraficantes de distintos cárteles.


El contraste: los grandes y lujosos mausoleos de algunos capos.

Aquí yacen los restos de capos legendarios como Arturo Beltrán Leyva, "el Barbas"; Ignacio "Nacho" Coronel y la esposa e hijos de Héctor "el Güero" Palma.

En este cementerio fue enterrado también Manuel J. Couthier, ex candidato presidencial por el derechista Partido Acción Nacional, en 1988, quien murió el 1 de octubre de 1989 en un accidente de auto.

Fuente.-

...y QUIEN es el "NUEVO AMOR" de ELBA ESTHER GORDILLO,EMPARENTADO con la MAESTRA y la POLITICA...sumado al proyecto de Lopez Obrador.

Tiene 33 años, originario de Chilapa, Guerrero, y es abogado penalista por la Universidad La Salle. También es mencionado ahora como pareja sentimental de la ex lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo Morales, a quien conoció durante el proceso de defensa de la llamada "maestra".
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Se llama Luis Antonio Lagunas, aunque en sus redes sociales sólo aparece como Luis Lagunas. En la pasada elección federal compitió por un puesto de elección popular representando a la Coalición Juntos Haremos Historia integrada por MorenaEncuentro Social y el Partido del Trabajo, pero perdió.
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En su muro de Facebook posteó una dedicatoria de agradecimiento a quienes lo apoyaron en su malograda campaña política, donde también da cuenta de su trabajo de base como integrante de las llamadas Redes Sociales progresistas, creadas por el yerno de la maestra Gordillo, Fernando González Sánchez, en apoyo al proyecto alternativo de Andrés Manuel López Obrador.
También en redes sociales, Luis Lagunas ha dejado huella de su trabajo político con fotografías en las que resalta su cercanía con integrantes o simpatizantes de Morena como el propio Andrés Manuel López Obrador, Cuauhtémoc Blanco y Sergio Mayer.

Lagunas también compartió una fotografía donde aparece junto a Fernando González Sánchez y René Fujiwara Montelongo, nieto de Gordillo Morales.En la misma red compartió imágenes en mítines propios o de otros candidatos; así como de ocasiones especiales como el cierre de campaña de Morena y Andrés Manuel López Obrador en el Estadio Azteca o en el hotel capitalino donde se difundió el primer mensaje triunfal del ahora presidente electo.
Fuente.-

BALCONEAN a la "PROFE GORDILLO", se CASO en la CARCEL con SU ABOGADO...estaba "embarcada" y se volvió a "embarcar".

Gordillo fue privada de su libertad el 26 de febrero de 2013, cuando iniciaba su cargo de Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto.

La ex lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, habría contraído matrimonio con su abogado, Luis Antonio Lagunas, según información difundida por Fernanda Familiaren Twitter. 
Gordillo fue privada de su libertad el 26 de febrero de 2013, cuando iniciaba su cargo de Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, sin embargo, fue absuelta de los cargos de avado de dinero, desvío de recursos públicos y delincuencia organizada el 8 de agosto del presente año. 
Según información de la periodista Fernanda Familiar, Elba Esther se habría casado desde hace un año con su representante legal, Luis Antonio Lagunas, mientras se encontraba en prisión cuando cumplía su condena por corrupción.

La información no ha sido confirmada ni por la maestra, ni su abogado, aunque el 23 de diciembre de 2016, el periodista Raymundo Riva Palacio publicó a través de un diario nacional que Lagunas habría presentado una solicitud de matrimonio en el Registro Civil de la Ciudad de México, para levar a cabo una boda en Cuajimalpa.

Fuente.-



"MATAR o MORIR" en la CDMX al RITMO de la MUERTE...y 8 de cada 10 crimenes no se resuelven.



Más de 5.000 personas han sido asesinadas en Ciudad de México entre 2013 y lo que va del año, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP). Al ritmo de una muerte violenta cada ocho horas. Tres asesinatos por día. 

Como Paola, Martín o Jerzy. Como el caso que llena de morbo las portadas de los periódicos de nota roja . Como el cuerpo cubierto por la “sábana negra” y que no saldrá esta tarde en las noticias. Como lo que empezó en una riña y acabó archivado en el cajón de una fiscalía. Así hasta llegar a un aumento del 40% en los homicidios de los últimos seis años, como documenta México Evalúa.

En el estudio 5,013 homicidios en la CDMX. Análisis espacial para la reducción de la violencia letal, al que ha tenido acceso EL PAÍS como parte de una colaboración con varios medios, la organización analizó casos de violencia letal desde 2009 hasta 2016, y geolocaliza calle por calle dónde se mata en la capital del país. La geografía del crimen en la mayoría de los casos tiene relación con desorganización social, el hacinamiento y grado educativo de los lugares con más homicidios.

Las probabilidades de que un crimen se denuncie y se esclarezca en la capital mexicana son menores al 1% y ocho de cada 10 homicidios no se resuelven, de acuerdo a la organización Impunidad Cero. No hay respuestas rápidas ni atajos para salir de la crisis. Mientras Ciudad de México se mira en el espejo del momento más sangriento de su historia reciente, aparece el reflejo del crimen organizado, del fracaso de las políticas de seguridad y del sistema de justicia, pero también de las carencias sociales, la falta de oportunidades y los estigmas. También hay destellos permanentes de corrupción e impunidad.

La suma de los factores es una espiral de violencia cada vez más normalizada en todo el país. Hay hasta agosto de este año otros ocho Estados con más asesinatos que la capital y otros 22 tienen más homicidios dolosos por cada 100.000 habitantes, según datos del SNSP.

EL DOLOR DE LOS QUE BUSCAN JUSTICIA

¿Sabes qué fue lo que me impactó?

Se pregunta aún Leticia Ponce, la madre de Jerzy Ortiz. Después, guarda silencio. Era junio de 2013. Su hijo y otros 12 jóvenes de entre 16 y 34 años habían sido secuestrados hacía tres meses en la discoteca Heavens, en pleno eje financiero de la capital. La madre de otra de las víctimas le dijo que los habían encontrado, que comprara el periódico. “Veo el encabezado: ‘Descuartizados’ y abajo la foto de mi hijo Jerzy en primera plana, no se tientan el corazón, no saben lo que lastiman a la gente”. Se le quiebra la voz. Hay todavía mucho dolor y muchas dudas: “Mañana puedes ser tú, puede ser cualquiera. Por la inseguridad, por todo lo que está arrastrando esto”.

- Veo puros huesos, pedazos. Me dijeron: “Esto es su hijo”.

Los jóvenes fueron vapuleados por los medios, criminalizados como narcomenudistas, pero nunca lo comprobaron. Les llamaban “tepiteños” de forma despectiva, porque la mayoría eran del barrio bravo más famoso de la capital de México. Era un silogismo perverso, como si se merecieran haber sido desaparecidos, torturados y asesinados por el barrio en el que vivían, porque eran de Tepito. Pero no los mataron ahí. “La inseguridad la tenemos en todo el país… no nada más en Tepito, en todos lados te roban, en todos lados te secuestran”, dice Ponce, de 53 años, sobre el estigma y las etiquetas de todos los días, mientras el bullicio se cuela en uno de los negocios de su familia, en el corazón del barrio.

- ¿Cómo lo aceptó?
- Lo tenía que aceptar, si no iban a decir que estaba loca (…) Quien ha perdido un hijo,
¿cómo va a aceptarlo? No lo vas a aceptar en tu vida, hasta que te mueras.

Han pasado cinco años, hay 26 detenidos, pero aún no se sabe por qué se los llevaron y los asesinaron. Tres palabras salen en la conversación. “¿Verdad? Hay miles de preguntas en el aire, las autoridades te hacen un cuento como ellos quieren y más en México”, reclama Ponce: “¿Justicia? No hay justicia, tenemos gente en el reclusorio, ¿y?”. Por último, memoria: “¿Cuándo han dignificado a mi hijo, cuándo han dicho nos equivocamos? Porque era un niño, un niño de 16 años”.

Hasta ese año, la capital había vivido en su propia burbuja, ajena al terror, en “otro país” sin asesinatos a traición, balaceras ni grandes decomisos. Ciudad de México seguía su propia dinámica delictiva, sobre todo porque los criminales enfrentaban una presencia del Estado mucho más potente y su capacidad de realizar actos de impunidad cínica era menor”, explica el analista en seguridad Alejandro Hope.

Pero el auge de la violencia ya no se explica por la explosión de los enfrentamientos en dos o tres puntos del país, señala Lisa Sánchez, directora de México Unido contra la Delincuencia. “Esta vez es diferente, el cierre de 2017 apuntó a un alza generalizada y en todo el país, preocupante en sí misma”, comenta Sánchez. Hay inercias nacionales y locales. “El modelo de seguridad pública de los últimos 12 años es disfuncional, es una estrategia fallida”, apunta Eunice Rendón, especialista en prevención del delito: “Hay que hablar de Enrique Peña Nieto y Calderón, pero también de Miguel Ángel Mancera”.

Los focos rojos se mantuvieron en delegaciones (distritos) como Cuauhtémoc (en el centro de la ciudad), Gustavo A. Madero (norte) e Iztapalapa y Venustiano Carranza (oriente), pero también se afianzaron nuevos puntos conflictivos como algunas zonas de Álvaro Obregón, Coyoacán y Tláhuac (en el sur), según se desprende del estudio de México Evalúa. Mancera, jefe de Gobierno desde diciembre de 2012 hasta marzo de 2018 y antes procurador (fiscal) de la ciudad, entregó en 2017 sus peores cuentas en homicidios dolosos: hubo 1.085. También fue el año con más delitos durante su Administración: se abrieron más de 204.000 carpetas de investigación y más de 27.000 por crímenes de alto impacto, según datos oficiales. Más violencia, en más zonas y ligada a más delitos.
VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS,
LA DOBLE TRAGEDIA DE LOS JÓVENES

“Todos los consejos de los que están alrededor son: “No te desgastes’, ‘da vuelta a la página’, ‘es irremediable”, cuenta desconsolado Jorge, de 72 años, el padre de Martín: “Pero eso es imposible… no les ha pasado, no saben lo que se siente”. Martín fue asesinado en octubre de 2014 y su cuerpo, abandonado a unos 700 metros de la fiscalía que levantó el informe, en la delegación Gustavo A. Madero (GAM), en el norte de la ciudad. “Mi hijo era un joven como usted, en plenitud de su vida, integrado en la sociedad”, recuerda su padre, que ha pedido el anonimato para él y su hijo.

El caso está empantanado. No hay detenidos. Las cámaras de seguridad, como las 15.000 que vigilan la ciudad, estaban “descompuestas” cuando sucedió el crimen. Eso le dijeron durante las indagatorias. Los policías se quejaban de “que no tienen recursos ni viáticos” para averiguar lo que pasó. La investigación se inició “por homicidio con arma de fuego”, pero ningún arma se disparó según la autopsia. Jorge asegura que tuvo que dar dinero para que le devolvieran las pertenencias de su hijo. “Mi vida está por terminar y sigo con una gran frustración, seguiré con un nudo en la garganta hasta el último día, pero será más terrible si me voy y no se hace justicia”, lamenta y dice de cara al dolor: “Yo quiero justicia, quiero cumplir con la memoria de mi hijo, demostrarle que su padre no se cruzó de brazos”. Martín tenía 34 años.


Foto: Cuartoscuro

Hombre, 34 años en promedio. Eso es lo primero que salta a la vista al ver las estadísticas de homicidios, según los datos que ha recopilado México Evalúa entre 2009 y 2016 sobre las víctimas. La mayoría se cometieron en Iztapalapa, donde vivía Martín, y en la GAM, donde lo mataron. En 2017 hubo 1.315 muertes por homicidio en la capital, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Nueve de cada 10 eran hombres. Es la principal causa de muerte entre varones de 25 a 34 años y la segunda entre los que tienen de 15 a 24 años. La tendencia se replica para el resto del país.

“Los hombres se están muriendo en proporciones absurdas”, lamenta Rendón. El nexo se agudiza cuando se habla de muertes violentas ligadas al crimen organizado. El 95% de los reos en la capital son hombres, la mitad de ellos tiene entre 18 y 34 años, y los varones están ligados al 90% de los delitos que se cometen en Ciudad de México, según datos del INEGI. Las sentencias reducidas para menores y un cúmulo de vulnerabilidades sociales hacen que los jóvenes se conviertan en “carne de cañón”. “Estamos viendo a chavos desde los nueve a los 12 años en los grupos delictivos y a los 15 ya están en las grandes ligas del crimen”, advierte Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta. “Hay una falta de políticas públicas y de oportunidades para los jóvenes mexicanos”, añade.

Era él o yo, literalmente

Cuenta Gustavo, de 22 años. Se toma su tiempo, tiene los ojos bien abiertos. “Fue un ajuste de cuentas, nos estábamos peleando el punto de venta de la droga y lo tuve que hacer”. Se le cierra la garganta, hace una larga pausa y sigue: “Era de noche, lo levantamos en un coche, lo llevamos a una casa en el Estado de México y le metimos unos balazos en la cabeza”. Ambos tenían unos 15 años cuando pasó todo, vivían en el mismo barrio, vendían droga en Tepito. Pero uno era de una pandilla y el otro, de otra. “No quería hacerlo, pero sabía que me la tenía que jugar porque había amenazado a mi familia”.

“Empecé por necesidad, a veces no teníamos ni para comer, otras veces veías que los demás tenían cosas y tú no”, recuerda Gustavo. Fue reclutado a los 14 años. Era bueno para la escuela, pero eran muchas las presiones. Todo estaba muy normalizado: los robos, la droga, la violencia, los problemas en casa. Su madre murió de una enfermedad terminal cuando era niño, su padre es alcohólico. Después de tres años en la comunidad para adolescentes de San Fernando regresó al barrio y la presión no ha cedido: “Todavía me invitan a robar y a matar por dinero, despegarme de todo ha tomado tiempo”. Su pandilla llegó a pagar 200.000 pesos (1.000 dólares) por asesinato. Más de 2.200 salarios mínimos.

- ¿Alguna vez mató por dinero?

- No. Fue solo esa vez. Un ajuste de cuentas es personal.

“Cada vez están más chavos los que van a robar, los que van a matar, no hay nadie que te dé un consejo, que te oriente, que te dé una oportunidad”, dice frustrado y confiesa: “Es muy duro, a veces me pongo a llorar por la impotencia”. La violencia en el barrio ha empeorado y la discriminación fuera de él, también. Ser padre de dos niños cambia todo. Ellos son su motivación para hacer trabajo comunitario, para acabar sus estudios, para salir adelante. “Fui victimario cuando cometí el delito, pero también víctima de todo un sistema y si las cosas no cambian, al final los jóvenes seguiremos pagando todo esto”, lamenta.

¿POR QUÉ SE MATA
EN CIUDAD DE MÉXICO?

Las muertes violentas alimentan las estadísticas igual si se produjeron tras una riña en un bar que se salió de las manos o en un enfrentamiento entre sicarios. Por eso, no hay fórmulas al hablar de homicidios, un fenómeno sumamente complejo y multifactorial, ya sea como un crimen aislado o como el último eslabón de una larga cadena de delitos.

La hipótesis de la cartelización de la capital ha cobrado fuerza recientemente, al implicar que grupos del crimen organizado han penetrado y expandido sus operaciones en los últimos años. Esto ha provocado, según esta lógica, enfrentamientos entre bandas, pandillas y cárteles por controlar territorio y puntos estratégicos. Informes de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y la Procuraduría General de la República (el equivalente a la Fiscalía nacional) indican que al menos 11 grupos del narcotráfico tienen presencia en Ciudad de México. El abatimiento de Felipe de Jesús Pérez El Ojos, líder del cártel de Tláhuac, en julio del año pasado tras un operativo del Ejército y la captura en agosto de Roberto Mollado El Betito, cabecilla de la Unión de Tepito, refuerzan esta teoría.

“Son un grupo violento de narcomenudistas, pero no es crimen organizado”, dijo Mancera tras la caída de El Ojos. El mantra que ha repetido el Gobierno es que el narcotráfico no opera a gran escala en la ciudad. “La negación de Mancera ha sido irreal y esa negación ha permitido que los grupos criminales crecieran y se fortalecieran”, dilapida Rendón.

“El crimen organizado siempre ha existido en Ciudad de México, lo que ha cambiado es que se comporta de forma más agresiva, con el crecimiento de la venta de drogas al menudeo y delitos como la extorsión”, apunta Hope. “Antes te tocaba un encajuelado, un encobijado, ha habido narcofosas desde hace tiempo, pero ahora hay tres o cuatro o cinco casos porque hay más gente metida en eso”, comenta un reportero de nota roja con más de 35 años de experiencia. “El tema es que antes si el muerto era narco, la orden era no investigar más a fondo”, agrega el periodista, que pide no ser identificado.

El narcotráfico es un tabú. Y aún quedan muchas dudas sobre el funcionamiento y el alcance de los grupos delictivos. La narrativa de la guerra de cárteles ha servido como un atajo analítico, promovido por las propias autoridades, para explicar una realidad mucho más compleja, cuestiona Hope. “Nadie trae un gafete o un código de barras, se pueden asignar identidades o pertenencias a ciertos grupos, pero de ahí a pensar que existen jerarquías y papeles definidos de cada célula criminal es muy distinto”, agrega y concluye: “No sabemos cuál es el motor del alza en homicidios”.

Los choques y la pertenencia a grupos criminales solo cuentan una parte de la historia. Hay contextos y factores psicosociales que hacen más vulnerables a ciertas comunidades que a otras, coinciden los especialistas. “Hay que hablar de falta de oportunidades laborales, de condiciones de hacinamiento, de la imposibilidad de acceder a bienes y servicios de forma legal, de toda una generación biológica que ha crecido en un ambiente de violencia”, expone Sánchez.

PRINCIPALES PROBLEMAS SOCIALES

ROBO
74,8%

FALTA DE AGUA
50,8%

FALTA DE ALUMBRADO
50,3%

DELINCUENCIA CERCA DE LA ESCUELA
29,6%

PANDILLERISMO VIOLENTO
26,8%

La GAM e Iztapalapa, las dos son zonas con más homicidios, tienen en proporción más hogares monoparentales y más conflictos familiares con agresiones físicas o verbales que la media nacional, según una encuesta oficial con más de 500.000 participantes para la prevención del delito. En la periferia norte de la ciudad hay más menores de 29 años que tienen que estudiar y trabajar, pero también más jóvenes que tuvieron que dejar la escuela por falta de recursos o porque los rechazaron y que no encuentran trabajo.

Los jóvenes de Iztapalapa y Gustavo A. Madero tienen menores expectativas de crecer profesionalmente y de vivir seguros en sus barrios que el resto del país. El número de habitantes menores de 29 años que aseguran estar expuestos a robos duplica el promedio nacional, los que han sufrido extorsiones o han visto venta de drogas lo triplican y en Gustavo A. Madero el uso de armas de fuego con alta frecuencia es cuatro veces mayor al resto de México, alerta la encuesta. Más del 70% de los asesinatos de este año se han cometido con un arma de fuego, según el SNSP. La suma provoca una bola de nieve en las percepciones de riesgo de los jóvenes maderenses: cinco de cada 10 se sienten inseguros en su barrio, seis de cada 10 en su delegación y siete de cada 10 en toda la capital.

“Es importante hablar de esto, pero también no caer en el ‘determinismo de la miseria’, no podemos meter en la misma bolsa a todos los habitantes”, matiza Manuel Vélez, del Observatorio Nacional Ciudadano. La línea al hablar de factores de riesgo y criminalizar a los habitantes de estas zonas es delgada. “La violencia es algo con lo que hemos crecido toda la vida, pero muchas veces se nos estigmatiza y discrimina por ser de nuestro barrio”, dice un joven de 22 años que ha pedido el anonimato y que vive en la colonia (barrio) Ampliación Gabriel Hernández, identificada por las autoridades como uno de los focos rojos en la periferia norte. La criminalización y el estigma se ensañan con los habitantes de las zonas más vulnerables, ya sea desde solicitar un trabajo hasta tomar un taxi de regreso a casa.

“Hay problemas como en todos lados, pero para conocer la realidad y acabar con la discriminación hay que visitar el barrio”, afirma el joven. La Ampliación Gabriel Hernández es un laberinto de casas de colores, callejones estrechos y escaleras interminables que serpentean sobre el cerro del Guerrero, en la GAM. Es un barrio lleno de vida, con una comunidad que lucha por abrirse paso y que permanece fiel a su identidad, que hace olvidar por momentos que la tensión es permanente y que la violencia no ha dado tregua. Entre 2009 y 2016 hubo 24 homicidios, según datos de México Evalúa. Cuatro personas fueron asesinadas en una fiesta el pasado 5 de mayo. El cadáver de un hombre fue encontrado en una maleta el 22 de mayo. Otro hombre murió a tiros tres días más tarde.

EL FRACASO DE LAS INSTITUCIONES

“El coche avanzó unos metros y Paola empezó a gritar, en ese momento corrí al auto y vi como la mataban a quemarropa”, recuerda Kenya Cuevas, su amiga. Tres balazos acabaron con la vida de Paola Sánchez, una trabajadora sexual de 25 años. “La mataron el 30 de septiembre de 2016 y desde ese día mi vida cambió por completo”, confiesa Cuevas, conteniendo las lágrimas.

Esa noche todo sucedió muy rápido. Cuevas dice que el cliente, un exmilitar que estaba drogado, también quiso dispararle, pero la pistola se encasquilló. Poco después llegó la Policía y Cuevas empezó a grabar con su teléfono, acusando al supuesto agresor y pidiendo auxilio para Sánchez, que permanecía dentro del auto. “¡Todavía está viva, por favor! ¡Paola, aguanta!”, gritaba desesperada Cuevas en el vídeo, grabado en la céntrica calle de Puente de Alvarado.

“Desde el principio hubo negligencia de parte del ministerio público y también discriminación, desde que llegamos nos dijeron ‘es que es trabajadora sexual, ¿para qué pelean tanto si nadie la va a reclamar?”, asegura Cuevas. El sospechoso estuvo detenido 48 horas y después lo dejaron libre por falta de pruebas.

“El juez argumentó que había solo dos versiones, la del inculpado y la de la víctima, pero como la víctima no dijo quién le había disparado en su lecho de muerte, entonces no había un testigo como tal y solo le dio credibilidad a la versión del imputado”, cuenta resignada. El vídeo no fue incluido en la carpeta de investigación y Cuevas fue identificada como “curiosa del lugar”, no como testigo. Después de que avanzó la investigación, se expidió una orden de aprehensión contra el exmilitar, que lleva casi dos años en busca y captura. Cuevas, la denunciante, ha recibido varias amenazas de muerte, mientras el imputado está libre. “Todos los días pienso en ella, todos los días se me viene a la mente dónde estará este sujeto y si otras compañeras están en peligro”, dice angustiada Cuevas.

Dos meses antes del asesinato de Sánchez había entrado en vigor el nuevo sistema penal acusatorio en la capital. En el papel hubo una reingeniería del modelo de procuración de justicia. La reforma, aprobada en 2008, introdujo juicios orales y soluciones alternativas a los conflictos para agilizar los litigios, así como mayores garantías para las partes involucradas, que ataquen los bajos niveles de denuncia y que eviten que inocentes terminen en la cárcel. “Teníamos un sistema sumamente corrupto, ahora tenemos a las mismas personas aplicando uno nuevo sin el entrenamiento ni la capacitación necesaria para que funcione, realmente es un sistema muy fallido”, sostiene Niño de Rivera.

Mancera ha asegurado en más de una ocasión que la nueva ley ha creado una “puerta giratoria” para los delincuentes, ha disparado los índices criminales y ha dificultado la actuación de la Policía. “Esto sería cierto si el nuevo sistema penal solo se hubiera instalado en la capital, pero no estamos viendo estos problemas en otras partes del país”, revira Vélez. Los especialistas coinciden en que el principal escollo no es el diseño del nuevo sistema, sino su aplicación. Un cambio que debió haberse producido en ocho años, se dio en dos, en el límite del plazo establecido. “No se dio la voluntad política ni el liderazgo necesario por parte del jefe de Gobierno para impulsar el cambio”, opina María Novoa, coordinadora del programa legal de México Evalúa.

“Nuestro modelo de procuración judicial sigue teniendo dos problemas: manejar el volumen de casos, en su mayoría por delitos que no son graves, versus la resolución de casos de mayor complejidad, como los delitos de alto impacto”, afirma Novoa. El resultado son ministerios públicos colapsados. Los asesinatos no se castigan porque muchas veces no se investigan hasta sus últimas consecuencias. “Se ha generado una suerte de espiral, cada homicidio adicional reduce la probabilidad de que cualquier homicidio individual sea resuelto”, advierte Hope.

“El ciclo se repite una y otra vez: mientras la violencia no tenga ningún costo, el incentivo para el criminal es seguirla utilizando”, señala Sánchez. Matar para robar, matar para que la víctima no denuncie, matar sin consecuencias. “La violencia extrema es un rasgo de un Estado de derecho fallido”, sentencia un informe de México Evalúa.

La capital dedicó una quinta parte del presupuesto aprobado para este año a Seguridad y Justicia, unos 50.000 millones de pesos (más de 2.500 millones de dólares). No se gasta más en ningún otro rubro, pero eso no se está traduciendo en más eficacia, pese a tener la tasa más alta de policías por cada 100 habitantes en el país y la mayor cantidad de trabajadores en sus fiscalías.

El dinero no está llegando a donde se necesita ni ha ayudado a dar más herramientas a quienes imparten la ley. Una encuesta de la organización Causa en común a 197 policías de Ciudad de México revela que más del 60% gana menos de 10.000 pesos (500 dólares) al mes, más del 75% han pagado el uniforme de su bolsillo y casi el 65% considera que hay corrupción en su corporación. La Policía de la capital es la peor evaluada en el país en cuanto a las instalaciones necesarias para formar y capacitar agentes, y la penúltima en establecer controles de confianza y metas claras para evaluar su desempeño, según esa asociación. Como respuesta, los habitantes de la capital son los que más desconfían de la justicia penal en todo el país, según datos oficiales.

La opacidad en el manejo de recursos, la impunidad, la revictimización de los denunciantes, la deficiencia en las investigaciones, la ausencia de estrategias integrales y la falta de políticas efectivas de reinserción crean una espiral descendente que se alimenta a sí misma. La consecuencia es que los viejos problemas del anterior sistema legal migraron al nuevo y los sectores de la población que están más expuestos a la violencia siguen siendo los que más dificultades tienen para acceder a la justicia, coinciden los especialistas. Kenya Cuevas ha esperado dos años para que se haga justicia. Jorge, cuatro años. Leticia Ponce, cinco años.

“Los abogados solemos decir que en la cárcel solo están los pobres y los pendejos, y eso te habla de un problema mayor”, comenta un penalista con más de una década de experiencia. El fracaso institucional cierra el círculo criminógeno de los homicidios: sin denuncias para los delitos que los preceden, sin resultados para los crímenes que se investigan de oficio, sin capacidades ni recursos suficientes para acabar con la impunidad y sin confianza en el sistema por parte de los ciudadanos.

LA COTIDIANIDAD DE LA MUERTE

“Se ha vuelto normal”, cuenta agotado Jorge Méndez, de 69 años. Todavía vestido de mariachi, a unos veinte metros de la escena del crimen. Doce horas antes, cinco sicarios disfrazados de músicos acribillaron a 13 personas en Garibaldi, la plaza de la música mexicana, una de las más famosas y concurridas del país. En pleno centro de la capital, el viernes antes de la noche del grito de Independencia, la celebración más importante para los mariachis, para los vendedores de comida, para Garibaldi. “Se nota que venían a lo que venían”, dice convencida Aurora, una vecina de 47 años: “Esto fue un ajuste de cuentas”. El tiroteo duró apenas seis segundos.

La sangre todavía está fresca afuera del pequeño local donde fue el ataque, un supuesto negocio fachada en el que se vendía droga. Dos plantas más arriba de donde estaba el negocio, tres niños se asoman tímidamente a través de una ventana amarillenta. En la calle, otro chavo patea una pelota, a solo unos pasos del cordón policial, y esquiva a una patrulla apostada para resguardar el lugar. Tres turistas rubios pasan sin comprender de qué se trata aquello, por qué tanta gente se queda parada uno, dos o tres minutos y después hace una foto con el celular. “Como si no pasara nada”. Normalizado.


Cuatro veladoras arden a un costado de la zona acordonada, una por cada muerte que se conocía hasta ese momento: tres habían fallecido en el momento y otro más en el hospital. Tres días después se supo que habían muerto seis personas, cuatro hombres y las dos mujeres que administraban el local. Una de ellas fue identificada como Araceli Ramírez, de 27 años, esposa de un capo que controlaba la venta de droga en Garibaldi, que lideraba el grupo Antiunión –una escisión de la Unión de Tepito- y que había sido asesinado en marzo pasado. La otra víctima era su hermana Cristina Ramírez, de 22 años.


Esa noche no paró el mariachi, ni la fiesta ni los tragos en Garibaldi. “La noche apenas empezaba y teníamos que seguir tocando, teníamos que sacar el gasto”, justifica Méndez para explicar cómo había sido posible que el movimiento en la plaza hubiera seguido después de que tres motocicletas irrumpieran entre el mar de gente y detonaran 60 cartuchos con sus metralletas a todo el que se les cruzara por el frente.

Después retumban las palabras del mariachi Méndez: “Se ha vuelto normal”. Luego, los ecos de la negación: “No es crimen organizado”. Más tarde viene a la cabeza el consejo que Kenya Cuevas dio a Paola Sánchez para trabajar en una esquina de la calle Puente de Alvarado, donde fue asesinada a tiros: “Salte de Garibaldi, hay mucho alcohol y mucha droga, es peligroso”. Finalmente, el lamento de Leticia Ponce, sin respuestas tras cinco años de perder a su hijo Jerzy: “En todos lados te roban, en todos lados te secuestran”.

“Estamos en un momento en el que las personas parecen reemplazables, desechables, como si no importara que se les arrebate la vida así”, lamenta Sánchez. “Es una foto muy simbólica del estado de la nación… y justo en las fiestas patrias”, agrega Sánchez, sobre la ola de inseguridad que azota a México y su capital. Violencia normalizada, violencia que ocho de cada 10 veces no tiene consecuencias.

Hasta agosto de 2018, los últimos datos disponibles, la capital registra 1.227 investigaciones por homicidio, prácticamente las mismas que en los primeros ochos meses del año pasado, según la nueva metodología del SNSP. Sin embargo, los homicidios dolosos se han incrementado más de un 16% y los que se cometen con arma de fuego más de un 20%. Las extorsiones han subido casi un 6%. Los robos, un 15,5%. El narcomenudeo, más de un 100%. Todos estos datos son comparados con 2017, hasta ahora, el año más violento de la capital en dos décadas y el que ha registrado más delitos en la última Administración.

Peor que nunca. Y empeorando. Así es la metástasis de la violencia en Ciudad de México. Una realidad que muchos no quieren ver y que todos viven y padecen. En la esquina de tu casa. En el altar que pusiste para tu hijo desaparecido. En el coche en el que secuestraron y acuchillaron a tu hijo. En el arma con la que te amenazaron después de que mataron a tu amiga. En los ojos de la gente cuando cinco sicarios vestidos de mariachi acribillaron a todo el que se les pusiera enfrente y tú tuviste que seguir trabajando. En la pistola que disparaste cuando tenías 15 años para que a ti no te asesinaran. En el dinero que te ofrecieron para que mataras otra vez y que rechazaste para dar el ejemplo a tus hijos. Así, 5.000 veces más, cuando no bastan las palabras, en el peor momento para matar y morir en Ciudad de México.

Fuente.-Diario Español
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EL MISTERIOSO "SECUESTRO y RESCATE" del PADRE del CAPO ESCOBAR...el criminal tuvo sus dias de heroe.



A diferencia de su madre y hermanos, Abel de Jesús Escobar Echeverry, el padre del capo Pablo Escobar, solo fue un pie de nota en la biografía del narcotraficante que sumió a Colombia en una era de terror. El campesino siempre se mantuvo al margen de los negocios ilícitos de su segundo hijo, nunca dejó el campo, y los únicos dos episodios que protagonizó fueron un secuestro por el que declararon al cabecilla del Cartel de Medellín un héroe, y una misteriosa herencia millonaria.

Solitario y algo hermético, Abel sobrevivía labrando la tierra para tener qué comer. Cuando una tarde, a lo lejos, vio pasar entre los caminos de la montaña a la profe que habían trasladado hasta el municipio de Rionegro, en Antioquia. Y se enamoró. Hermilda Gaviria Berrío venía de una familia acomodada, de padres comerciantes. Era una mujer ambiciosa, educada y capaz para su tiempo. No tardó mucho en caer en los brazos del trabajador labriego.

Pablo Escobar, el temido cabecilla del Cartel de Medellín que desató la peor violencia narco en Colombia.

Al casarse, Hermilda dejó las clases, como lo dictaba la época. Y el peso del sostenimiento de la casa le quedó a Abel, pero la agricultura no le dio lo suficiente cuando llegaron sus primeros hijos, Roberto y Pablo Emilio. Decidido a encontrar trabajo pidió ayuda al político e intelectual antioqueño Joaquín Vallejo Arbeláez. La familia entonces se mudó a su finca, donde el padre sería el mayordomo.

Pero la precariedad continuaba. Y contra la voluntad de Abel, Hermilda pidió reincorporarse como docente. Siempre le tocó en colegios de zonas rurales alejadas, a donde llegaba la pareja, ya con siete hijos. Así estuvieron en varios municipios hasta que la trasladaron a Envigado, en 1961. Se ubicaron en el barrio La Paz, donde el padre montó una tienda en uno de los tres cuartos de la casa, que tuvo que cerrar a los pocos meses por falta de clientes.

Como lo cuenta Juan Pablo Escobar en su libro 'Pablo Escobar, mi padre', Abel intentó sin éxito buscar trabajo como pintor, granjero o jardinero. Terminó siendo el celador del barrio. Así que cuando los hijos tuvieron modo de vivir por sí mismos se volvió al campo para nunca más regresar. Entonces, mientras su familia disfrutaba de las dichas del 'oro blanco', él se mantuvo alejado de las rentas ilícitas del más astuto de sus hijos.

Los padres del capo del Cartel de Medellín junto a tres de sus seis hermanos.

Pero hasta al campo lo fue a buscar la fama cultivada de los millones que hizo Pablo Escobar con el tráfico de cocaína, y si no fuera por él, Abel no hubiera sido recordado en la historia del país, aunque siempre intentó pasar desapercibido.

El secuestro

En septiembre de 1984 ya había empezado la década oscura de la violencia sistemática de los carteles de la droga en Colombia. Una tarde de ese mes, Abel regresaba del mercado en una camioneta Toyota, cuando fue interceptado por seis hombres armados con fusiles y ametralladoras cerca de su finca Villa Hermilda, en el municipio de La Ceja. Haciéndose pasar por "agentes especiales" en busca de "averiguaciones sobre Pablo", lo amarraron y se lo llevaron con rumbo desconocido.

Cuenta la historia que en el camino los secuestrados detenían a cuanto auto pasara para pinchar sus chantas y robar sus llaves, y así evitar ser seguidos. Primero dijeron que se trataba de un ajuste de cuentas de un grupo de derecha ligado a la asociación Tradición, Familia y Propiedad (TFP), luego que era la DEA buscando capturar al capo. Lo cierto es que Pablo regresó de su escondite en Nicaragua para ponerse al frente del asunto.

Finalmente, los secuestradores llamaron a su hermano Roberto Escobar para pedir 50 millones de dólares por la vida de Abel. Se supo entonces que era una banda delincuencial que quería aprovecharse de "un vecino rico al que sus hijos visitaban en carros muy lujosos". Los narcotraficantes no pensaban soltar un solo peso, así que idearon un plan de rescate.

Clasificados de periódico publicados por Pablo Escobar donde ofrecía dinero a cambio de información sobre el paradero de su padre secuestrado.

Lo primero que hicieron fue publicar dos clasificados en los periódicos principales de Medellín, El Colombiano y El Mundo, en el que pedían información a cambio de una millonaria recompensa. Pero su intención real era que la banda supiera que los estaban buscando. Luego pusieron cámaras de seguridad en cada droguería que había, sabían que tarde o temprano irían a buscar las medicinas para el corazón que necesitaba Abel para vivir.

Y así fue, los propietarios de un local, tal como les habían encargado, dieron aviso a Pablo cuando unos hombres compraron el medicamento en cuestión, a cambio de 1.649 dólares ofrecidos por el dato. Así ubicaron a dos secuestradores. Mientras eso pasaba, Roberto negociaba el monto del rescate para ganar tiempo. Acordaron 200 millones de pesos (65.982 dólares). Y cuando entregaron el dinero, el bolso tenía un rastreador.

A los 18 días del secuestro, unos 50 hombres de Pablo llegaron al lugar, mataron a tres de los delincuentes de la banda local 'Los Trucos' que custodiaban a Abel, y lo recuperaron sano y salvo. Lo más curioso de la historia es que, en medio de la búsqueda, el grupo de sicarios se topó con la finca La Felisa, del corregimiento El Rubí en Yolombó, y rescataron al niño Wilson Patiño Toro, de 16 años, al que días antes habían retenido forzosamente. El hecho hasta tuvo un despliegue noticioso en el que catalogaban a Escobar como un héroe.

Noticia sobre el rescate de un joven de 16 años rescatado por Pablo Escobar.

La herencia millonaria

Después de aquel secuestro, que recién hace pocos años fue confirmado por otra hija de la víctima, Luz María, no se supo casi nada más de Abel. Ni siquiera se le vio en el sepelio del narcotraficante que murió a los 44 años en un tiroteo con la Policía, que lo acorraló en el tejado de una casa donde se escondía en Medellín, el 2 de diciembre de 1993.

Hermilda sí salió a la defensa de su hijo, a quien nunca creyó criminal por las obras sociales que hizo, pese a ser señalado de más de 5.000 asesinatos. Pero Abel no, nunca dio declaraciones. Su nombre pasó al olvido hasta el 21 de octubre de 2001, cuando una afección en los pulmones se lo llevó a los 75 años. La noticia hubiera pasado por un simple obituario de no ser por una misteriosa herencia millonaria que el padre dejó a sus hijos, nietos y esposa.

Cuerpo de Escobar dado de baja por las autoridades en diciembre de 1993.

La revista Semana conoció el testamento en el que Abel de Jesús Escobar Echeverry dejaba más de 376.512 dólares de la época a su familia en bienes avalados por catastro, que a veces son hasta de un 50% menos que su valor comercial. Propiedades que jamás estuvieron bajo extinción de dominio, porque las autoridades siempre sostuvieron que el agricultor nunca tuvo que ver con los negocios ilegales de su hijo.

El documento reveló también que Abel tenía pasivos superiores a 99.014 dólares, aunque su fortuna era mucho mayor; de hecho, bastante para ser un hombre del campo. Juan Pablo Escobar, hijo de Pablo Escobar, confirma en su libro que su abuelo tenía varias fincas, terrenos en distintas zonas de Antioquia, un apartamento penthouse en El Poblado -el barrio más exclusivo de Medellín- y autos de lujo.

"Lamentamos profundamente su muerte porque él siempre mantuvo una postura equilibrada alrededor de la convulsión que envolvió a la familia desde comienzos de la década de los setenta, cuando mi padre optó por la ilegalidad", afirmó Juan Pablo en 'Pablo Escobar, mi padre'. En el libro también argumenta que ni él ni su hermana recibieron la parte de esa herencia que les correspondía. El hecho terminó por separar definitivamente a los Escobar Gaviria, quienes hasta el sol de hoy no tienen contacto.

Hermilda Gaviria Berrío y su esposo Abel de Jesús Escobar Echeverry, en una de las pocas fotos donde aparecen juntos los padres del narcotraficante.

Pese a ello, Abel seguirá siendo recordado como lo describió Juan Pablo Escobar: "La discreción caracterizó al abuelo Abel, al igual que su radical decisión de no abandonar su condición de hombre del campo. Aún en las peores épocas, cuando corríamos de caleta en caleta huyendo de las autoridades, él se las arreglaba para hacer llegar cada mes un bulto de papa, que cultivaba en su finca. Esa fue siempre su silenciosa muestra de amor hacia nosotros".

Otra hermana del capo narco, Luz Marina, aseguró que Abel siempre mantuvo la esperanza de que a su hijo Pablo no lo hubieran matado. Hasta su muerte, en 2001, "seguía pensando que se le iba a aparecer como tantas otras veces que habían dicho que le habían capturado y llegaba luego a tocar la puerta".

Fuente.-