México no está “cumpliendo el trámite”, está rompiendo el guion del Mundial como ese equipo al que nadie quería en la liguilla porque viene embalado, invicto y con la portería cerrada con doble candado.
México, del montón al club de la élite
Para el resto del planeta, lo del Tri puede parecer rutina de fase de grupos: ganan, clasifican y ya. Pero la película completa dice otra cosa: México lleva más de 60 años tratando de jugar en la mesa de las potencias, empujado por futbolistas con calidad y una necedad olímpica por competir.
Ha estado en 18 Mundiales, solo detrás de Brasil, Argentina y Alemania, pero su techo histórico son los cuartos de final, instancia que no pisa desde 1986.
En Norteamérica 2026 por fin se rompió ese karma: tres victorias en tres partidos, nueve puntos, paso perfecto en grupos y arco invicto, algo que nunca había logrado el Tri en toda su historia mundialista. Ahora el sueño ya no es solo “pasar a octavos”, la gente está haciendo cuentas para meterse al top 10 del mundo; el problema es que antes hay que pasar un examen oral llamado Ecuador en dieciseisavos.
El libreto histórico del Tri
La hemeroteca de la FIFA es clara: México es fijo en los Mundiales, pero casi siempre se estrella en la misma curva. En Qatar 2022, fuera en grupos; en Rusia 2018, Brasil los bajó en octavos; en Brasil 2014, el drama del penal ante Holanda; y así se repite la maldición del “quinto partido” que solo rompió en casa en 1970 y 1986.
Por eso este 2026 pesa distinto: no solo se ganó, se construyó una narrativa de equipo serio, que sabe sufrir y que entendió que los grupos no son para pasear, son para mandar un mensaje. La fase perfecta y el arco imbatido no son un adorno estadístico: son el nuevo piso mínimo de exigencia para juzgar al Tri.
Aguirre, el técnico que rota como si fuera NBA
Javier Aguirre decidió que este Mundial no era para casarse con un once, sino para usar casi todo el vestidor: 25 de los 26 convocados ya tuvieron minutos, el único que no ha pisado la cancha es el tercer portero, Carlos Acevedo. Se subió a las bondades del reglamento FIFA que desde 2022 permite cinco cambios por partido y montó un carrusel de piernas frescas sin romper la estructura.
De paso rompió un maleficio que olía a brujería: siete partidos inaugurales sin ganar, hasta que el 11 de junio México le metió un 2-0 a Sudáfrica y le dio el primer golpe al complejo de arranque. No recibía ni un gol en fase de grupos desde 1970, cuando empató 0-0 con la URSS, goleó 4-0 a El Salvador y venció 1-0 a Bélgica; esta vez repitió portería en cero, pero sin empates, puro triunfo.[
Portería: del mural renacentista al homenaje viviente
Raúl Rangel, el portero de Chivas, se plantó en el Mundial como si la portería fuera propiedad privada: debutó contra Sudáfrica no solo en el Mundial, sino en cualquier torneo oficial, y desde 2026 se adueñó del arco tricolor. No ha recibido gol en los tres partidos y fue clave para apagar un par de bombas frente a Corea del Sur, en una estampa que la afición guarda como fresco renacentista: volando por el balón como si estuviera colgado del techo de una iglesia
Hasta ahora ha cortado 67 jugadas rivales, una cantidad que habla de portero que no se queda clavado en la línea, sino que juega como líbero adelantado. Mientras tanto, el mundo le sigue haciendo homenaje a Guillermo Ochoa, que está jugando su cuarta Copa del Mundo de las seis a las que ha sido convocado, con una carrera marcada por noches épicas: Brasil de Neymar en 2014, Alemania en 2018, el penal a Lewandowski en 2022. El capitán ya avisó que se retira después del Mundial, a los 40, cerrando un ciclo que todavía pesa en cada vestuario que pisa.
Carlos Acevedo es el tercero en discordia: al arranque del ciclo mundialista parecía el heredero natural ante el ocaso de Ochoa, pero el reality show lo ganó Rangel y Luis Ángel Malagón, hasta que este último se rompió el tendón de Aquiles y dejó el arco como pelea entre juventud y legado.
Defensas: albañiles del cero en el marcador
La defensa mexicana se ha comportado como cuadrilla de albañiles en obra negra: nada entra si no pasa por el permiso de Gallardo, Reyes, Montes, Vásquez, Sánchez o el novato Mateo Chávez. Jesús Gallardo, con tres Mundiales a cuestas, fue titular en los primeros dos partidos, aunque su trabajo fue más de pico y pala que de brillo, incluso con errores al momento de rematar cuando pisaba área. Aguirre le dio apenas 12 minutos ante Chequia, casi como recordatorio de que la jerarquía se respeta pero no se regala.
Israel Reyes es el navaja suiza de la zaga: lateral derecho contra Sudáfrica, segundo central contra Chequia y recurso para cerrar el juego los últimos 10 minutos ante Corea del Sur. En números, es uno de los defensas más usados: tres partidos, 190 minutos, sin goles ni tarjetas rojas, soldado disciplinado del esquema. Jorge Sánchez, lateral derecho, fue titular en dos de tres duelos, se quedó en la banca ante Sudáfrica y regresó contra Corea y Chequia; su talón de Aquiles sigue siendo la defensa, pero en ataque se desata y prueba está en el segundo gol ante los checos, donde su remate terminó en rebote aprovechado por Julián Quiñones.

Montes, Vásquez y el ascenso de Mateo Chávez
César Montes arrancó el Mundial como capitán con un debut impecable ante Sudáfrica, hasta que la adrenalina le ganó y cometió una entrada dura cerca del área que le costó la expulsión; Aguirre se encendió porque había pedido concentración los 90 minutos. Se perdió el juego contra los asiáticos, pero regresó ante Chequia con 95% de efectividad en pases, aunque solo ganó la mitad de los duelos aéreos contra los espigados europeos.
Johan Vásquez, el gladiador de Genoa, es el cerebro frío de la defensa: lidera el equipo en número de pases con 134, según FIFA, y jugó los dos primeros partidos manteniendo el peligro lejos del área mexicana. Su buen nivel obligó a Aguirre a darle descanso en el último partido para guardarlo entero para las rondas de eliminación directa; su zurda le da al Tri una salida limpia desde el fondo.
Mateo Chávez, el chico del AZ Alkmaar, firmó un estreno de película: entró en el tercer partido con la misión de blindar la banda ante los laterales checos y terminó marcando un gol en un contragolpe letal. Aguirre quedó sorprendido por la valentía del defensa de 22 años, que en 78 minutos sumó un gol y dejó la duda abierta: ¿le puede pelear la titularidad a Gallardo sin que se caiga la estructura?
Medio campo: obreros, magos y chavitos sin miedo
El mediocampo mexicano es una mezcla de obreros, cirqueros y chavitos con hambre: Roberto Alvarado lideró el apartado de minutos con 260 y fue titular en los tres partidos, aunque su aporte se ve más en el volumen que en el brillo estadístico de goles. Edson Álvarez, que llegaba con dudas después de operarse el tobillo, empezó en la banca ante Sudáfrica, entró los últimos 14 minutos y luego se convirtió en escudo defensivo de lujo frente a Corea del Sur y Chequia, aunque cerró la fase de grupos con una amarilla evitable.
Luis Romo se transformó en el mazo del equipo: hace el trabajo sucio, pelea hombro a hombro y mete el cuerpo donde otros meten la mirada. Marcó contra los surcoreanos y asistió el gol de Mateo Chávez, consolidando su rol como martillo táctico que Aguirre había mantenido oculto en los amistosos. Erik Lira persigue el balón como león siguiendo presa: jugó 76 minutos ante Sudáfrica y 90 ante Corea del Sur, siendo clave en la jugada del primer gol del Mundial; lo mandaron a la nevera contra Chequia porque el plan pedía alguien más alto para disputar balones.
Talento fino: Fidalgo, Chávez, Vargas y Mora
Luis Chávez superó la rotura de ligamento cruzado de 2025 y conserva la zurda fina para los tiros libres como carta escondida del Tri; tuvo 24 minutos en el partido inaugural y espera volver a ser recurso de lujo a balón parado. Obed Vargas, que saltó de Seattle al Atlético de Madrid, entra como revulsivo en el medio: contra Corea tuvo un remate de gol que el portero tapó, y suma minutos valiosos con apenas 20 años, 29 ante Corea y 27 ante Chequia sin aún romper la red.
Álvaro Fidalgo, el mago del Betis y canterano del Real Madrid, fue titular en el estreno, salió al 66 y le dio al equipo profundidad por la izquierda; no jugó el segundo partido y ante Chequia volvió 18 minutos para firmar un misil que se metió en la esquina de la portería. Si Aguirre necesita creatividad, sabe que puede llamar a Fidalgo para cambiar el libreto. Gilberto Mora, con apenas 17 años, puede presumir que ya jugó un Mundial: entró de cambio, fue titular ante Chequia y arrancó la jugada del segundo gol con un pase que inventó un hueco donde no lo había. Es la garantía de desparpajo, el chamaco que juega como si estuviera en la cancha de barrio, pero con el escudo nacional en el pecho.
Delantera: goles, presión y kilometraje
Al frente, el Tri encontró en Julián Quiñones la llave de la felicidad: dos goles, uno a Sudáfrica y otro a Chequia, en 10 remates a puerta, además de ser el jugador que más presiones defensivas ha realizado (115) y el que más carreras por el balón ha metido (158), con velocidad media de 6.68 kilómetros por partido. Es creatividad, explosividad y gol, por eso nadie discute que sea titular en los tres encuentros. Roberto Alvarado, dueño de la banda derecha, es el rey de los centros: 10 balones al área, dos convertidos en asistencia, una para Raúl Jiménez y otra para Fidalgo, aunque sigue fallando en la definición frente al arco.
César Huerta, suplente del Piojo, tuvo apenas seis minutos contra Corea del Sur, pero si vuelve a engrasar la velocidad puede romper defensas por fuera. Raúl Jiménez, después de quedarse sin gol en 2014, 2018 y 2022, por fin anotó en un Mundial, celebrando con un grito furioso dedicado a su padre fallecido este año; fue titular en los dos primeros partidos y se mueve fuera de la zona clásica del nueve para ayudar a construir juego.
Nueves de futuro: Giménez, Armando y Guillermo Martínez
Santiago Giménez llegó con tobillo recién operado en diciembre, sin goles en la temporada con el AC Milan, pero con la apuesta de sumar minutos: debutó 10 minutos contra Corea y otros 27 ante Chequia; tuvo una opción clara, su remate no fue el mejor, aunque la jugada terminó siendo el gol de Fidalgo. Armando González, campeón de goleo con Chivas a los 23 años, tuvo su despertar mundialista ante Sudáfrica: jugó poco más de 14 minutos sin remates a puerta, pero mostró que sabe leer a los defensas y ganarles el espacio.
Guillermo Martínez fue la sorpresa de la lista: Aguirre lo había probado en amistosos desde 2023, pero en 2026 se volvió importante por su fuerza física y su 1.90 de altura, clave para enfrentar a Chequia y neutralizar su poder aéreo. Tuvo una opción de remate, pero prefirió centrar y la jugada murió, aunque sigue siendo carta útil para pelear contra defensas duros.
Ecuador, el rival que llega como ese equipo incómodo de liguilla
Ahora la fiesta se muda a los dieciseisavos, donde México enfrentará a Ecuador el martes 30 de junio en el Estadio Ciudad de México, en un duelo con aroma a revancha y examen de madurez. Ecuador entró como uno de los mejores terceros y es exactamente el tipo de rival que puede convertir la euforia mexicana en terapia si el Tri se cree que ya está en cuartos solo por haber hecho historia en la fase de grupos.
El partido no será un trámite: es la línea roja entre que esta Selección se quede como “la que por fin hizo un 3 de 3” o como la que rompió el molde y empezó a negociar de tú a tú con las potencias que siempre han visto a México como invitado simpático, pero nunca como socio del club de la élite.
Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ DIEGO MANCERA/PATRICIA SAN JUAN



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