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sábado, 27 de junio de 2026

SE "QUEDÓ CORTO: SECRETARIO de SEGURIDAD de EE.UU PRESUME CONTROL NARCO de CADA CM de FRONTERA MEXICANA"...pero ademas controlan cada mm de inmoralidad del gobierno.


El diagnóstico de Markwayne Mullin,Secretario de Seguridad Interna de EE.UU, no es una exageración histérica: si acaso, se queda corto frente a la arquitectura criminal real en la frontera.

La frontera como sistema criminal

Hablar de “cada centímetro” bajo una plaza no es literatura: es reconocer que la frontera es una sucesión de corredores controlados, donde la autoridad formal convive con mandos criminales que regulan paso, cobro y violencia. 

Aunque si bien es cierto que los cárteles controlan cada centímetro de la frontera; pero es aún más cierto que lo han logrado porque también controlan cada milímetro de la inmoralidad gubernamental que debía contenerlos.

La figura del “jefe de plaza” responde justamente a una lógica de administración territorial: no es sólo tráfico de droga, es control de rutas, personas, información y protección local. Esa protección se extiende a todo tipo de uniformes y a buena parte de la clase política en todos los niveles, cada vez con menos clase y menos nivel.

Cuando Mullin dice que los cárteles están en constante evolución, describe algo verificable: el narco frontera lleva décadas mutando de mulas y camiones a ingeniería social, outsourcing de migrantes, uso de empresas fachada y despliegue de tecnología. El funcionario no está inventando el monstruo: lo está simplificando para que quepa en una audiencia legislativa.

Tecnología y adaptación criminal

La referencia a drones y túneles no es un adorno dramático, sino síntoma de una relación directa entre presión estatal y adaptación criminal. Cada vez que se refuerza un tramo, los grupos se mueven a otro; cada vez que se endurece un punto de cruce, aparece otra modalidad: túneles, lanzamientos con dron, cruces por zonas remotas, corrupción institucional en ambos lados. La idea de Mullin de concentrar recursos en “áreas transitadas” es una lectura pragmática: asumir que no se puede blindar todo, pero sí dificultar los corredores de mayor valor para las organizaciones.

Desde esa lógica, ampliar el muro no es presentado como solución total, sino como parte de un paquete de contención: infraestructura física, sensores, patrullaje, inteligencia sobre plazas y mandos. Si uno toma en serio la presencia de varios cárteles con capacidad logística, la postura de reforzar el muro no es delirante, sino coherente con una visión de seguridad que privilegia disuasión y costo operativo para el crimen.

El muro como herramienta, no milagro

El planteamiento se sostiene si se entiende el muro como herramienta de gestión de riesgo, no como muralla mágica. El muro:

  • obliga al narco a invertir más en tecnología, sobornos y rutas alternativas, encareciendo la operación;
  • facilita la detección de túneles, porque donde hay barrera física, los patrones de perforación son más identificables;
  • concentra flujos en puntos de entrada donde el Estado tiene más capacidad de vigilancia y respuesta.

En ese marco, decir que la frontera está controlada por cárteles no es un truco electoral, sino la admisión de que el Estado ha perdido, hace tiempo, el monopolio efectivo sobre esos territorios y necesita una combinación de infraestructura, colaboración binacional e inteligencia para recuperar márgenes de control. Lo discutible no es el diagnóstico: es si la inversión se va a muro, a instituciones o a ambas.

Sheinbaum y la lectura política

Que las palabras de Mullin se alineen con el ciclo electoral no cancela la realidad de corredores dominados por organizaciones, ni la necesidad de reconfigurar la defensa fronteriza. 

La respuesta simplista de Sheinbaum, al centrar todo en la lógica electoral, pasa por alto la dimensión de seguridad regional que el funcionario, sí está subrayando.

Con informacion: ELNORTE/

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