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domingo, 28 de junio de 2026

"EX-EMBAJADOR de EE.UU AFIRMA AMLO ACCEDIÓ a FRENAR MIGRACIÓN a CAMBIO de APOYO a sus MEGAMAMUTS de INFRAESTRUCTURA…se hizo bolas y la chequera nunca apareció.


López Obrador, según Ken Salazar, convirtió la política migratoria en combo presidencial: freno de flujo humano a cambio de que Washington le pusiera moño dorado a sus megamamuts de infraestructura.

El trueque: migrantes por megaproyectos

Salazar cuenta que AMLO no quería resolver la migración con muros, sino con dinero gringo cayendo sobre el Istmo, Dos Bocas y los pasos fronterizos “de vanguardia”. La condición era clara: México contenía la estampida hacia el norte, siempre y cuando Estados Unidos entrara como socio VIP en las obras del sexenio.

Cuando Biden se hizo bolas y la chequera nunca apareció, el presidente mexicano se sintió “irrespetado” y empezó a desconfiar de todo lo demás que le prometía Washington. Traducido al castellano político: sin dólares para el Tren del Istmo, no hay ganas de seguir poniendo camiones y vuelos para regresar migrantes al sur.

El Istmo como muro 2.0

En el relato del exembajador, el Istmo de Tehuantepec era la fantasía compartida: AMLO lo vendía como cortina de desarrollo, Salazar como filtro de alta tecnología para exponer a traficantes y migrantes a la captura. Un muro sin ladrillos, pero con parques industriales y puertos donde supuestamente el capitalismo iba a domar el caos migratorio.

Estados Unidos prometió apoyo, nombró a un enviado especial para el proyecto y dejó que la burocracia hiciera lo suyo: prometer, dilatar y, al final, dejar a México con la cuenta en la mano. 

Mientras tanto, López Obrador metía miles de millones de pesos a sus obras “heredadas” y veía al vecino como ese socio que siempre llega tarde y sin cartera.

El presupuesto: todo para el legado, nada para la crisis

Salazar narra que, ya en el último tramo del sexenio, el Gobierno mexicano dejó de pagar autobuses y vuelos para mover al sur a migrantes rechazados en la frontera. Migración y Hacienda le confirmaron que simplemente no había presupuesto: el dinero estaba reservado para apretar el acelerador del Tren Maya, del ferrocarril del Istmo y demás monumentos al sexenio.

El mensaje interno, según el libro, era brutalmente sencillo: primero se inauguran las obras, luego vemos qué hacemos con la crisis en la frontera. AMLO, dice el embajador, estaba convencido de que esos proyectos “cambiarían a México para siempre”; el detalle menor era qué hacer con los miles de personas diarias que se amontonaban en la línea.

Biden, la migración y el arma política

Salazar admite que la Casa Blanca subestimó el costo político de desentenderse del tema migratorio. En su lectura, la incapacidad de Biden para enfrentar la crisis fronteriza debilitó su presidencia y le dejó a Donald Trump la narrativa perfecta para agitar al electorado.

Desde la embajada, el exfuncionario insistía a Washington que el “precio” de la cooperación de López Obrador eran avances reales en infraestructura: Otay Mesa East, el Istmo, las famosas “cortinas” de seguridad. Pero la diplomacia de promesas vacías terminó por quemar la relación: México dejó de creer y Estados Unidos siguió actuando como si el vecino estuviera obligado a contener la crisis gratis.

AMLO, Salazar y la diplomacia de la obra pública

El libro repasa una relación que pasó del romance al desencuentro: el presidente que trabajaba “como ningún político que yo hubiera visto” y defendía terco sus proyectos, frente al embajador que intentaba convencer a su propio gobierno de que se tomara en serio la frontera. Ahí caben el intento de que Biden aterrizara en el AIFA, la presión para que fuera a la inauguración del Tren Interoceánico y la tensión tras la captura turbia de “El Mayo” Zambada.

Al final, lo que queda es una postal incómoda: un mandatario mexicano que condiciona cooperación en migración a inversiones en su legado, y un gobierno estadounidense que promete mucho y entrega poco. Entre ambos, millones de migrantes usados como moneda de cambio en un trueque donde la infraestructura pesa más que las personas que la cruzan.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ZEDRIK RAZIEL

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