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viernes, 26 de junio de 2026

EL «TRUEQUE de la DIGNIDAD: PADRE VENDIO su HIJA de 12 AÑOS bajo PARAGUAS de los «AB_USOS y COSTUMBRES»…décadas de abandono institucional y tolerancia disfrazada de respeto cultural.


En Chiapas, donde el Estado de derecho suele llegar tarde —o de plano no llega—, la Fiscalía detuvo a un hombre acusado de intentar vender a su hija de 12 años por 25 mil pesos. No, no es una distopía ni un rumor de sobremesa: es lo que algunos todavía defienden bajo el cómodo paraguas de los “usos y costumbres”.

El caso ocurrió en Tres Puentes, una comunidad tzotzil en San Andrés Larráinzar. Ahí, entre parcelas de maíz, café y textiles que sostienen economías precarias, también persiste otra práctica menos visible: la cosificación de niñas convertidas en moneda de cambio. A veces por dinero. A veces por animales. A veces por refrescos. El trueque de la dignidad.

La Fiscalía presume la captura como un parteaguas: el primer caso bajo el delito de “cohabitación forzada” en un estado que, paradójicamente, lidera cifras de embarazo infantil. El mensaje oficial es contundente: la ley no negocia con tradiciones cuando hay niñas de por medio. Pero el entusiasmo institucional contrasta con una realidad incómoda: este tipo de prácticas no nacieron ayer, ni sobreviven por accidente.

Porque aquí no hay un solo culpable, aunque hoy haya dos detenidos: el padre que entregó y el adulto que recibió. Hay también décadas de abandono institucional, tolerancia disfrazada de respeto cultural y una línea peligrosamente difusa entre identidad comunitaria y violación de derechos.

Y entonces aparece la otra tensión: ¿se resuelve esto llenando cárceles? Investigadoras advierten que no. Que encarcelar padres sin desmontar el sistema que normaliza estas prácticas puede ser apenas un gesto simbólico. O peor: un parche que deja intacto el problema de fondo.

La pregunta incómoda sigue ahí: ¿hasta dónde llegan los “usos y costumbres” y dónde empieza —o debería empezar— el límite infranqueable de los derechos humanos?

Porque cuando una niña de 12 años es tratada como mercancía, el problema no es cultural: es estructural. Y el Estado, ese que hoy presume detenciones, lleva años llegando tarde a la cita.

Con información: ELNORTE/

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