Cada que el gobierno presume que “blindó” Culiacán con otros 300 soldados, el crimen organizado contesta dejando cadáveres amarrados debajo de un árbol como comunicado oficial en zona rural.
El desfile marcial de siempre
Llegan 300 militares a Culiacán, convoy reluciente, uniformes planchados, fotos de protocolo y boletín triunfal: “reforzar la seguridad, patrullajes, vigilancia en la zona norte, presencia del Estado”.
La narrativa es la misma de siempre: el Ejército recorre colonias, hace rondines, posa para la cámara y el gobierno vende el operativo como si fuera un rebranding de la paz pública.
La respuesta del monte
Mientras tanto, en Tepuche, tres hombres aparecen tirados debajo de un árbol, atados, con tiros de gracia, descomponiéndose desde el sábado, como si fueran basura que nadie tuvo prisa por recoger.
Quienes dan la cara no son los que “refuerzan la seguridad”, sino Sabuesos Guerreras, las buscadoras que encuentran lo que las autoridades sólo rodean con cinta amarilla y lenguaje burocrático.
Seguridad de boletín, violencia de campo
El gobierno mide la seguridad en número de botas desplegadas, pero Tepuche sigue siendo zona caliente, con enfrentamientos, cuerpos tirados y violencia instalada como si fuera autoridad alterna.
En el papel, la estrategia suma efectivos y operativos; en el terreno, suma muertos, reportes ciudadanos ignorados desde el día anterior y escenas del crimen que huelen a abandono institucional.
El ritual: llegan, posan, se van
El libreto es predecible: llegan los militares, hacen “presencia”, anuncian que reforzarán los sectores prioritarios, patrullan avenidas y regresan a cuarteles mientras la sierra sigue escribiendo su propio parte de guerra.
En paralelo, la delincuencia manda sus comunicados en carne y hueso, con cuerpos atados, ropa negra y cobijas encima, porque en Sinaloa el lenguaje de la plaza es más claro que cualquier rueda de prensa.
Quién manda el mensaje
La autoridad habla de “delitos de alto impacto” como categoría estadística, pero son las fosas, los árboles y los caminos de terracería los que terminan dictando el verdadero indicador de control territorial.
Cada despliegue militar se anuncia como golpe al crimen, pero cada cadáver hallado en Tepuche parece más bien una carcajada silenciosa del narco, recordando quién tiene en realidad la iniciativa.
Con informacion: NOROESTE/

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