Visitanos tambien en:

domingo, 28 de junio de 2026

«OOOOOTRO NEGOCIO VERDE OPACO: CASTA MILITAR NO LLENA y al ESTILO VENEZUELA y CUBA se SIGUE EMPACHANDO»…el zapatero tiene mas de 20 años «batallando»con los zapatos.


El anuncio del Tren Maya de viajes de degustación de comida típica de la Península de Yucatán, incluida su propia cerveza artesanal, reavivó las protestas de empresarios turísticos locales que han denunciado la competencia desleal de los militares.

El problema no es que los militares hagan cerveza. El problema es que ya hacen de todo… y nada de eso tiene que ver con su vocación.

El anuncio del Tren Maya como “experiencia gastronómica integral”, con cerveza artesanal incluida, no suena a desarrollo: suena a monopolio con uniforme. A estas alturas, la casta militar mexicana no solo construye trenes; administra aeropuertos, hoteles, aduanas, parques turísticos, museos y hasta una aerolínea. Ahora también quiere ser chef, sommelier y maestro cervecero.

La historia ya la conocemos. En Cuba, las Fuerzas Armadas terminaron controlando buena parte del turismo a través de conglomerados como GAESA; en Venezuela, los militares se expandieron a sectores estratégicos y comerciales bajo la promesa de eficiencia y soberanía. El resultado fue el mismo: opacidad, desplazamiento del sector privado y economías cada vez más cerradas y menos competitivas. Mucho uniforme, poco resultado.

México parece decidido a ensayar esa misma receta… con lúpulo incluido.

Mientras el Tren Maya presume su vagón restaurante “Janal” como “la vitrina más ambiciosa de la gastronomía mexicana del siglo XXI”, en Calakmul hay 23 hoteles y 30 restaurantes viendo cómo se les vacían las mesas. No es una competencia: es un choque desigual. De un lado, empresarios que pagan impuestos, enfrentan regulaciones y sobreviven con márgenes mínimos. Del otro, una corporación militar con recursos públicos, permisos exprés y cancha inclinada desde el arranque.

La nueva “Cerveza Tren Maya” no es el problema en sí; es el símbolo. Porque cuando el Estado —a través de los militares— decide producir, distribuir y vender, deja de ser árbitro para convertirse en jugador… y uno que además pone las reglas.

“Ya estamos dando las últimas”, advierten los empresarios locales. Y no es exageración. Cuando competir implica medirse contra una estructura que no responde a las mismas reglas del mercado, el desenlace es previsible: cierre de negocios, concentración de poder y economías regionales subordinadas a un solo actor.

La pregunta ya no es si el Tren Maya será rentable o si su cerveza tendrá buen sabor. La pregunta es cuánto espacio le va a quedar a cualquiera que no vista uniforme.

Porque cuando todo lo administra la milicia, lo civil no desaparece de golpe… pero empieza a marchitarse.

Con información: ELNORTE/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tu Comentario es VALIOSO: