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sábado, 20 de junio de 2026

«PIDE CAPELLA a SHEINBAUM ESCUCHAR en VEZ de SOLO OIR y le RESTREGA la VIOLENCIA de BAJA CALIFORNIA»…menos foto, mas realidad.


Alberto Capella Ibarra —activista, ex jefe policial reciclado en media República y viejo conocido del discurso de “mano firme”— decidió aprovechar la gira presidencial en Baja California para lanzarle un mensaje directo a Claudia Sheinbaum: menos foto, más realidad.

Desde sus redes, Capella pintó un estado que no cabe en los informes optimistas: comercio asfixiado, turismo con miedo, filas fronterizas que desesperan y una rutina de extorsión y homicidios que ya no sorprende a nadie, pero sí desgasta a todos. Básicamente, la postal incómoda que rara vez llega al templete.

El ex secretario no se anduvo con rodeos: pidió que la Presidenta deje de escuchar el eco de los aplausos oficiales y se siente con quienes no salen en la selfie institucional —empresarios, médicos, policías, familias rotas por la violencia—, esa mayoría silenciosa que no encabeza marchas ni ocupa sillas en los presidiums.

Porque, según Capella, Baja California no necesita otro evento bien producido; necesita que alguien voltee a ver lo que pasa cuando se apagan las cámaras.

Y datos hay. El INEGI coloca al estado en los primeros lugares de percepción de corrupción, mientras la semana dejó su propia bitácora roja: ataques contra agentes federales en Tijuana, cuerpos con narcomensajes en Tecate y el asesinato de un mando estatal. Nada que no se sepa… pero todo lo suficientemente grave como para no seguir maquillándolo.

De paso, el mensaje también llevó destinatarios locales: una clase política más ocupada en la siguiente candidatura que en resolver lo básico —gobernabilidad, justicia y algo parecido a la paz. Capella incluso le recordó a Sheinbaum aquel regaño en San Quintín, cuando por un momento —dice— sí pareció entender el hartazgo. Momento fugaz, al parecer.

Y es que, aunque Baja California apenas pese en votos, pesa en vitrina: lo que pasa ahí no se queda ahí. Se mira desde California, cruza fronteras y termina afectando la narrativa del país entero. Por eso la petición no fue menor: que deje de ver críticas como oposición y empiece a verlas como diagnóstico.

Mientras tanto, en la realidad no editada, la gira presidencial en San Quintín no fue precisamente un paseo terso. Maestros bloquearon el paso del convoy para reclamar promesas incumplidas del ISSSTE, colonos exigieron servicios básicos y madres buscadoras intentaron, sin mucho éxito, arrancarle unos minutos a la Presidenta para hablar de desaparecidos.

Pero entre bloqueos, reclamos y protocolos, el vehículo oficial siguió su ruta.

Como casi siempre.

Con información: ELNORTE/

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