El ex presidente Andrés Manuel López Obrador no esta tan tranquilo como dicen en la mañanera arguendera. Según Ken Salazar, ex embajador de Estados Unidos en México, el tabasqueño anda con el Jesús en la boca tras la caída de Ismael “El Mayo” Zambada, temiendo lo que el capo pudiera cantar del otro lado de la frontera.
La revelación aparece en un libro de memorias —Las Fronteras: Mi Lucha por un EU incluyente, que sale en julio bajo el sello BenBella Books— y que ya circula en versión anticipada. Ahí, Salazar cuenta que a finales de agosto de 2024 un empresario cercano a López Obrador, al que llama “El Susurrador”, le soltó la bomba: AMLO estaba inquieto, muy inquieto.
No era cualquier fuente. El propio Salazar lo describe como alguien que literalmente le hablaba al oído al presidente. Un confidente, un puente informal de poder. Pero esa vez no llegó con elogios ni chismes ligeros. Llegó con advertencia: “AMLO es un hombre diferente… no puede soltar el poder… y está muy preocupado por la información que Estados Unidos pueda obtener de El Mayo”.
La razón no era menor. La posibilidad de que uno de los capos más longevos y enraizados del narcotráfico mexicano decidiera “soltar la sopa” sobre funcionarios públicos —y no precisamente de bajo perfil— encendía todas las alarmas.
El contexto lo explica todo. El 25 de julio de 2024, Zambada apareció entregado en un aeropuerto de Nuevo México en una operación que, según Salazar, tomó por sorpresa incluso a funcionarios estadounidenses. La maniobra se atribuye a Joaquín Guzmán López, hijo de “El Chapo”, quien llegó con él… y también terminó detenido. Salazar asegura que se enteró ese mismo día, ya como embajador.
Pero más interesante que la captura fue el enfriamiento político que vino después. Salazar relata que, pese a haber construido una relación relativamente cercana con López Obrador desde 2021, el presidente mexicano simplemente le dejó de hablar tras el arresto de Zambada y, sobre todo, después de que el diplomático criticara la reforma judicial impulsada por el gobierno.
El embajador intentó reabrir el canal: le mandó notas privadas, sugirió ajustes, planteó preocupaciones. Respuesta: silencio total. El 23 de agosto de 2024, López Obrador optó por la vía pública y lo acusó de violar la soberanía nacional.
Salazar no se guardó nada en su versión: insiste en que su postura era sobre el Estado de derecho, no sobre intervención. Y remata con un diagnóstico incómodo: los cárteles transnacionales ya tenían comprometidos a muchos funcionarios, y un Poder Judicial electo —como proponía la reforma— podría terminar dándoles aún más margen de maniobra.
El diplomático dejó la embajada el 7 de enero de 2025. Pero su libro sugiere que, detrás del discurso soberanista y la narrativa de control, había algo más: nervios, sospechas… y el fantasma de lo que “El Mayo” pudiera contar.
Con información: ELNORTE/

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