Morena está buscando candidato en Sinaloa entre ruinas que ellos mismos ayudaron a levantar; exigir ahora “perfiles intachables” suena a pedirle honestidad al Cartel de Sinaloa.
La casa quemada y luego el casting
Primero dejaron que el proyecto Rocha se infestara de señalamientos por vínculos con el Cártel de Sinaloa, hasta que Washington tuvo que hacer la chamba incómoda y meter al gobernador y a nueve funcionarios a la lista negra.
Ahora resulta que la prioridad es encontrar a alguien “probo” que exorcice el fantasma del narcogobierno en 2027, como si no supieran quiénes llevaban años operando la plaza. Piden cirujano cuando durante todo el sexenio aplaudieron al pirómano.
El zoológico de cuadros “intachables”
La escena es tragicómica: la senadora Imelda Castro puntea en encuestas, pero en el propio partido admiten que no controla ni un municipio, ni un poder, ni una estructura real; pura simpatía y cero músculo territorial. Es la candidata de los grupos que quieren salvar la narrativa, no el territorio. Del otro lado, los cuadros con verdadera fuerza regional arrastran la marca Rocha tatuada en la frente, justo cuando Estados Unidos ya dejó claro que Sinaloa no era Gobierno, sino franquicia.
Sinaloa, laboratorio de narcogobierno “aspiracional”
Morena dice que no solo se trata de ganar la elección, sino de encontrar a alguien que aguante la presión del crimen organizado, como si el problema hubiera empezado ayer y no llevara décadas institucionalizado. La propia nota pone el contexto: guerra interna entre Los Chapitos y La Mayiza, asesinatos, desapariciones, desplazamientos, una confianza ciudadana hecha polvo, y un Gobierno incapaz de contener la expansión criminal. Quieren vender “rescatar Sinaloa” cuando, en realidad, lo que están buscando es quién ponga la cara mientras se negocia la continuidad del desorden.
El show del “rescate” y los empresarios redimidos
Ahora improvisan mesas con dirigentes, operadores, empresarios, agricultores, universidades y organizaciones civiles, bajo la etiqueta de “proceso de rescate” del movimiento. Traducido: la marca se les está hundiendo y necesitan que la élite local los vuelva a tratar como partido, no como riesgo reputacional. Hablan de un candidato que pueda “hablar con todos”, pero todos ya aprendieron que Sinaloa no se gobierna con discursos, sino con la lista de a quién no puedes tocar.
Por qué confiar en alacranes es misión suicida
Morena presume que no va a soltar la gubernatura, que ceder Sinaloa a aliados sería un “revés” para el proyecto de Sheinbaum, pero al mismo tiempo reconoce que una victoria sin capacidad de corregir el rumbo podría salir igual o más cara rumbo a 2030. No están pensando en la seguridad de los sinaloenses, sino en el costo político nacional de admitir que el narco les secuestró la plaza. Y mientras posponen la decisión hasta septiembre, la pregunta de fondo sigue intacta: si la estructura que hoy domina Sinaloa nació y creció dentro del mismo partido, ¿a quién quieren engañar cuando prometen que ahora sí habrá “liderazgo limpio”?.
Con información: ELIA CASTILLO/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

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