Alejandro Gertz,exfiscal de la FGR premiado por su silencio como embajador en Reino Unido; es un fideicomiso con chofer y Rolls-Royce enviado a Londres para que el sistema mexicano se lave la cara mientras presume transparencia desde el penthouse.
El fiscal imperial y sus juguetes
Trece propiedades, siete autos de lujo —dos Rolls-Royce, claro—, joyas por unos 18 millones de pesos y arte por otros 8 millones: el inventario suena más a catálogo de subasta que a declaración patrimonial de un servidor público de 86 años. Todo esto salió a la luz no por convicción ética, sino porque al nuevo embajador en Reino Unido lo obligan a enseñar las cuentas para poder posar junto al retrato de la reina en alguna recepción.
Gertz se aferró años a la “autonomía del ministerio público” para no transparentar nada, como si la autonomía fuera licencia para blindar el patrimonio familiar y los secretos bancarios. Al final, Claudia Sheinbaum lo empujó a dejar la Fiscalía en 2025, pero lo hizo caer en la embajada con la suavidad de quien acomoda un jarrón caro en otra repisa del mismo museo.
Heredero precoz y patriota selectivo
La versión oficial dice que Gertz heredó buena parte de sus bienes a los tres años, cuando su padre y su abuelo, cónsul de Alemania, fueron señalados de ayudar al régimen nazi y decidieron adelantar sucesiones para que el Estado mexicano no les tocara ni un ladrillo. Es decir, el niño Alejandro aprendió desde la cuna que el verdadero patriotismo consiste en salvar el patrimonio, no la democracia.
En su declaración actual, el embajador reconoce ocho propiedades como fruto de ese legado familiar, pero el relato de “todo es herencia” se cae en cuanto aparecen, como fantasmas inmobiliarios, las casas que no salieron en la lista. No es que falte memoria; lo que falta es voluntad de incluir en el Excel los departamentos en Ibiza, París y Nueva York que medios españoles, franceses y estadounidenses ya habían documentado años atrás.
El arte de omitir: Ibiza, Foch, Central Park
El País recuerda que no hay rastro en la declaración de los triplex en Ibiza de unos cinco millones de euros que investigó en 2022. El Universal ya había señalado un departamento en la avenida Foch, en el 16º arrondissement de París, donde los vecinos se preocupan más por la vista que por la ética de sus residentes. Univision suma un departamento frente a Central Park, ese parque que, para la élite latinoamericana, es algo así como el certificado de pertenencia al club global del privilegio.
En papel, Gertz solo reconoce una casa en California y un departamento en Madrid, como si el resto fueran simples lapsos administrativos, un detalle menor que no merece figurar en las dieciséis páginas de su declaración. Es el minimalismo patrimonial: declarar lo justo para cumplir el trámite, omitir lo suficiente para seguir jugando al magnate discreto.
Paraísos fiscales y transparencia tropical
El periodista Jesús Lemus, que ya lo bautizó “fiscal imperial” en un libro, dice que lo más jugoso de la fortuna de Gertz no está en las casas, sino en los bancos suizos y en las islas Caimán. Ahí, donde los políticos latinoamericanos mandan sus culpas financieras a descansar, mientras en público juran que todo proviene del trabajo honrado de la familia y de alguna historia épica de sacrificio.
Los Paradise Papers ya habían exhibido que Gertz fue vicepresidente de una sociedad registrada en las islas Caimán para manejar activos patrimoniales, una especie de bóveda offshore con título elegante. En su declaración habla de cuentas en Credit Suisse y en bancos de Estados Unidos y España, sin molestarse en mencionar montos: la transparencia tropical consiste en decir “tengo cuentas”, pero nunca cuánto hay dentro.
Corrupción probable, investigación improbable
Además de fiscal, Gertz fue secretario de Seguridad Pública con Vicente Fox, un cargo donde la línea entre política de Estado y negocio privado se dibuja con lápiz y se borra con contratos. Las sospechas de malversación lo acompañan desde años, pero nunca han llegado a convertirse en investigaciones serias: el sistema mexicano es muy eficiente cuando se trata de cuidar a sus funcionarios con patrimonio XXL.
La publicación de su fortuna ha escandalizado a la opinión pública, pero el gobierno ha optado por la estrategia clásica: silencio administrativo, ninguna reacción, ni siquiera un gesto simbólico de incomodidad. Es el mensaje perfecto para el ecosistema político: acumular propiedades en tres continentes no es problema, siempre y cuando sigas siendo útil como pieza en el tablero diplomático.
Con información: LEMONDE.FR/

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