Creyó la golondrina que el verano había llegado porque oyó fanfarrias en Palacio y vio gráficas verdes en la pantalla mañanera. Pero bastó que soplara el viento del Secretariado Ejecutivo para revelar que aquello no era canto, sino balazo.
Los siete estados más sanguinarios del país decidieron subirle el volumen al plomo entre febrero y marzo. La mitad de los asesinatos de México se cocinan ahí mismo, en las cocinas del infierno que el gobierno presume “pacificando”: Guanajuato, Chihuahua, Baja California, Morelos, Guerrero, Estado de México y Oaxaca. Siete focos rojos que prendieron todos al mismo tiempo.
Los números se mueven como la temperatura del asfalto:Guanajuato subió casi 15%, Chihuahua y Baja California cerca de 30%, Guerrero duplicó víctimas con un salto de 94%. Y mientras tanto, desde el podio del optimismo, alguien asegura que “vamos bien”.

El promedio nacional también se calentó: de 42.6 homicidios por entidad en febrero a casi 50 en marzo. Cincuenta muertos cada mes por estado; un verano eterno para las morgues y funerarias.
Así que aquella golondrina que creyó ver el sol de la victoria confundió los rayos con llamaradas. Porque en México, los discursos florecen en primavera, pero la realidad siempre huele a pólvora.
Con informacion: ELNORTE/

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