Un convoy militar “confunde” a un joven que va a chambear en moto y la respuesta institucional es simple: le avientan la patrulla encima, lo fracturan y luego “van a determinar responsabilidades”.
Redacción irreverente del caso
En la Ribereña, a la altura de Estación Anzaldúas, un chavo de 25 años, Eduardo “N”, iba en moto rumbo a su trabajo en un parque recreativo. No iba armado, no iba en caravana, no iba tirando balas: iba a ganarse la vida.
Se topa con un convoy del Ejército Mexicano y, según los reportes, los soldados lo “confunden con sospechoso”. En la práctica, la “sospecha” se traduce en una técnica táctica muy avanzada: cerrarle el paso con la unidad militar y embestirlo.
El resultado: el motociclista sale proyectado, termina con fractura en una pierna y múltiples lesiones, tirado a un costado de la carretera. La esposa embarazada llega al sitio, entra en crisis nerviosa y también tiene que ser atendida por paramédicos; o sea, el operativo militar ya dejó por lo menos a dos víctimas directas en una familia.
Una tía, testigo, lo resume mejor que cualquier parte castrense: “simplemente le echaron la patrulla encima”, sin advertencia previa. Después llega la Guardia Nacional, levanta testimonios, se hace el clásico “parte correspondiente” y todos felices… menos el que va a salir del hospital con fractura y trauma, si es que no lo terminan responsabilizando de algo.
Delitos cometidos por los militares
Con base en lo narrado en la nota, se pueden identificar varios delitos y violaciones:
- Lesiones calificadas:
- El joven resultó con fractura en una pierna y otras lesiones por el impacto directo de la unidad militar.
- No fue un “choque accidental” cualquiera; hay relato de que le cerraron el paso deliberadamente y lo embistieron, lo que encaja en una conducta dolosa o, mínimo, con una imprudencia criminalmente relevante.
- Abuso de autoridad (militares en funciones de seguridad pública):
- Los soldados, al actuar en tareas de seguridad, están obligados a usar la fuerza de forma proporcional, racional y gradual.
- Cerrar el paso con un vehículo pesado y embestir a un civil que va a su trabajo excede por completo cualquier uso legítimo de la fuerza y se configura como abuso del cargo.
- Posible tentativa de homicidio (dependiendo de la investigación):
- Usar una unidad militar para embestir a una persona vulnera directamente la vida; no es una maniobra de “neutralización suave”, es potencialmente letal.
- Si se acredita que hubo intención de detener “a como diera lugar” usando el vehículo como arma, la calificación puede subir a tentativa de homicidio.
- Violación a la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza:
- No hay advertencia previa; la familiar afirma que solo “le echaron la patrulla encima”.
- No se aprecia ningún intento de identificación, verbalización o medidas menos lesivas antes de usar la fuerza letal mediante el vehículo, lo que viola los principios de proporcionalidad, gradualidad y racionalidad.
Desmenuce de la violación recurrente
Lo que pinta como “incidente aislado” es, en realidad, el mismo patrón de siempre: militarización, impunidad y civiles convertidos en blancos por “sospechosos”.
- Sospecha = licencia para lesionar
- La nota remarca que la justificación extraoficial es que lo “confundieron con delincuente”.
- El problema estructural: en el terreno, la etiqueta de “sospechoso” anula la presunción de inocencia y habilita el castigo corporal inmediato, sin orden, sin investigación y sin control judicial.
- Vehículos militares como armas, no como patrullas
- En lugar de seguimiento, verificación, marcaje con luces, alto verbal o aseguramiento controlado, la opción es embestir con una unidad de alto peso.
- Esa práctica es recurrente en el despliegue militar: se usa la camioneta como herramienta de choque, equiparable a usar un arma, pero con la coartada de “accidente de tránsito”.
- La narrativa oficial: “investigarán”
- El cierre de la nota: “autoridades informaron que se elaborará el parte correspondiente para determinar responsabilidades”.
- Traducción al castellano político: se va a escribir un reporte, a congelar en una carpeta y a justificar que los elementos “actuaron conforme a protocolo” porque “el contexto de riesgo lo ameritaba”.
- Víctimas colaterales normalizadas
- El motociclista queda con fractura y lesiones; su esposa embarazada tiene crisis nerviosa; la familia se planta en el lugar a reclamar.
- Aun así, el foco institucional no está en reparar el daño, sino en blindar la actuación militar: la Guardia Nacional llega a “tomar conocimiento”, no a detener a nadie.
- Repetición: de excepción a regla
- La escena es típicamente fronteriza: carretera, convoy militar, civil en moto, balanza de poder totalmente inclinada hacia las fuerzas armadas.
- Mientras la regla operativa siga siendo “primero tumba, luego preguntas”, estas lesiones y posibles homicidios tentados seguirán apareciendo disfrazados de “confusión” y “operativos de seguridad”.
Con informacion: Hoytamaulipas/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: