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miércoles, 17 de junio de 2026

«CELOS y RECELOS: PRESUMEN DIFERENCIAS del GENERAL TREVILLA con HARFUCH y REPITEN la HISTORIA de GENARCO GARCIA VS MILITARES»…hay razones sobradas para desconfiar de Batman y el de ellos.


En Palacio Nacional todo indica no se respira unidad, se administra. Y cuando el afecto escasea, se raciona como con cálculo, con recelo y, sobre todo, con mensaje político.

Asi lo refiere e infiere hoy Mario Maldonado, periodista de EL UNIVERSAL que señala que ayer la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum fue sintomática de lo que sucede dentro de su Gabinete, especialmente en el área de seguridad. Más que la presentación de cifras, fue una defensa política del equipo encargado de la estrategia de seguridad y dedicó varios minutos a agradecer a los integrantes de su Gabinete de Seguridad. Mencionó a Omar García Harfuch, al general Ricardo Trevilla, al almirante Raymundo Morales, a Rosa Icela Rodríguez, a Marcela Figueroa y a los responsables de inteligencia y procuración de justicia. 

A decir del comunicador el mensaje fue deliberado. Ocurrió justo cuando dentro y fuera del gobierno se multiplican las versiones sobre diferencias y disputas de poder entre quienes encabezan la política de seguridad nacional ,aunque no dice que igual ocurrió con el «Otro Garcia’, Genaro García Luna,enfrentado al entonces Secretario de Defensa General Guillermo Galvan Galvan,tal y como cita PROCESO.

En el mismo texto, el periodista señala que la estrategia de seguridad ya no tiene como eje visible a las Fuerzas Armadas, como ocurrió durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y el rostro de la política de seguridad es Harfuch. Él encabeza las conferencias, comunica los operativos, anuncia las capturas relevantes y concentra buena parte de la interlocución con Estados Unidos», refiere.

Y ahí es donde comienzan las tensiones y afirma que desde hace meses, en las reuniones de seguridad de las seis de la mañana se comenta la creciente centralización de decisiones en torno al secretario de Seguridad. 

El general Ricardo Trevilla, titular de la Defensa Nacional, conserva el control operativo de miles de elementos desplegados en el país, pero la coordinación de inteligencia y la interlocución internacional recaen cada vez más en Harfuch.

En la Defensa existe incomodidad por la creciente influencia política del secretario de Seguridad y por la percepción de que los éxitos operativos se atribuyen a una sola dependencia cuando detrás participan Ejército, Marina, Guardia Nacional y otras áreas del gobierno. 

Las diferencias entre Harfuch y Trevilla no son un secreto. Quienes conocen la dinámica cotidiana del gabinete relatan que el titular de la Defensa suele responder a los comentarios sobre el supuesto protagonismo del secretario de Seguridad con una frase que se ha repetido más de una vez. “La diferencia es que yo no busco otro cargo ni ser presidente”. 

La expresión refleja la percepción que existe en algunos sectores militares sobre la creciente exposición pública de Harfuch. Del otro lado, el secretario ha rechazado una y otra vez cualquier aspiración presidencial o electoral.

Asi que “Celos y más recelos” no es un exceso retórico: es la única forma de describir cómo la narrativa mediática está procesando —y amplificando— las tensiones dentro del aparato de seguridad. La prensa nacional no está descubriendo diferencias; las está enmarcando bajo un molde conocido: el del choque entre poder civil-policial y poder militar.

Un añadido: donde estan los federales que no quiso el ejercito y traen sentimiento de revancha

En septiembre de 2022, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo claridoso: “:”De la Policía Federal salieron los que ahora están en la cárcel o prófugos“, para enseguida fustigar a Genaro Garcia Luna ,quien como respuesta, pero hasta septiembre de 2024,lo acuso de Narco desde la prision.

Con el preámbulo buscamos ilustrar que muchos de aquellos federales, cuya corporación fue extinta por el ex-presidente ,muchos renunciaron y muchos mas permanecieron en la Guardia Nacional, la cual una vez que quedo en manos del ejercito, terminó por deshacerse del “estorbo” que le representaban estos elementos provenientes de la Policía Federal con quienes tenian problemas de disciplina un dia si y otro tambien.

Pero esos mismos federales que durante años —sexenios enteros— cargaron con fama de corruptos, de extorsionadores, de aliados del crimen organizado con quienes hacían negocios al amparo del uniforme y que tan bien los conceptua la periodista Anabel Hernandez. La misma que muchos antes de la captura de Garcia Luna,nos dijo quien era cuando el narcopolicia hacia alarde de poder, incluso por encima de la Marina y el Ejercito,como hoy lo hace su pupilo Omar Garcia Harfuch.

¿Y dónde fueron a dar los exfederales? 

Pero tal y como ya lo habia adelantado El Universal en agosto de 2025, estos se fueron directo con Omar García Harfuch a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. 

Así, los elementos que López Obrador despreció y estigmatizó como “herencia podrida” ahora reaparecen con traje nuevo en áreas sensibles: inteligencia, análisis e investigación.

Chango viejo… ¿maroma nueva?

Pues dicen que no. Porque aunque con nuevas siglas y nuevos jefes se intente blanquear el pasado, los vicios bien aprendidos son como tatuaje: ahí se quedan.

El discurso del “borrón y cuenta nueva” suena bonito en mañaneras o en actos oficiales, pero la realidad es más tozuda: lo que en su momento fue una corporación en decadencia, hoy se recicla bajo otro mando, «causalmente» con el mismo pasado,tan asi,que nunca pudo pasar un examen de control de confianza, pues los reprobaba cada que lo cuestionaban ante el polígrafo,sobre la relación que guardaba con narcos.

Los ciudadanos, claro está, ahora miran con suspicacia: ¿pueden realmente reinventarse quienes por años fueron señalados como parte del problema y no de la solución? 

¿Es Harfuch un redentor, un exaliado del crimen organizado arrepentido ?,sera capaz como cuña del mismo palo de domar viejos demonios ? o simplemente esta en pausa esperando aterrizar las viejas prácticas, pues ya se oyen esos malos oficios en gran parte del pais a donde ha mandado a sus incondicionales que ahora tienen diferencias con el ejercito.

Así que la pregunta es inevitable: en este país donde lo viejo nunca muere sino que se recicla,le toca a los ciudadanos esperar que la maroma nueva sea actitud y no mera pose de la pausa de Batman.

Con informacion:ELUNIVERSAL+/MARIO MALDONADO/ ELUNIVERSAL+/

«CARO se DOBLÓ para NO ROMPERSE: JEFE de JEFES COMPARECIO en CORTE de NY en MEDIO de ENORMES MEDIDAS de SEGURIDAD»…unico poder que le queda,es el del dedo y la lengua.


Rafael Caro Quintero volvió a Brooklyn y, para variar, la nota del día no fue él, sino el miedo que provoca su nombre en el sistema de justicia gringo. La fiscalía no está armando un juicio, está montando un búnker: jurado anónimo, parcialmente aislado, escoltado de ida y vuelta como si fueran testigos protegidos del apocalipsis.

La audiencia de 10 minutos

La audiencia duró unos 10 minutos, lo que tarda un noticiero en irse a comerciales, pero alcanzó para que el juez Frederic Block pusiera nueva cita para el 1 de octubre, como si estuviera agendando limpieza dental y no el caso de uno de los narcos más famosos de la historia reciente. Caro Quintero, 72 años encima y el mote de “Narco de narcos” colgado desde los ochenta, se sentó en la corte de Brooklyn a escuchar cómo discuten su futuro como si fuera trámite de ventanilla.

El jurado en modo testigo protegido

La fiscalía pidió que ni los nombres, ni las direcciones, ni los lugares de trabajo del jurado se conozcan; ni las partes, ni los abogados, ni nadie. Quieren que los 12 ciudadanos sean trasladados diariamente por el Servicio de Alguaciles, aislados del público, blindados contra “acoso, intimidación u otra interferencia”, como si cualquier mirada de más pudiera convertirse en mensaje de un cártel.

Juicio blindado y verdad recortada

El gobierno de Estados Unidos también quiere aplicar la Ley de Procedimientos para el Manejo de Información Clasificada (CIPA), una joya legal que permite mutilar expedientes en nombre de la seguridad nacional. Traducción: partes del caso se verán en público, pero el hilo fino –la inteligencia, los acuerdos, los tropiezos del Estado– se contará en resúmenes higiénicos para que nadie vea cómo se cocina la “justicia” en la cocina de seguridad nacional.

El calendario del narco de narcos

Mientras tanto, el reloj judicial avanza con la parsimonia de burócrata en viernes: siguiente audiencia el 1 de octubre de 2026 y un juicio tentativamente programado para el 8 de marzo de 2027, siempre y cuando no haya acuerdo de culpabilidad antes. 

Todo esto para un hombre que ya vio pasar al Cártel de Guadalajara, a la DEA ochentera, al TLCAN, a la “guerra contra el narco” y ahora al jurado anónimo escoltado Servicio de Alguaciles.

Con informacion: ELUNIVERSAL/

«DOS SEMANAS y NADA: HABLA MADRE de ROXANA la PERIODISTA LEVANTADA JUNTO con el IMPERIO de la LEY en OTRO ESTADO SIN ESTADO de DERECHO»…no imponen la ley, apenas la observan pasar…cuando no la escoltan.


A la periodista Roxana Guzmán se la llevaron como se llevan a cualquiera en un territorio donde la autoridad es decorado. A plena luz del día, frente a sus padres, sus hijos, su hermano y sus sobrinos, un comando armado entró a su casa en Nanchital y ejecutó lo que en cualquier país con gobierno sería impensable: un levantón doméstico, metódico y sin prisa. 

La tiraron al suelo, la esposaron, la golpearon, la exhibieron y finalmente la arrastraron hasta desaparecerla “rumbo a lo desconocido” en la version 2.0 del segundo piso en México 2026.

Dos semanas después, no hay rastro. Sí hay, en cambio, la escena completa del crimen, el video, los testimonios, los golpes, el terror infantil, la humillación familiar. Hay todo… menos Estado.

Los agresores iban vestidos como policías. Y eso ya ni sorprende: en amplias zonas del país, la diferencia entre autoridad y delincuencia es un asunto estético. Uniforme oscuro, armas largas, pasamontañas. La madre pensó que era la policía. Error comprensible en un lugar donde la ley y su parodia se parecen demasiado.

Doce personas sometidas en su propio patio. Un padre enfermo pateado en las piernas. Una adolescente encañonada en su habitación. Un niño de siete años despertando con un arma en la cara. Disparos, amenazas, caos. Y luego, la frase que resume el colapso institucional: “Vaya a la comandancia”.

Claro. ¿A cuál? ¿A la real o a la que acaban de montar en su patio?

Mientras tanto, el Estado hace lo que mejor sabe hacer cuando ya falló: llegar tarde y administrar la narrativa. La Fiscalía “atrae” el caso —como si atraer expedientes fuera equivalente a encontrar personas—, los operativos van y vienen, la presencia oficial aparece unos días y luego se evapora. La familia, en cambio, no se mueve: sigue ahí, rota, insomne, esperando.

La madre, Rubicelia Ramírez, lo dice sin eufemismos: esto es un infierno. Y en México, el infierno ya tiene estructura administrativa. Se denuncia, se integra carpeta, se promete, se archiva. Y, con suerte, se olvida.

Veracruz reincide como epicentro de la violencia contra periodistas. No es novedad, es consistencia. Desde el año 2000, es el lugar donde más comunicadores han sido asesinados en el país. Cambian los gobiernos, cambian los discursos, pero el patrón permanece. La actual gobernadora asegura que las agresiones “no son por su trabajo periodístico” y presume “absoluta libertad de expresión”. Libertad, sí: para desaparecer, para matar, para callar.

El mismo día del secuestro de Roxana, mientras el país miraba la inauguración del Mundial, a 300 kilómetros asesinaban a otro periodista. Dos realidades simultáneas: el espectáculo y la fosa.

La escena es brutal pero precisa: una periodista local, con una página de Facebook, cubriendo lo que nadie más cubre —desaparecidos, accidentes, lo cotidiano—, arrancada de su casa por hombres armados que operan con la tranquilidad de quien sabe que nadie los va a detener. Ese es el verdadero mensaje, no el secuestro en sí, sino su impunidad.

Porque aquí el problema ya no es solo la violencia. Es su normalización burocrática.

La familia buscó ayuda donde se supone que vive el poder. La madre le pidió a la presidenta apoyo, no como mandataria, sino como madre. El gesto fue empático. El resultado, hasta ahora, inexistente. Hubo vigilancia unos días. Luego, nada. El Estado aparece, se toma la foto emocional y se retira.

Hoy, la seguridad de la familia depende más de asociaciones civiles que de las instituciones. Duermen una o dos horas. El niño no duerme. El padre llora. Y Roxana sigue desaparecida.

Así funciona el país: el ciudadano resiste, el crimen opera y el gobierno administra expectativas.

El Estado de derecho no fue secuestrado ese 2 de junio. Lleva años levantado. Lo de Roxana fue solo otro recordatorio —documentado, viral, innegable— de que en ciertas regiones de México la ley no desapareció: fue reemplazada.

Y nadie parece tener prisa por recuperarla.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/BEATRIZ GUILLEN

EL «MUNDIAL MATA PERIODISTAS: MEXICO se CUELGA la MEDALLA y VERACRUZ se CORONA CAMPEON en LIBERTINAJE que ASESINA COMUNICADORES»…todos bajo gobernanza narca,sin importar el color de la barda.


México se colgó una medalla mundialista en libertinaje de matar periodistas, y Veracruz presume orgulloso el oro como el estado más letal, con un podio manchado de 210 nombres entre asesinados y desaparecidos en 26 años.

El “mundial” mexicano de matar periodistas

En el marcador oficial de Artículo 19, México acumula 177 periodistas asesinados desde el año 2000 hasta hoy, más 33 desaparecidos, para un total de 210 casos que se reparten como si fueran estadísticas de torneo.
La cifra viene con asterisco: todos estos crímenes están “posiblemente” relacionados con su labor periodística, porque aquí hasta la verdad tiene que pedir permiso para existir.

En esta Copa del Horror, 165 de las víctimas son hombres y 12 mujeres, pero el género da igual cuando el silenciador suena igual para todos.
La tabla general por estados está clara: Veracruz va primero con 33 asesinatos, seguido de Guerrero con 19, y un triple empate entre Chihuahua, Guerrero otra vez en el conteo ampliado y Tamaulipas con 15 cada uno, como si fueran potencias ofensivas de una liga macabra.

Veracruz, campeón letal indiscutible

Nadie le quita a Veracruz su medalla dorada: es el estado más letal para la prensa en México, acumulando 33 periodistas asesinados desde el año 2000 según el conteo de Artículo 19.

No importa quién gobierne ni de qué color pinte las bardas; la constante es la misma: reportear en Veracruz se parece más a una ruleta rusa que a un oficio.

El caso más reciente del “fixture” veracruzano es el asesinato de Luis Ángel López Valdés, reportero de nota roja en el diario Vanguardia de Veracruz, ejecutado el 11 de junio en Poza Rica.

A eso se suma la desaparición de la periodista Roxana Berenice Guzmán, levantada por hombres armados en Nanchital el 2 de junio, y cuyo paradero sigue siendo una pregunta que el Estado responde con silencio administrativo.

La tabla de muerte por sexenio

Si esto fuera un álbum Panini del horror, cada presidente tiene su propia colección de muertos: Zedillo aporta 3, Fox 22, Calderón 48, Peña Nieto 27, López Obrador 47 y la nueva administración de Claudia Sheinbaum ya suma 10 asesinatos de periodistas.

México, mientras tanto, mantiene su reputación internacional como uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, compitiendo en ligas mayores con zonas de guerra declarada.

En 2022 se rompió el récord de temporada con 13 asesinatos, entre ellos los de Margarito Martínez, Lourdes Maldonado y Armando Linares, nombres que se pronuncian en ceremonias luctuosas pero no en sentencias condenatorias.

Es la única liga donde la impunidad juega de local, golea y encima cobra taquilla.

La medalla mundialista, versión sangre

Mientras se discuten mundiales de futbol y candidaturas para ser sede, México ya tiene su propio mundial: el de periodistas asesinados, desaparecidos y silenciados.

En lugar de medallas FIFA, aquí se reparten esquelas, placas con nombres grabados y memoriales improvisados en plazas públicas donde se exige justicia a gobiernos que contestan con discursos y oficios.

Veracruz, en esta narrativa, no solo es “el estado más letal”, es el campeón defensivo del terror: homicidios, desapariciones y amenazas que convierten a cada reportero en objetivo móvil.

Las organizaciones documentan, las familias entierran y el aparato de justicia observa desde la banca, con la misma parsimonia con la que presume “mecanismos de protección”.

Con información: ELUNIVERSAL/

«SENADOR MORENARCO ACUSADO por EE.UU se ATORNILLA a la SILLA y dice la TERNURITA que PERMANECERÁ con FUERO hasta el 2030″… con una cartita telenovelera de los «Ricos también lloran».


Acusado por autoridades de Estados Unidos de presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, el Senador de Morena Enrique Inzunza, decidió mandar un mensaje claro: de la silla no se mueve… al menos hasta 2030. Porque si algo queda claro, es que cuando el poder se consigue, no se suelta fácil.

En su pronunciamiento en redes, el senador básicamente cerró la puerta —con doble seguro— a cualquier intento de competir por la gubernatura que Morena abrirá el 22 de junio. 

«Nada de campañas, nada de riesgos: mejor quedarse donde ya hay fuero, reflectores y sueldo asegurado»

La carta no es una defensa: es una distracción cuidadosamente construida.

El senador no responde a los señalamientos; responde con una biografía. Y no cualquier biografía, sino la más efectiva en política mexicana: la del origen humilde convertido en escudo moral. Cerros, burros, surcos, hambre, esfuerzo. Todo está ahí, perfectamente alineado para provocar empatía y cerrar filas emocionales.

Pero hay un problema: una infancia difícil no absuelve a nadie en el presente.

Decir “uno es lo que ha sido toda la vida” no es una prueba, es una consigna. Porque la trayectoria que describe —de boyero a magistrado, de jornalero a senador— no está en discusión. Lo que está en discusión es otra cosa: los señalamientos actuales, las decisiones recientes, las redes de poder en las que hoy está inserto. Y sobre eso, la carta guarda silencio.

El texto sustituye evidencia con narrativa. Cambia preguntas incómodas por estampas rurales. Cambia acusaciones concretas por una épica personal. Es un desplazamiento clásico: si logras que la conversación gire en torno a quién fuiste, evitas responder por quién eres.

También hay una apropiación calculada del “pueblo”. Invocar a los “700 mil sinaloenses” funciona como blindaje simbólico, como si el voto fuera una certificación permanente de integridad. No lo es. El voto legitima el cargo, no cancela el escrutinio.

Y luego está la frase final: “Siempre recto, nunca enderezado”. Más que afirmación, suena a consigna defensiva. Porque cuando alguien necesita declararse recto de forma tan enfática, en medio de cuestionamientos graves, ya no está describiendo una cualidad: está intentando imponer una narrativa.

La carta no busca aclarar; busca conmover. No ofrece respuestas; ofrece identidad. Y en política, cuando alguien cambia argumentos por emociones, generalmente es porque los argumentos no le alcanzan.

Con informacion: ELNORTE/ REDES/

"LA ABOGADA de ROCHA MOYA que TAMBIEN CHAMBEA de PRESIDENTA dijo PODRÍA NEGAR su EXTRADICIÓN a ESTADOS UNIDOS"...se entiende, cae una ficha y caen todas las mulas del dominó.



La Presidenta Claudia Sheinbaum no está defendiendo el Estado de derecho; está administrando una coartada.

La escena es conocida: invocar la falta de “pruebas suficientes” como si el estándar aplicable a una solicitud de detención provisional con fines de extradición hubiera sido el mismo que el de una sentencia condenatoria. No lo es. Y no lo dice la oposición: lo dice el propio tratado de extradición entre México y Estados Unidos.

El instrumento bilateral es claro: la detención provisional procede precisamente para evitar la fuga del reclamado mientras se integra el expediente formal. No exige un juicio completo, ni una carpeta blindada al nivel de una sentencia firme. Exige elementos razonables que justifiquen la urgencia y la posterior solicitud formal. 

Convertir ese umbral en una especie de “prueba plena” no es rigor jurídico; ha sido una reinterpretación política con destinatario específico, un miembro de su camada, que si cae y hablase cae todo como fichas de domino.

Cuando la Presidenta insiste en que “si no hay pruebas, el Gobierno dice no”, omite deliberadamente que el procedimiento tiene etapas. La detención provisional no sustituye al juicio de extradición: lo precede. Es un mecanismo cautelar, no un veredicto anticipado. Exigir en esa fase lo que corresponde a la etapa posterior es, en los hechos, vaciar de contenido el tratado.

Más revelador aún es el paralelismo que intenta construir con el caso de Cabeza de Vaca,aunque el dicho suena justo, la equivalencia es engañosa. Cada solicitud se evalúa bajo sus propios méritos, tiempos procesales y estándares probatorios. Usar un caso para justificar otro no es doctrina jurídica; es narrativa política selectiva. Y en este caso, convenientemente alineada con la militancia del implicado.

Porque el problema de fondo no es técnico, es político: la Presidenta actúa más como abogada de oficio de un miembro de su coalición que como jefa de Estado obligada a cumplir un tratado internacional. No está defendiendo la soberanía; está administrando lealtades. Y lo hace mediante una distorsión del lenguaje jurídico que, aunque suene convincente en conferencia matutina, no resiste una lectura básica del acuerdo bilateral.

La soberanía no consiste en incumplir tratados, sino en honrarlos bajo sus propios términos. Lo contrario no es defensa nacional, es discrecionalidad con barniz no patriótico, patriotero.

Si el gobierno estadounidense no cumple con los requisitos del tratado en la etapa correspondiente, México tiene toda la facultad de rechazar la solicitud. Pero adelantar ese rechazo imponiendo estándares impropios de la fase procesal en curso no es legalismo: es blindaje político.

Y eso, más que una postura de Estado, se parece demasiado a una defensa de camarada.

Con informacion: ELNORTE/