Joaquín Guzmán ya no escribe cartas, escribe boletines de la nostalgia: un capo acostumbrado a hablarle al presidente ahora le dicta oficios a la Corte de Nueva York para que le marquen a Claudia Sheinbaum como si fuera servicio a clientes del narcoestado.
El capo que extraña Los Pinos
El hombre que llenó fosas, pistas clandestinas y portadas, ahora llena expedientes con papel membretado “Pro Se”, como si la autosuficiencia jurídica borrara décadas de balas y sobornos.
Desde el agujero de ADX Florence, donde la ventana es un privilegio teórico, el ex CEO del Cártel de Sinaloa descubrió que su nueva plaza se llama “Corte del Distrito Este de Nueva York” y que el juez Brian Cogan es ahora su único “contacto” realmente estable.
El cliente que reclama al sistema
Van quince cartas: ya no parece un recurso legal, parece la sección de quejas de un consumidor inconforme con el producto “cadena perpetua sin beneficio alguno”.
En cada hoja, “El Chapo” asegura que él no mató, que fue “el gobierno mexicano” y que, pobrecito, solo intentaba proteger a su familia, como si la guerra que desató fuera un legítimo negocio familiar malinterpretado por la DEA.
De Palacio a “Palacio Nacional, Plaza de la Constitución s/n”
Lo más delirante no es que pida regresar a México, lo más delirante es que en plena carta formal a la Corte se vea obligado a explicar quién es la presidenta de México, como si estuviera llenando un formulario de Uber Eats: “La presidenta de México es Claudia Sheinbaum Pardo y su sede es Palacio Nacional, Plaza de la Constitución s/n…”
El capo que durante años presumió tener línea directa con el poder ahora tiene que mandar la dirección completa de Palacio Nacional, código postal incluido, para ver si en Brooklyn le hacen el favor de marcarle a la nueva inquilina.
Diplomacia estilo cártel jubilado
La jugada es casi tierna: si no le contestan los abogados, si lo ignora el juez, a lo mejor la presidenta se compadece del abuelito del narco y pide “humanidad” para regresar el problema a casa.
Detrás del drama personal hay un mensaje político obsceno: un capo internacional todavía cree que la ruta para mejorar su condena pasa por la puerta principal del poder mexicano, como en los viejos tiempos de “usted nada más dígame con quién hablo”.
El silencio que duele más que el encierro
Hasta ahora, ni la Presidencia de México ni los tribunales de Estados Unidos se dignan a darle el gusto del mínimo espectáculo: no hay respuesta oficial, no hay negociación, solo sellos de recibido y un sistema que lo tolera en papel pero lo borra del mapa real.
Para un personaje hecho de corridos, túneles y titulares, el verdadero castigo no es la supermax: es este limbo burocrático donde puede escribir todo lo que quiera… y que nadie, en el poder, tenga ya la necesidad de contestarle.
Con informacion: ELUNIVERSAL/

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