Mientras el discurso oficial sigue estirando la liga de la “investigación en curso”, la realidad vuelve a alcanzar al caso Ayotzinapa por la puerta trasera: un exmilitar, Enrique Martínez Chávez, vinculado a la desaparición de los 43 normalistas, no cayó por una impecable coordinación judicial mexicana, sino por algo mucho más mundano —no pudo comprobar su estancia legal en Estados Unidos.
La Fiscalía General de la República informa, con su habitual tono aséptico, que el exsoldado fue internado en un centro migratorio en California.
Traducido: uno de los hombres que estaba en activo la noche del 26 de septiembre de 2014, asignado al 27 Batallón de Infantería en Iguala —sí, el mismo cuya actuación ha sido sistemáticamente minimizada— ahora está bajo custodia, pero no por la presión de la justicia mexicana, sino por las reglas migratorias estadounidenses.
Martínez Chávez no es un actor periférico. Era parte del engranaje militar en Iguala la noche en que los estudiantes fueron desaparecidos. Tenía nombre, número de matrícula, unidad, cadena de mando. No era un espectador. Y, sin embargo, durante años, la narrativa institucional ha intentado encapsular el caso en policías municipales y crimen organizado, como si el Ejército hubiera sido un mero testigo pasivo de una operación que ocurrió en su propia zona de control.
La orden de aprehensión en su contra por desaparición forzada existe. Pero llega tarde, como tantas otras cosas en este expediente. Mientras tanto, el hecho de que un elemento del Ejército —adscrito al 27 Batallón en el momento clave— termine detenido en otro país refuerza lo que durante años se ha intentado diluir: que la línea entre omisión, encubrimiento y participación directa de fuerzas militares en Ayotzinapa sigue siendo una herida abierta.
La FGR dice que “continúa con la indagatoria”. Lo que no dice es por qué, más de una década después, piezas como esta siguen apareciendo fuera del control del propio Estado mexicano. Ni por qué cada nuevo nombre con uniforme vuelve a incomodar la versión oficial.
Porque el problema nunca ha sido la falta de datos. Ha sido qué se hace —o qué se evita hacer— con ellos.
Con informacion: ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: