La directora de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas, Sara Carter —la nueva “zarina” antidrogas de Donald Trump— clarifico este fin de semana en una entrevista transmitida por el programa American Thought Leaders, con el presentador Jan Jekielek, que fue la inteligencia de EE.UU quien ubicó a Nemesio Oseguera, ahora extinto lider del Cartel de Jalisco,pero ademas soltó una advertencia que suena menos a diplomacia y más a ultimátum: los funcionarios mexicanos que hayan protegido al Cártel de Sinaloa están en la lista… y el que no coopere, pasa directamente a la mira.
“Estamos apuntando a todos los funcionarios que han protegido al Cártel de Sinaloa”, dijo Carter. Sin matices. Sin diplomacia. Sin anestesia.
La lógica de la Casa Blanca es igual de directa: cooperación o consecuencias. Carter dejó claro que la “credibilidad” de Trump no está en los discursos, sino en su disposición a cumplir amenazas. En otras palabras: Washington apuesta a que el miedo haga lo que la confianza no logró en años.
Carter aseguró que ahora el foco está en Sinaloa, donde —según la narrativa de Washington— no sólo operan cárteles, sino redes políticas que los protegen. Incluso, en un desliz revelador, se refirió al llamado “clan Culiacán” como una especie de “Ku Klux Klan”, equiparando a funcionarios mexicanos con una estructura de complicidad casi sectaria.
Que dijo Sarah Carter: Según su relato, la fórmula fue simple: inteligencia estadounidense, gatillo mexicano.
«Especially with El Mencho, with CJ&G. When we were able to go after El Mencho, and we did it through our intelligence, but using the Mexican National Guard, the Mexican Special Forces, General Trevilla, his operation. They cooperated with us.
We said, look, here’s the information. Come on! And they did. And we’d never seen anything like it before.
It wasn’t like that. It wasn’t in that same way. It wasn’t with that kind of cooperation.
And, by the way, right now, you know? Dealing with the guys in Sinaloa, all the government officials who are part of the Ku Klux Klan clan, you know? Who have protected the Sinaloa cartel, and Los Chapitos, and Los Mayitos, and, you know? Joaquín Guzmán, you know? The whole operation. The whole El Chapo operation. We can do that, one, because the Mexican government, like many of the governments in our hemisphere, knows that President Trump means what he says.
He simply said it. He said, «We’re going to come after you. If you don’t cooperate with us, we’re going to object to you.»
Traduccion:
«Especialmente con El Mencho, con CJNG. Cuando pudimos ir por El Mencho, lo hicimos a través de nuestra inteligencia, pero utilizando a la Guardia Nacional mexicana, a las Fuerzas Especiales mexicanas, al general Trevilla, su operación. Ellos cooperaron con nosotros.
Les dijimos: miren, aquí está la información. ¡Vamos! Y lo hicieron. Y nunca habíamos visto algo así antes.
No era así. No era de esa misma manera. No era con ese tipo de cooperación.
Y, por cierto, ahora mismo, ¿saben? Tratando con los tipos en Sinaloa, todos los funcionarios del gobierno que son parte del clan , ¿saben? Que han protegido al cártel de Sinaloa, y a Los Chapitos, y a Los Mayos, y, ¿saben? Joaquín Guzmán, ¿saben? Toda la operación. Toda la operación de El Chapo. Podemos hacer eso, primero, porque el gobierno mexicano, como muchos de los gobiernos en nuestro hemisferio, sabe que el presidente Trump cumple lo que dice.
Simplemente lo dijo. Dijo: “Vamos a ir por ustedes. Si no cooperan con nosotros, vamos a oponernos a ustedes”.
Carter cambió el tono cuando pasó de presumir coordinación a lanzar advertencias.
“Ahora mismo estamos tratando con la gente de Sinaloa, con todos los funcionarios que han protegido al cártel, a Los Chapitos, a Los Mayos, a toda la operación de ‘El Chapo’”, dijo.
La lógica detrás de esta ofensiva, explicó, descansa en un principio que en la Casa Blanca consideran probado: la amenaza funciona y funciona bien.
“Podemos hacerlo porque el gobierno mexicano, como muchos en nuestro hemisferio, sabe que el presidente Trump cumple lo que dice. Él lo dejó claro: ‘Vamos a ir por ustedes. Si no cooperan, actuaremos contra ustedes’”.
No es diplomacia. Es doctrina de presión directa.
Todo esto ocurre mientras en Nueva York se cocina algo mucho más explosivo que cualquier declaración mediática. El 29 de abril, la Fiscalía del Distrito Sur acusó formalmente al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a otros nueve funcionarios de alto nivel por delitos que en Estados Unidos no se negocian con discursos: narcotráfico, armas de guerra y conspiración. Las penas van de 40 años a cadena perpetua.
Uno de ellos, el general retirado Gerardo Mérida Sánchez, ya cruzó la frontera para entregarse. No todos están dispuestos a jugar a la resistencia patriótica cuando el juicio es en Nueva York.
Del lado mexicano, la respuesta ha sido la esperada: proteccion descarada enmascarada de nacionalismo.Tan asi,que la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó en la reciente semana que el caso Rocha ni siquiera estuvo en la agenda de la última reunión bilateral de seguridad. Oficialmente. México exige pruebas que esta etapa procesal claramente INcumplen con el Tratado de Extradición de 1980.
Pero la presión sigue subiendo.
El ex jefe de la DEA, Derek Maltz, ya pidió que Omar García Harfuch encabece las detenciones. Y Trump acaba de mover una pieza clave: nominó a Jay Clayton —el fiscal que armó el caso contra Rocha— como próximo director de Inteligencia Nacional. Es decir, puso al hombre que conoce los expedientes mexicanos en la cima del aparato de inteligencia estadounidense.
Nada de esto es casual.
Washington está alineando discurso, fiscalías e inteligencia en una misma dirección: convertir la narcopolítica mexicana en un caso judicial transnacional. Y si eso implica tensar la relación bilateral, parece que en la Casa Blanca ya hicieron las cuentas.
La pregunta ya no es si habrá choque, sino hasta dónde Mexico va resistir o dejará de proteger a la camada criminal del narcoestado Moreno.
Con información: AMERICAN THOUGHT LEADERS/

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