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sábado, 13 de junio de 2026

A «PUERTA CERRADA: MANDAMÁS de AMLO en MORENA JUNTA SUSPIRANTES en GUERRERO para EVITAR que se DESPEDACEN»…ya no están en campaña contra la oposición, sino contra sí mismos.

A puerta cerrada, sin filtraciones —o eso intentaron—, Morena volvió a hacer lo que mejor sabe: simular orden mientras hierve la olla. En un salón de hotel en Acapulco, Ariadna Montiel, nueva mandamás del partido por ordenes de Andres Manuel Lopez Obrador , y Citlalli Hernández, árbitra oficial de las candidaturas, se encerraron toda la mañana del viernes para diseñar reglas de “civilidad” entre una decena de aspirantes en Guerrero. Traducción: evitar que se despedacen antes de tiempo por una candidatura que todavía ni existe formalmente.

No es un caso aislado. Montiel lleva semanas recorriendo el país como bombera política, tratando de enfriar a un partido que ya entró en modo guerra interna. Falta menos de un año para las elecciones del 6 de junio de 2027, y en la llamada Cuarta Transformación la disciplina se evaporó: más de 50 figuras de alto nivel —senadores, diputados, alcaldes y funcionarios federales— ya están en campaña, aunque le llamen de otra forma.

Porque aquí nadie es “precandidato”. Son “coordinadores estatales de defensa de la transformación”, un eufemismo de manual para esquivar la ley electoral. Mientras tanto, Claudia Sheinbaum lanzó una advertencia clara: o cargo público o campaña. Resultado inmediato: tres bajas relevantes en el Gobierno. Rafael Marín Mollinedo dejó Aduanas para ir por Quintana Roo; Esthela Damián salió de la Consejería Jurídica para meterse a la pelea en Guerrero; y Tatiana Clouthier abandonó el Instituto de Mexicanos en el Exterior para buscar Nuevo León. Todos obedecieron… porque la instrucción venía con ultimátum.

El calendario tampoco está claro. Morena había prometido abrir registros el 22 de junio, pero tras la salida de Luisa María Alcalde y la llegada de Montiel, todo apunta a retrasos. Lo único que no se aplaza es la ansiedad. Citlalli Hernández tuvo que salir a desmentir rumores de candidatos ya pactados: según ella, todo se definirá por encuesta. En Morena, eso significa que nadie sabe nada… hasta que alguien ya decidió todo.

El mapa del conflicto es amplio: 17 gubernaturas en juego, con especial intensidad en los 13 estados que ya gobierna el oficialismo. Pero también hay pleito en territorio opositor: Aguascalientes, Chihuahua, Querétaro y el siempre incómodo Nuevo León.

Nuevo León es un buen ejemplo del caos. La salida de Clouthier reactivó a Clara Luz Flores, quien pidió licencia días después. A la lista se suman Judith Díaz, Waldo Fernández, Jesús Elizondo, Andrés Mijes y Felipe de Jesús Cantú. Seis aspirantes, un solo boleto, y cero señales de que alguien piense bajarse.

Guerrero está peor. La renuncia de Esthela Damián movió el tablero en una contienda donde ya hay una decena de nombres: Beatriz Mojica, Abelina López, Guadalupe Eguiliz, Iván Hernández, Amílcar Sandoval, Marcial Rodríguez, Arturo Martínez Núñez… y, por supuesto, Félix Salgado Macedonio, que lidera encuestas pero carga con un problema incómodo: es padre de la actual gobernadora. Morena decidió prohibir las sucesiones familiares antes de que la ley lo obligue en 2030, pero en los hechos nadie parece muy convencido de cumplirlo.

El nepotismo, de hecho, ya es el elefante en la sala. En San Luis Potosí, el gobernador Ricardo Gallardo empuja a su esposa, Ruth González. Si se concreta, Morena podría romper con el Verde a nivel local. En Zacatecas, la historia fue más quirúrgica: Ariadna Montiel intervino directamente para bajar a Saúl Monreal, hermano del gobernador, despejando el camino para Ulises Mejía Haro.

En Chihuahua, la dirigente tuvo que mediar entre Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, otra muestra de que la “unidad” es más discurso que realidad. Y en Querétaro, Santiago Nieto ya dejó el IMPI para competir, pero tampoco la tiene fácil frente a otros aspirantes del propio movimiento.

El Senado se ha convertido en una especie de incubadora de candidatos: nombres como Julieta Ramírez, Lucía Trasviña, Imelda Castro, Raúl Morón, Ana Lilia Rivera y Lorenia Valles ya están en la fila. Del lado del Verde, también hay juego: Jasmine Bugarín, Karen Castrejón y Virgilio Mendoza. En cada estado, al menos tres más levantan la mano. Nadie quiere quedarse fuera del reparto.

Por si faltara algo, los gobernadores también están metiendo mano. Layda Sansores ya destapó a su gallo en Campeche; Alfredo Ramírez Bedolla impulsa a Gladys Butanda en Michoacán; y Alfonso Durazo promueve a dos perfiles en Sonora. El mensaje es claro: la sucesión también se cocina desde los estados, no solo desde la cúpula.

Oficialmente, el registro abrirá a finales de junio y la idea es tener candidatos antes de que termine el verano. Extraoficialmente, la batalla ya empezó hace meses. Y aunque hablen de encuestas, reglas y civilidad, lo que realmente está en juego es quién controla el siguiente reparto de poder dentro del obradorismo sin López Obrador en la boleta.

Porque si algo dejó claro esta reunión en Acapulco es que Morena ya no está en campaña contra la oposición, sino contra sí mismo.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERNESTO NUÑEZ/

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