Trump no solo va por narcos de tercera, también trae en la mira a los jefes políticos de la 4T, y la fiesta apenas empieza, dijo el periodista Steve Fisher de Los Ángeles Times a la también periodista LLia Calderon de UNIVISION.
La “campaña seria” de Washington
Lo que describe Fisher no es un manotazo aislado de la Casa Blanca: es una campaña de largo aliento diseñada para pegarle a los altos mandos mexicanos, con miras a que dure toda la administración de Trump. No están pensando en alcaldes de rancho, sino en gente con fuero, silla de gobernador y línea directa con Palacio Nacional.
La lectura gringa es simple: mientras Morena controle el aparato del Estado, ahí está el objetivo prioritario, y el discurso bonito se llama “anticorrupción”. Traducido del diplomático al castellano: es presión política envuelta en papel celofán moralista.
Gobernadores en la mira
Fisher deja claro que el nivel de juego ya escaló: cuando dice “altos mandos”, está hablando de gobernadores en funciones, no solo de exfuncionarios desechables. El caso Rocha Moya fue el abrelatas, y detrás vienen los nombres de Américo Villarreal y Alfonso Durazo como parte de la misma tanda.
Lo relevante no es solo quién cae, sino el mensaje: si tus estatales se coordinan con el crimen, el problema ya no es “un fiscal corrupto”, sino un esquema de poder completo bajo la lupa del Departamento de Justicia. Y ahí el cálculo político en México empieza a cambiar de tono, porque los gringos sí encarcelan gobernadores… aunque sean de país ajeno.
No es solo Morena… pero Morena manda
Cuando le preguntan si esto se limita al partido en el poder, Fisher reconoce que también podrían venir cargos criminales contra figuras de otros partidos. Pero remata con lo obvio: el gran interés está en Morena porque hoy tiene el control del gobierno federal y de buena parte del mapa estatal.
Es decir, nadie está exento en teoría, pero en la práctica el tiro va dirigido a la fuerza que manda presupuesto, Guardia Nacional y contratos. Los demás partidos sirven de decoración: ayudan a sostener la narrativa de “no es contra México, es contra la corrupción”, pero el blanco está perfectamente trazado.
Etapa inicial
Según Fisher, lo de abril —su nota anticipando la campaña— más los casos Rocha, Durazo y Villarreal apenas son el tráiler, no la película. Estamos en una fase inicial donde apenas se empieza a dimensionar la campaña anticorrupción que viene desde Estados Unidos.
Lo que está por verse es cómo va a aguantar Morena cuando Washington empiece a dosificar expedientes como si fueran capítulos semanales de una serie. Cada imputación puede pegar en tres frentes: opinión pública mexicana, narrativa interna de Trump (“estoy limpiando al vecino corrupto”) y equilibrio de fuerzas al interior del sistema político mexicano.
El momento político para Morena
Fisher lo dice con todas sus letras: estamos al inicio de un momento “muy importante” para Morena, clave para ver cómo le pega esta campaña al partido en el poder. No es solo un problema judicial, es un choque de legitimidades: la 4T vendiendo “purificación de la vida pública” mientras el socio del norte le cuelga medallas de narco y corrupción a sus gobernadores estrella.
Si la dirigencia lo enfrenta con puro discurso de soberanía pero sin limpiar casa, cada nuevo caso desde Estados Unidos le va a ir rompiendo el relato de “no somos iguales”. Y si intentan sacrificar piezas para cuidar al centro, habrá que ver cuántos gobernadores están dispuestos a ser carne de cañón de la narrativa.
Con informacion: UNIVISION/

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