En Tamaulipas,bajo el gobierno de Morena y Americo Villarreal, hay una máxima no escrita: el dinero público no desaparece… solo cambia de manos y de razón social. Y si eres hijo de gobernador, pero ademas consentido de «Doña Vitamina», la primera dama, ni siquiera necesitas firmar: el sistema firma por ti.
El caso de Americo Villarreal Santiago,alias “Ameriquito” —como le dicen en corto— al hijo hampon de la pareja que disfruta de administrar el gobierno como caja registradora, es el ejemplo perfecto del capitalismo a la mexicana versión 4T: sin haber sido votado en las urnas,sin aparecer en papeles, pero con presencia en todos los negocios que casualmente florecen al mismo tiempo que el poder político.
El modelo es sencillo: amigos leales, prestanombres elegantes y una red donde lo público alimenta lo privado y las otras redes,las sociales, los exhiben.
Ahí entra el llamado “club VIP”. Personajes como “Chuy” Chávez, que opera una empresa consentida para vender uniformes al gobierno —negocio redondo: el Estado compra, el amigo cobra—. O Lalo Rocha, funcionario ambiental que, según versiones, entendió que la fauna puede esperar cuando hay cuentas por inflar.
Luego vienen los negocios que parecen sacados de un catálogo de diversificación patrimonial exprés: carne premium de ranchos equipados como si fueran Silicon Valley agropecuario, farmacias operadas discretamente con prestanombres, restaurantes llenos de funcionarios gastando como si el presupuesto fuera infinito, carbón impulsado desde estructuras gubernamentales y hasta vinos de alta gama para brindar por el éxito del modelo.
Porque claro, después de ordeñar el erario, lo mínimo es brindar con etiqueta.
Y como el dinero también compra imagen, el “milagro” no es solo financiero. Socios que bajan de peso, cambian sonrisa, borran imperfecciones… y un protagonista principal que pasa de la calvicie incipiente a una cabellera digna de campaña publicitaria. No es genética: es flujo de efectivo.
Al final, la lección es brutalmente simple: en Tamaulipas la política es pública, pero el negocio es privado. Y mientras el ciudadano paga impuestos, otros construyen imperios con cargo al mismo ticket.
La pregunta no es si esto ocurre. La pregunta es: ¿cuántas franquicias más operan sin letrero?
Con informacion: @Redes/



No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: