A pesar de que The Economist y Bloomberg ya encendieron las luces de emergencia —porque seguir echándole dinero a Pemex puede terminar de poner en jaque la calificación de la deuda mexicana—, el Gobierno de Claudia Sheinbaum parece decidido a mantener abierto el respirador artificial en 2027. Especialistas anticipan que habrá otro rescate, porque al parecer cerrar la llave nunca ha sido opción cuando se trata de la petrolera estatal.
La previsión es que el Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 mantenga la tradición: más dinero público para Pemex y, si no alcanza, más deuda. Porque si un hoyo financiero no se tapa con billetes de los contribuyentes, siempre queda la elegante opción de agrandarlo con créditos.
Luis Miguel Labardini, socio director de Labardini & Christlieb Energy Experts, explicó que Pemex sigue en una “transición” para fortalecer sus finanzas. Traducción: sigue sin salir del pantano, pero con una presentación de PowerPoint que promete que ahora sí va en serio.
Según Labardini, el Gobierno federal cubrirá una parte importante de los compromisos financieros de Pemex en 2027, particularmente el servicio de su deuda. Es decir, el Estado volverá a pasar la tarjeta para pagar una cuenta que la empresa no logra saldar por sí misma.
Además, se analiza que Pemex regrese por su cuenta a los mercados financieros. La idea sería posible, dice, porque el año pasado su deuda financiera bajó 20 por ciento. Un alivio modesto, considerando que la empresa sigue cargando una mochila de obligaciones capaz de doblarle la espalda a cualquier contribuyente.
También podrían venir nuevas transferencias para cubrir los adeudos con proveedores, que rondan los 21 mil millones de dólares. Porque no basta con pagar intereses: ahora también hay que evitar que quienes le venden bienes y servicios a Pemex terminen haciendo fila en la ventanilla de quiebras.
Carlos Ramírez Fuentes, codirector de Integralia Consultores, fue bastante más directo: los problemas estructurales de Pemex siguen intactos y su producción continúa sin despegar. En otras palabras, el paciente no mejora, pero el tratamiento consiste en seguir aumentando la dosis de dinero público.
“Seguramente vendrá algún tipo de apoyo con cargo al erario”, advirtió. Qué sorpresa: otra ronda de recursos de todos para sostener una empresa que, año tras año, promete corregirse justo después de recibir el siguiente cheque.
Gonzalo Monroy, director de GMEC, estima que los apoyos podrían ser del mismo tamaño que los de este año. Pemex, recordó, suele usar notas pre-capitalizadas —las famosas P-Caps— para enfrentar sus compromisos. El truco permite registrar la deuda como contingente, es decir, ponerla discretamente detrás de la cortina para que no luzca tan escandalosa en el escenario principal.
La empresa también podría recurrir a líneas de crédito que no aparecen de inmediato como vencimientos de deuda. Una especie de “no está en la factura, pero ya veremos cómo lo pagamos”.
Pemex enfrenta pagos de deuda por más de 14 mil millones de dólares entre 2027 y 2028. Y, mientras tanto, su producción no levanta, sus pasivos se acumulan y el país sigue apostando a que algún día el gigante petrolero deje de pedir rescates como si fueran aguinaldo.
Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Grupo Financiero Base, señaló que los apoyos gubernamentales en efectivo a Pemex sumaron 2 billones 43 mil millones de pesos entre 2019 y 2026. Una cifra suficiente para recordar que esto ya no parece una ayuda temporal, sino una suscripción obligatoria que los mexicanos pagan sin haberla contratado.
En proporción del PIB, esos apoyos equivalieron a entre 0.5 y 1.5 por ciento anual durante ese periodo; respecto de los ingresos presupuestarios, representaron entre 2.1 y 6.5 por ciento. Dicho sin maquillaje: una porción relevante del dinero público se ha ido a mantener a flote a Pemex, mientras el resto del país compite por las migajas.
Óscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del IMCO, considera que la inversión en Pemex será la pieza clave del Presupuesto 2027, aunque reconoce que ya casi no queda margen para aumentarla. El problema es que el margen fiscal se agotó hace rato, pero la costumbre de rescatar a Pemex parece tener crédito ilimitado.
Para Ocampo, la política de apoyos será la gran incógnita del PPEF 2027. Todo lo demás, dice, crecerá por inercia. Pemex, en cambio, seguirá siendo el eterno caso especial: una empresa que no produce lo suficiente, debe demasiado y, aun así, conserva acceso preferencial a la cartera pública.
Con información: ELNORTE/

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