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jueves, 10 de septiembre de 2026

A “QUE MI GENERAL: DOS AÑOS de GUERRA después y en SINALOA el AVANCE es ADMITIR que siguen PERDIENDO el TERRENO”… ni misión cumplida ni territorio asegurado; el enemigo sigue disparando.


La admisión del General Sinhué Tellez,secretario de Seguridad de Sinaloa no es un parte de victoria: es la confirmación de que el frente sigue roto. Dos años de guerra después, el gobierno pide confianza mientras reconoce, sin rubor, que no ha recuperado el control del terreno; es decir, cambia el uniforme del mando, pero conserva el mapa de la derrota.

Hace dos años Sinaloa entró en una espiral de violencia, el secretario de Seguridad Pública estatal, Sinuhé Téllez López, salió a dar un parte que, traducido del dialecto burocrático al lenguaje de campaña, equivale a esto: la misión no se ha cumplido, el territorio no ha sido asegurado y el enemigo sigue teniendo capacidad de fuego, movimiento y propaganda.

Pero, eso sí, pide confianza.

“Seguimos trabajando”, dijo. La frase favorita de toda retaguardia política cuando el frente se está desmoronando. Porque una cosa es trabajar y otra muy distinta es avanzar. 

Una columna puede marchar en círculos durante meses, gastar combustible, desplegar hombres, montar retenes y repartir comunicados; aun así, si no recupera barrios, carreteras, comercios y tranquilidad, no está ganando una batalla: está administrando una ocupación fallida.

El general reconoce que la situación “todavía no ha sido revertida”. Dos años. Veinticuatro meses. Cientos de amaneceres con miedo, levantones, homicidios, desplazamientos, extorsión y parálisis social. 

En una operación militar seria, el tiempo no es un dato decorativo: es munición que se agota, moral que se desgasta y terreno que se cede. Una victoria que tarda demasiado en llegar comienza a parecerse peligrosamente a una derrota con ruedas de prensa.

El general chino Sun Tzu, experto en el arte de la guerra, lo dejó escrito hace más de dos milenios: “No hay ejemplo de un país que se haya beneficiado de una guerra prolongada” y hablamos de mas de dos décadas,no dos años.

En Sinaloa, sin embargo, parecen haber convertido esa advertencia en manual operativo: prolongar el conflicto, rotar mandos, anunciar reforzamientos un dia si y otro tambien,presumir coordinación + inteligencia y vender paciencia como estrategia. El problema es que una guerra larga no favorece al gobierno que debe proteger a la población; favorece a quien ya conoce las brechas, controla las rutas, infiltra comunidades y puede esperar sentado a que el Estado cambie otra vez de comandante.

La promesa oficial vuelve a ser la misma: Guardia Nacional, inteligencia, investigación, coordinación interinstitucional, atención a las causas y denuncias al 089 y 911. El catálogo completo. La caja de herramientas exhibida por enésima vez, como si no llevara años en la mesa sin lograr desmontar el aparato criminal. Es la vieja maniobra de cambiar las etiquetas de las cajas mientras el arsenal enemigo sigue intacto.

Porque no basta decir “inteligencia” cuando el adversario sigue anticipando operativos, sembrando rumores y provocando vandalismo con información falsa sobre la supuesta captura de un objetivo prioritario. Eso no es un detalle menor: es guerra psicológica. Si un bulo puede encender la ciudad, entonces alguien más conserva capacidad de comunicación, de movilización y de intimidación. Y quien controla el miedo controla una parte del terreno.

La llegada de Téllez López, tras la remoción de otro mando militar en medio de la crisis, se parece menos a un rediseño estratégico que a una sustitución de piezas en una máquina que no arranca. Remover a un general sin haber cumplido la misión no convierte automáticamente el fracaso en “transición coordinada”; a veces sólo confirma que el alto mando perdió la iniciativa y necesita otro rostro para explicar el mismo estancamiento.

La pregunta no es si el secretario tiene currículo, grados o condecoraciones. La pregunta era si traia una estrategia distinta o sólo una nueva firma al pie del mismo parte. Porque mandar al mismo aparato a ejecutar la misma doctrina, en el mismo infierno y con resultados acumuladamente insuficientes, no es innovación: es insistir en que un tanque puede apagar un incendio de gasolina.

Y si después de dos años el gobierno todavía habla de que la solución irá “poco a poco”, conviene recordar otra lección de Sun Tzu: quien llega tarde al campo de batalla encuentra al enemigo descansado y dispuesto. En Sinaloa, la población ya no necesita promesas de una victoria futura; necesita pruebas de que el Estado dejó de confundir el despliegue con el control, la presencia con la autoridad y la demora con la estrategia.

Porque en seguridad, como en la guerra, el tiempo perdido no queda neutral: lo ocupa el adversario.

Con información: NOROESTE/

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