El Gobierno de Jalisco ha encontrado, por fin, a su verdadero enemigo: no es el CJNG, no son las fosas, no es la cifra de más de 16,000 personas desaparecidas, son… las fichas pegadas en las plazas públicas.
Normalidad de fantasía
Mientras las familias y madres buscadores deciden parar búsquedas y apariciones públicas porque el clima tras la caída de Nemesio Oseguera “El Mencho” huele a pólvora, a amenaza y a código rojo permanente, el Gobierno insiste en que “se está regresando a la normalidad”. Normalidad es, por lo visto, que quienes buscan tengan que escoger entre la vida y el derecho a encontrar a los suyos, porque ya ni la Guardia Nacional ni la Sedena los acompañan de forma sistemática en fosas y recorridos.
Los colectivos lo dicen claro: no pueden arriesgarse sin protección, pero tampoco pueden dejar de buscar porque las desapariciones no se detienen “con o sin códigos de emergencia”. El Estado, en teoría obligado a garantizar ese derecho, responde con ventanillas abiertas, comunicados correctísimos… y operativos legislativos para que nadie vea demasiadas fotografías de desaparecidos en el espacio público.
La creatividad legislativa
En el Congreso local se discute una iniciativa que nació —en teoría— para proteger las fichas de búsqueda y evitar que fueran retiradas, y que terminó convertida en un proyecto para prohibirlas en ciertos lugares. Es el primer caso documentado de una ley que muta de escudo para las víctimas a detergente visual para limpiar la ciudad de rostros incómodos, justo cuando se acerca el Mundial y habrá cámaras, turistas y patrocinadores mirando.
Organizaciones y familias ya hablan de un “blanqueamiento” de Guadalajara: no de calles, sino de conciencia pública, porque la prioridad parece ser que los visitantes no vean la dimensión de la tragedia, no que los habitantes de Jalisco dejen de desaparecer. El discurso oficial, señalan, suena más a carta de presentación para la FIFA y para inversionistas que a mensaje de tranquilidad y responsabilidad frente a quienes viven entre narcofosas, balaceras y halcones.
El narco desaparece, el Estado tapa
El CJNG ha convertido Jalisco en una fábrica de desaparición, reclutando sobre todo a jóvenes de entre 10 y 19 años, con incrementos anuales de hasta 72% en ese rango de edad. Las familias y organizaciones documentan dos destinos principales: casas de seguridad donde hay tortura, asesinatos y fosas clandestinas en municipios como Zapopan y Tlajomulco, y el reclutamiento forzado vía falsas ofertas de trabajo en redes sociales.
Investigaciones académicas describen una maquinaria que necesita decenas de miles de operadores —mecánicos, cocineros, sicarios— para sostenerse, y que “desaparece” personas cuando intentan vender un coche, buscar empleo o incluso tras accidentes. A esto se suma la colusión, omisión o autorización de autoridades que permiten que grupos criminales entren a casas, levanten gente en la calle y operen con suficiente confianza como para vigilar, amenazar y poner en la mira a las mismas familias buscadoras.
Gobernar es prohibir fichas
En lugar de garantizar búsquedas seguras, fortalecer acompañamientos y desmantelar las redes que sostienen la maquinaria de desaparición, el aparato político local se concentra en regular el papel y el pegamento. Las fichas se vuelven el nuevo “problema de seguridad”: no porque generen violencia, sino porque exhiben la violencia que el Estado no quiere que salga en la foto oficial del Mundial.
Así, mientras los colectivos cancelan o posponen búsquedas por semanas o meses, el Gobierno hace maromas para que el estadio Akron y sus alrededores luzcan impecables, sin rostros en blanco y negro que arruinen la postal futbolera. El mensaje de fondo es brutal: la ciudad puede llenarse de narco, pero no de carteles de “Se busca”; el terror es tolerable, el recuerdo público de las víctimas, no.
Jalisco ofrece hoy una lección de cinismo institucional: cuando no puedes o no quieres detener las desapariciones, siempre puedes intentar desaparecer a quienes las denuncian del paisaje urbano. Y mientras el narco se encarga de borrar cuerpos, el Gobierno ensaya cómo borrar fichas, pancartas y memorias, no vaya a ser que al mundo le dé por ver lo que pasa cuando se apagan las luces del estadio.
Con información: ERIKA ROSETE/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/















