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sábado, 5 de septiembre de 2026

“¿VAN A APRETAR MÁS?: los SATrapas del FISCO VAN por los MISMOS CONTRIBUYENTES CAUTIVOS”…perfeccionan el arte de exprimir a los ya localizados.


Mientras en el Congreso federal vuelven a sacar del cajón las propuestas para “ajustar” impuestos —ese eufemismo burocrático que suele significar pagar más, declarar más y equivocarse menos—, el SAT mantiene intacta su vocación de SATrapía: no amplía de manera significativa el universo de contribuyentes, pero sí perfecciona el arte de exprimir a los ya localizados.

El padrón de contribuyentes activos apenas creció 0.97 por ciento en 2025, según el Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum. La base quedó en 87.7 millones de personas físicas y morales. En español fiscal: el fisco casi no encontró nuevos cautivos, así que decidió revisar con mayor entusiasmo a los que ya tienen RFC, buzón tributario y la mala costumbre de contestar requerimientos.

La tasa de expansión de la base gravable es la más baja, cuando menos, desde el año 2000. Pero lejos de ser una señal para preguntarse por qué millones permanecen fuera de la formalidad, el aparato tributario parece haber elegido una solución más eficiente para sus indicadores: cobrarle, revisarle y fiscalizarle más al contribuyente identificado. Si no crece el padrón, que crezca la auditoría.

Los números describen la evolución del modelo: los actos de fiscalización terminados pasaron de 21 mil 572 en 2021 a 47 mil 525 en 2025. En los primeros meses de 2026, el SAT ya reportó 32 mil 557 actos concluidos y proyecta cerrar el año con 62 mil 229. Es decir, la recaudación no necesariamente se está construyendo con más inclusión tributaria, sino con una creciente capacidad de tocar la puerta —electrónica, desde luego— de los mismos contribuyentes de siempre.

El mensaje implícito parece claro: no importa tanto ensanchar la base, sino profundizar la zanja. México conserva una informalidad laboral cercana a 55 por ciento de la población ocupada, pero el aparato fiscal concentra su puntería en la mitad que sí está visible, facturando, declarando y dejando huella digital en cada CFDI. A los invisibles de la economía informal se les observa como fenómeno estructural; a los formales, como oportunidad de cumplimiento.

Mario Rizo, socio de Gobierno Corporativo de Salles Sainz Grant Thornton, advierte que una base tributaria que deja de crecer al ritmo de la economía limita la capacidad futura de financiamiento del Estado. Dicho sin lenguaje de presentación corporativa: si el gobierno no logra incorporar nuevos contribuyentes, tarde o temprano agotará la paciencia, el flujo y la capacidad de pago de los mismos de siempre.

Rizo atribuye el freno a la formalidad a una combinación conocida, pero persistentemente ignorada: baja productividad de las microempresas, burocracia administrativa, costos laborales, contribuciones de seguridad social, escasos incentivos tangibles y un crecimiento económico moderado. Para un pequeño negocio, formalizarse no siempre se percibe como entrar al sistema; con frecuencia se siente como entrar a una sala de espera con obligaciones, recargos potenciales, declaraciones periódicas y una ventanilla que nunca termina de cerrar.

La paradoja es incómoda: el Estado necesita más contribuyentes, pero la formalidad sigue siendo cara, compleja y poco seductora para millones. En vez de convertirla en una ruta accesible y rentable, el SAT parece consolidar otro principio rector: al que ya cayó en la red, que no se le escape ni una deducción.

Con información: ELNORTE/

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