México se parece cada vez más a una familia que cobra casi lo mismo desde hace años, pero tiene una lista de pagos automáticos que no deja de crecer: renta, colegiaturas, pensiones de los abuelos, mensualidades, intereses de la tarjeta y transferencias obligatorias a parientes. Cuando por fin llega la quincena, más de la mitad ya tiene dueño antes de que alguien piense en reparar el techo, comprar medicinas o invertir en el negocio familiar.
Eso es el deterioro del espacio fiscal: no es que el Gobierno de la Presidenta Sheinbaum se haya quedado literalmente sin dinero, sino que el dinero disponible para decidir qué hacer con él se está encogiendo de forma alarmante.
La porción del ingreso presupuestario que no estaba amarrada a gasto rígido pasó de 67.3 por ciento en el primer semestre de 2018 a 51.7 por ciento en el mismo periodo de 2026: 15.6 puntos porcentuales menos, o casi dos puntos por año. Es decir, la familia mexicana del presupuesto ya no administra una chequera; administra una colección de recibos vencidos o por vencer.
El problema es que los compromisos fijos han corrido mucho más rápido que los ingresos.Entre el primer semestre de 2018 y el de 2026, el gasto rígido creció 72.7 por ciento en términos reales, mientras los ingresos tributarios apenas aumentaron 30.1 por ciento y los ingresos presupuestarios 16.9 por ciento.
Traducido al lenguaje doméstico: los gastos obligatorios subieron como si la familia hubiera contratado servicios premium, ampliado las ayudas permanentes y aceptado créditos más caros, pero el sueldo apenas recibió un ajuste modesto.
Como proporción de la economía, ese gasto rígido pasó de 6.4 por ciento del PIB en 2018 a 10.6 por ciento en 2025, y podría rondar 10.7 por ciento en 2026. Son 4.3 puntos del PIB adicionales en apenas ocho años. No es un descuido de caja chica: es haber convertido una parte creciente del ingreso nacional en pagos que el Gobierno ya no puede recortar sin costo político, social o financiero.
La cuenta empezó a pesar más desde 2023, cuando coincidieron dos presiones: por un lado, aumentó el costo financiero de la deuda —los intereses de la tarjeta gubernamental—; por otro, siguieron expandiéndose las transferencias del Bienestar, que desde el inicio del sexenio de Andrés Manuel López Obrador ganaron una participación mayor dentro del gasto público. Una familia puede ayudar a sus integrantes, por supuesto; el problema aparece cuando promete ayudas permanentes mientras el pago de sus deudas también se encarece y sus ingresos no despegan.
El cálculo del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria ilustra el tamaño del encierro: el espacio fiscal, es decir, lo que queda tras pagar pensiones, transferencias a estados y recursos para empresas públicas del Estado, se redujo de 4.8 por ciento del PIB en 2018 a apenas 1.7 por ciento en 2026. En la metáfora doméstica, antes quedaban casi cinco pesos de cada cien para emergencias, mejoras o proyectos; ahora quedan menos de dos.
Y el Paquete Económico 2026 confirmó que alrededor de 80 por ciento del gasto total ya está comprometido. Así que, si llega una urgencia —un hospital que requiere equipo, una escuela deteriorada, una obra indispensable, una crisis económica o un desastre natural— el margen para responder no sale de un cajón secreto: sale de recortar la porción cada vez más pequeña que sigue siendo flexible, o de pedir prestado.
Ahí está el riesgo de fondo. Si la tendencia continúa, más de la mitad del ingreso presupuestario quedará permanentemente atrapada en componentes rígidos. La consolidación fiscal —bajar el déficit y ordenar las finanzas— tendría que hacerse sobre el pedazo más flaco del presupuesto, mientras Hacienda no plantea un rediseño fiscal que encuentre fuentes nuevas y sostenibles de financiamiento. En otras palabras: la familia ya no está discutiendo cómo prosperar; está calculando qué necesidad dejará para después sin que la casa se venga abajo.
En resumen: México no está administrando un presupuesto, sino una quincena hipotecada. O recauda mejor, revisa compromisos que crecen sin freno o seguirá pagando la casa con el dinero destinado a reparar el techo
Con información: ELNORTE/

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