El gobierno federal a cargo de Claudia Sheinbaum se desgañita diciendo “no queremos guerra”, pero el gobernador de Morena que administra el desorden en Michocan,presume que le acaba de autorizar la DEFENSA montar ametralladoras calibres .50 en patrullas: eso no es pacificación, es declarar que el campo de batalla ya es la calle y que el ciudadano va en medio del tiro al blanco.
La “paz” con cañón .50
- El propio Bedolla presume que Sedena ya le autorizó “armas colectivas” de calibre .50 o mayor para montarse en vehículos oficiales tipo Rhino o Sandcat, al nivel del Ejército y Marina.
- Estas armas pueden perforar blindaje ligero, destruir vehículos y derribar aeronaves de baja altura; su poder de fuego convierte cualquier colonia en zona de guerra si se usan en entornos urbanos, con alto riesgo para civiles que ni la deben ni la temen.
Qué significa realmente un calibre .50
Un rifle o ametralladora calibre .50 dispara proyectiles capaces de atravesar paredes, motores y chalecos comunes, con un alcance efectivo de más de un kilómetro en configuraciones militares, por lo que “tirarle al malo” implica poner en la mira a cualquiera que esté detrás, al lado o cerca.
Montar estas armas en patrullas convierte a la policía en artillería ligera sobre ruedas: no es un simple “reforzamiento”, es asumir que los enfrentamientos serán de guerra abierta, con balas que no distinguen entre narco, vecino o niño que iba pasando.
El discurso triunfalista vs los muertos
Mientras Bedolla y su aparato repiten que hay una reducción de hasta 60–70% en homicidios dolosos y que 2025 fue “el año más bajo en una década”, el propio estado sigue acumulando cientos de asesinatos al año y arranca 2026 con masacres y policías ejecutados.
Si la violencia estuviera “domada”, no habría necesidad de pedir a la Defensa calibres .50, mil armas largas de uso exclusivo del Ejército y vehículos blindados para patrullar pueblos y ciudades; la narrativa de éxito choca de frente con el arsenal que están sacando del clóset.
La trampa de “equipar a la policía”
El gobernador presume que estas armas colectivas darán “mayor capacidad de fuego” para enfrentar cárteles, pero se niega a decir cuántas ni qué modelos “por tema táctico”, dejando a la población desinformada sobre el calibre de riesgo que circulará por sus calles.
El incremento salarial y la capacitación quedan como decorado, mientras el mensaje central es claro: el Estado no logró desarmar a los grupos criminales, así que decidió parecerse a ellos en poder de fuego, elevando la apuesta y también el tamaño de las balas que pueden matar a un inocente.
Del “abrazos, no balazos” al “balazos XXL”
Autorizar calibres .50 a policías estatales no es una medida neutral: institucionaliza la guerra de alto poder en una entidad que ya figura entre las de mayor violencia, pese a todos los boletines que venden “históricos avances de pacificación”.
El discurso oficial habla de paz, pero la logística es de conflicto armado: patrullas artilladas, calibres de guerra, blindados y mil armas largas nuevas; lo único que no blindan es la vida del ciudadano que va a seguir en medio, escuchando al gobierno celebrar cifras mientras esquiva balas que atraviesan paredes.
Con informacion: LA OPINION/

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