En Comitán, Chiapas, no sorprende que no hayan sorprendido a la Guardia Nacional combatiendo al narco, sino organizando su propio after clandestino dentro del cuartel: alcohol, mujeres civiles, presunta cocaina y tropa disfrazada de “gente decente”.
Cuartel o congal, que alguien avise
Mandos de la Guardia Nacional llegaron a “supervisar” la estación de vías de comunicación y se toparon con una escena que no desentonaría en la zona roja: elementos vestidos de civil, dos mujeres originarias de Tuxtla Gutiérrez, botellas de tequila, chelas y presuntos estupefacientes.
El titular de la estación, en lugar de rendir parte, intentó salir por la ventana como ladrón de vecindad, mientras sus muchachos corrían a esconderse en los dormitorios del cuartel.
“Disciplina militar” versión barra libre
Tras la fiesta sorpresa, los concentraron para exámenes toxicológicos y de alcohol: algunos dieron positivo a cocaína, otro a marihuana y varios con aliento etílico de antro de tercera, no de “cuerpo de élite”.
El parte oficial habla de relevo de personal e inicio de procedimientos por “actos contrarios a la disciplina militar”, como si hubieran olvidado firmar una lista, no convertido instalaciones federales en salón de fiestas privadas.
No es la oveja negra, es el corral
El gobierno presume cientos de cuarteles de la Guardia Nacional como símbolo de orden y presencia del Estado, pero cada tanto aparece el video, la foto o el hilo exhibiendo a elementos entre alcohol, civiles y droga donde se supone que hay cadena de mando y “honor militar”.
Lo de Comitán no suena a desliz aislado de tres “edecanes”, sino al síntoma de un cuerpo donde la frontera entre cuartel, cantina y guarida es cada vez más porosa, especialmente en zonas calientes donde la GN debería ser contención y termina siendo parte del paisaje del desmadre que también termina en muerte dentro de cuarteles seguros.
El mensaje que queda
Mientras al ciudadano se le pide confiar en la Guardia Nacional como la gran apuesta de seguridad del régimen, la postal en terreno es la de soldados encerrados con civiles, sustancias y alcohol en instalaciones pagadas con recursos públicos.
El cuartel-congal de Comitán deja claro que el problema no es solo de “manzanas podridas”: es de una institución que, sin controles reales, puede convertir el uniforme en pase VIP para hacer en el cuartel lo que otros hacen en un burdel… solo que aquí la cuenta la paga el erario o…el narco,lo que tampoco sorprende,salvo que a nadie aprehenden.

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