El General Guillermo Briseño Lobera fue designado como Comandante de la Guardia Nacional, en sustitución del General Hernán Cortés Hernández.
Briseño Lobera no solo fue premiado con la Guardia Nacional: lo suben después de hacer guardia en la Tercera Región Militar, una de las vitrinas más claras del fracaso de la “pacificación” en Sinaloa y Durango.
El ascenso: del desorden regional al mando nacional
- Briseño Lobera llega a la comandancia de la Guardia Nacional tras una “restructuración” por jubilación en Sedena, no por resultados milagrosos en el terreno.
- Hasta ayer era comandante de la Tercera Región Militar, con jurisdicción en Sinaloa y Durango, epicentro de balaceras recurrentes, disputas internas y “operativos de alto impacto” con impacto social mínimo.
- Estuvo alrededor de 15 meses al frente de la región con sede en Mazatlán, periodo en el que la violencia siguió marcando la agenda y los cárteles no acusaron recibo del “relevo estratégico”.
Currículum oficial: el general perfecto en el país equivocado
- Ingresó al Heroico Colegio Militar en 1981 y es general de División/Diplomado de Estado Mayor, es decir, el molde clásico del mando obediente, académico y perfectamente alineado al guion de la Defensa.
- Trae maestría en administración militar para la seguridad y defensa nacionales, estudios en el Colegio de Defensa Nacional, curso de altos estudios en política y estrategia en Brasil y formación en defensa y políticas de defensa en la agregaduría militar en la Embajada de México en Estados Unidos.
- En el papel, su perfil suena a manual: especialista en seguridad interior, planeación estratégica, mando de unidades de combate y condecorado por años de servicio y “mérito militar” en distintas zonas.
Trayectoria: el funcionario de la guerra infinita
- Ha pasado por los puestos clásicos de la carrera castrense: comandante de batallón de infantería en Guerrero, comandante de la Quinta Brigada de Policía Militar, jefe de Estado Mayor, rector de la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea, además de operador clave en la organización original de la Guardia Nacional.
- Fue comandante de la 16 Zona Militar en Guanajuato, otro laboratorio de “estrategia” donde los homicidios dolosos han sido deporte de alto rendimiento, vulgo fracaso del estado.
- También fungió como Subjefe Operativo del Estado Mayor Conjunto de la Defensa Nacional, es decir, no es improvisado: está empapado de la misma doctrina que lleva años pateando el problema hacia adelante.
Tercera Región Militar: el laboratorio del fracaso
- La Tercera Región Militar se vendió como pieza clave para “reforzar los operativos de seguridad” en Sinaloa y Durango, justo cuando la guerra interna entre facciones del crimen organizado subía de tono.
- Desde octubre de 2024 asumió esa región “para recuperar la tranquilidad y la paz que el pueblo sinaloense anhela”; lo que se vio en la calle fueron más operativos, más despliegues y la misma sensación de plaza administrada, no de plaza recuperada
- Que después de ese periodo lo premien con la Guardia Nacional manda un mensaje claro: en la narrativa oficial, las balaceras no descalifican, solo prueban “capacidad operativa”.
El premio: Guardia Nacional como medalla por sobrevivir
- Su nombramiento se presenta como “nuevo paso en la consolidación” de la Guardia Nacional y “continuidad de la estrategia de pacificación nacional”, pese a que la pacificación se parece cada vez más a una palabra hueca en los discursos y llena de casquillos en el piso.
- Gobernadores como Rubén Rocha Moya lo felicitan y hablan de su “vocación en favor de la seguridad y la paz del país”, mientras las cifras y los hechos en Sinaloa cuentan otra historia mucho menos ceremoniosa.
- El guion es redondo: un general formado, disciplinado, con todos los cursos correctos, sale de una región incendiada para dirigir a la corporación estrella de una estrategia que naufraga; si eso no es premio, suena bastante a blindaje político con uniforme planchado.
Con informacion: NOROESTE/

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