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viernes, 31 de julio de 2026

«QUIEN PROTEGE las HUACHIREFINERIAS ?: los MISMOS que las DEJARON NACER,CRECER y DESARROLLARSE»…no hay detenidos, porque tendrían que esposarse solos.


La mesa de análisis de Circulo Magenta que protagonizan Ramón Alberto Garza y Rodrigo Carbajal es otra vez un cumulo de acusaciones al estado mexicano por su pésimo papel en el combate selectivo al huachicol,esta vez las huAchirefinerias sin detenidos.

Se parte de una investigación dura sobre huachirrefinerías —nombres, empresas, ubicaciones, flujos de barriles, redes inmobiliarias donde se lava el dinero— pero todo termina en indignación, pues criminales montaron una refinería clandestina al ladito de Pemex mientras las autoridades fingían miopía selectiva. La frase “todos la veíamos menos las autoridades” no es solo diagnóstico, es marca de estilo: el programa se construye sobre la idea de que el país está gobernado por un club de ciegos voluntarios.

El enemigo está perfectamente dibujado: la 4T no aparece como gobierno, sino como conglomerado criminal‑energético. 

La historia del huachicol se cuenta como una línea de tiempo del negocio: del piquete artesanal en ductos, a las pipas, luego furgones, luego barcos; cada escalón acompañado de nombres propios, apellidos incómodos y la insinuación permanente de que el combustible robado encontró su cauce natural: financiar campaña, partido y proyecto “transexenal”. 

Dos Bocas sirve de punchline: mientras el gran emblema de soberanía energética presume refinar 144 mil barriles, dos refinerías ilegales independientes producen 25 mil. Es casi una metáfora: la obra magna del sexenio es menos eficiente que la logística del crimen organizado trabajada en outsourcing con políticos, empresarios y mandos militares.

Narrativamente, la mesa funciona como novela negra serializada. Cambian de escenario: Cadereyta, Reynosa, Veracruz, Tabasco. Cambian de personajes: Sergio Carmona, el Güero Marvic, Ángel Arnoldo Ramírez Salinas, testigos estrella que terminan en cortes de Estados Unidos, “primitos” sancionados por el Departamento del Tesoro. 

Pero la lógica es siempre la misma: cada refinería clandestina está a unos metros de alguna autoridad, cada empresa ligada al guachicol tiene tentáculos en la clase política, cada apellido abre una puerta hacia alguien con poder real. Es un mapa no oficial de la captura del Estado.

El sarcasmo no es adorno, es método. Frases como “buenos para refinar guachicol, buenísimos para refinar impunidad” convierten datos duros en consigna. Comparar el desmantelamiento de refinerías sin detenidos con el laboratorio de fentanilo en Chihuahua desmantelado sin siquiera un velador vuelve al Estado una caricatura administrativa: un aparato capaz de tumbar instalaciones millonarias sin cruzarse jamás con un ser humano responsable. 

Y la burla dirigida al espectáculo oficial de la “mañanera” se resume en la provocación: “¿por qué no el quién es quién de las mentiras en las huachirrefinerías?”. No solo atacan la corrupción, atacan el show que pretende administrar la verdad desde arriba.

La parte más interesante, desde el oficio, es la paradoja ética. Por un lado, Código Magenta se niega a asumir el papel de denunciante formal: “no es función de un medio erigirse en quien hace justicia”. Esa negativa tiene sentido; de otro modo, el periodismo terminaría subordinado al ritmo y prioridades del Ministerio Público. 

Pero al mismo tiempo se presenta archivo de evidencias listo para uso: “tenemos más información en este escritorio que toda la autoridad”, “fiscalía, no batallen, aquí están todas las pruebas”. El programa se autoproduce como carpeta de investigación moral, al tiempo que denuncia que las carpetas oficiales están reservadas bajo el sello de seguridad nacional. 

En esa lógica, el reclamo directo a Claudia Sheinbaum no es solo político, es escénico: “tú que eres tan proclive a pedir pruebas, aquí están las pruebas”. Es un desafío pensado para romper la cuarta pared y hablarle al poder mirando a cámara. 

Al mismo tiempo el mensaje es que, si alguien quiere entender de verdad el saqueo petrolero, no va a encontrar la historia en las conferencias oficiales ni en las carpetas de la fiscalía, sino en el escritorio de Magenta que al igual que muchos otros, investigamos lo que nadie quería tocar.

En resumen, la mesa de análisis funciona como tribunal simbólico en un país donde los tribunales formales están capturados, encerrados o amordazados. 

El Estado aparece como cómplice o administrador del negocio;el periodismo, como un ministerio público alterno que no firma denuncias, pero sí dejar claro ante la audiencia que las pruebas ya existen y que la inacción oficial no se debe a ignorancia, sino a conveniencia. 

Más que un programa de análisis, Código Magenta se ha convertido en el espejo incómodo donde el Estado se ve como lo que es… y decide mirar hacia otro lado.

Con información: CODIGO MAGENTA/

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