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lunes, 6 de julio de 2026

«NO que NO TRONABAN PISTOLITA$: AHORA VAN CONTRA TRES MANDOS MILITARES por METER HUACHICOL a lo BESTIA por MATAMOROS»…en «suciedad» con Americo y CDG,Julio Almanza los denunció antes de morir.


Primero fueron los marinos. Ahora, el turno es del Ejército. Y no es casualidad es causalidad: es la secuencia lógica cuando lo que se denunció deja de ser rumor y empieza a oler a expediente judicial.

Lo que durante meses,años se intentó minimizar —o de plano ignorar— hoy aparece con nombre, grado y carpeta de investigación. 

La historia es grotesca en su escala: 144 millones de litros de hidrocarburos desfilando por la Aduana de Matamoros como si fueran inocente “cloruro de calcio”, mientras quienes debían custodiar la frontera fungían, en los hechos, como facilitadores del negocio.

Un «bisne» del Cartel del Golfo en el que tambien participa el gobierno de Morena de Americo Villarreal ,que también cobra tajada y que Julio Almanza denunció antes de ser acribillado por «Escorpiones» del CDG,socios del alcalde Alberto Granados y el gobernador.

No es una anomalía: es un sistema.

Tenientes coroneles al frente de la aduana, un subdirector operativo con formación militar, una red empresarial hecha a modo y una maquinaria de simulación lo suficientemente aceitada como para sostener uno de los mayores esquemas de huachicol fiscal registrados. 

Todo bajo la mirada —o la complicidad— de estructuras que se suponían blindadas precisamente contra esto.

La narrativa oficial durante años fue clara: militarizar para limpiar. Pero lo que empieza a asomarse en expedientes como este es algo mucho más incómodo: la militarización no erradicó la corrupción, la reconfiguró, la hizo mas brutal e impune.

Y aquí es donde el hilo se vuelve político.

Porque lo exhibido no es solo un caso penal; es el preámbulo del costo. Cuando los escándalos dejan de ser contenido incómodo en portales y se convierten en órdenes de aprehensión, ya no estamos ante filtraciones: estamos ante responsabilidades que empiezan a escalar.

Tres militares prófugos. Trece implicados. Una red que conecta aduanas, empresas y crimen organizado. Y, sobre todo, una pregunta que ya no puede esquivarse con discursos: ¿quién estaba mirando hacia otro lado mientras pasaban 144 millones de litros?

Lo que ayer se desestimaba como “exageración” hoy empieza a tomar forma de castigo. Y si la secuencia se mantiene, esto apenas es el principio.

Porque cuando el sistema empieza a investigarse a sí mismo, no lo hace por voluntad moral: lo hace porque ya no puede contener lo que se sabe.

Con informacion: ELNORTE/

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