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lunes, 6 de julio de 2026

«SINALOA LIDERA DELITOS con ARMAS de FUEGO a NIVEL NACIONAL”… cuernos, lanzagranadas y equipo táctico con sello global desfilan entre calles, pinos y brechas.


La llamada “OTAN del narco” es, básicamente, una alianza de clanes con bandera de Sinaloa que presume un catálogo de armas internacionales mientras convierte la Sierra Madre en parque de tiro y pone al estado a la cabeza nacional en delitos por armas de fuego. 

En esta guerra inatajable de bandos de la misma banda, que está a punto de completar dos años por culpa del narco y de la falta de eficacia de la estrategia federal, el mapa se dibuja con casquillos, no con instituciones, y las cifras oficiales solo confirman que el Estado ya no arbitra el territorio: únicamente lleva la contabilidad del caos.

Sede: Sinalivio, capital del plomo

En Sinaloa ya no se habla de “Culiacanazo”, se habla de “temporada de guerra”, como si el calendario se dividiera entre lluvia, sequía y balaceras patrocinadas por la OTAN del narco. Chapitos y mayos juegan guerra de bandos dentro de la misma franquicia criminal, mientras el gobierno obtiene triunfos intermitentes, pero no definitivos, no contundentes en una guerra intestina de largo aliento que ya supera los 665 días y 3 horas.

Sinaloa no solo exporta mano de obra y productos agrícolas: exporta conflictos, modus operandi y memes de narco-gobernanza a medio país, mientras presume más soldados que hospitales y más operativos que sentencias. 

La marca Culiacán dejó de ser geografía y se convirtió en género literario: todo lo que huela a guerra entre bandas de la misma banda termina etiquetado como “estrategia de seguridad”.

OTAN del narco: catálogo de armas, no de políticas

Ya se habla y no es gratuito ,de un “catálogo internacional de armas” desplegado en la Sierra Madre como si fuera expo militar en Faluya, pero con permisos espirituales de la 4T. Rifles, lanzagranadas y equipo táctico con sello global desfilan entre pinos y brechas.

Todo mientras el Estado mexicano sigue presumiendo la disminución de homicidios en medio de 135 mil desaparecidos,mas de 4,000 en tan solo dos años de guerra.

El tráfico de armas sigue “saludable”: se habla de hasta 200 mil piezas cruzando al año, decomisos que se cuentan en singular y complicidades que se miden en plural. La OTAN del narco no necesita tratados ni cumbres: su logística se coordina con WhatsApp, su diplomacia se mide en ráfagas y su política exterior es el alcance de sus fusiles.

Poder territorial: la Sierra como Faluya

La metáfora es brutal y precisa: “como si la Sierra Madre fuera Faluya”, un territorio donde la ley es un rumor y el uniforme oficial es el chaleco táctico con parche improvisado. Los bandos de la misma banda disputan brechas, pueblos y rutas, dejando claro que aquí no compiten contra el Estado, sino por la administración privada del territorio.

Mientras los generales presumen más de 14 mil soldados desplegados, las ejecuciones, levantones y ataques a viviendas muestran que la fuerza armada está más cerca de ser público en las gradas que árbitro del juego. Sitian ciudades sin proteger ciudadanos.

Poder de fuego: Sinaloa, primer lugar nacional

Los datos de Noroeste con información oficial no dejan margen para la narrativa rosa: Sinaloa lidera el país en delitos federales por armas de fuego y explosivos en 2026, con 663 carpetas de investigación solo entre enero y mayo. Eso es casi el 10 por ciento de todos los delitos por armas de fuego del país, concentrados en un solo estado que ya tiene récord histórico de 1,916 casos en 2025.

Mientras estados vecinos como Durango o Nayarit cuentan decenas o poco más de cien casos, Sinaloa acumula centenas y rompe sus propios techos históricos, pasando de 289 casos en 2020 a picos superiores a 900 en años previos y a la avalancha actual. La “OTAN del narco” no es una figura retórica: las gráficas oficiales confirman que el arsenal está ahí, que se usa y que el Ministerio Público solo alcanza a numerar las explosiones, no a contenerlas.

La guerra de bandos de la misma banda se libra en un escenario donde “no hay vacíos de poder, hay relevos coreografiados”. Gobernadores y mandos militares juegan al “cambio no cambió nada”, celebrando mejorías con cadáveres frescos y conferencias que suenan más a control de daños mediáticos que a política de seguridad.

La narrativa oficial se sostendría si las estadísticas acompañaran, pero el récord de delitos por armas de fuego, el repunte desde 2025 y la continuidad en 2026 muestran que la estrategia no es de seguridad, sino de administración del desorden. En este guion, la OTAN del narco marca la agenda, el territorio y el calibre; el Estado, cuando mucho, llega después para levantar casquillos y redactar boletines.

Con información:NOROESTE/

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