Hoy no se juega un partido mas de futbol: hoy se arma el topon en la cancha. Ese choque donde la táctica se mezcla con el orgullo, donde el balón quema y cada error pesa como plomo. Las selecciones de México e Inglaterra llegan con argumentos distintos, pero con la misma consigna: imponer condiciones desde el primer silbatazo.
México, fiel a su ADN, apuesta por el vértigo con sentido. No es solo correr por correr: es esa transición rápida que te rompe líneas con dos toques y te deja mal parado si pestañeas. El Tri tiene una virtud que incomoda a cualquiera: cuando se enchufa, juega sin pedir permiso. Laterales que se sueltan como extremos, mediocampistas que saben girar bajo presión y una delantera que, aunque irregular por momentos, tiene olfato para castigar en el área chica. Además, el carácter —ese intangible— aparece cuando el partido se calienta. México no suele negociar la intensidad.
Del otro lado, Inglaterra es una maquinaria más estructurada, casi quirúrgica. No improvisa: ejecuta. Tiene ese mediocampo que te administra los tiempos como reloj suizo y extremos que, en el uno contra uno, te hacen ver mal aunque estés bien parado. Su fortaleza está en la disciplina táctica: líneas compactas, presión organizada y una capacidad notable para convertir media oportunidad en gol. Y ojo con la pelota parada, porque ahí Inglaterra no perdona: es un equipo que te gana partidos sin necesidad de dominar todo el tiempo.
Que dice Javier Aguirre:
Después de 40 años de su última clasificación a Cuartos de Final y tras tocar fondo en la anterior Copa del Mundo, el Tri acaricia la historia ante Inglaterra.

Y eso sólo será posible, a decir del «Vasco» Aguirre, con un partido excelso en el Estadio Ciudad de México, en el decimotercer y último juego en el País en este Mundial.
«Estás enfrentándote a Inglaterra, lugar 4 del mundo, según FIFA, campeón del mundo en el 66, una Selección que tiene una gran Liga que la nutre. Estamos hablando de un equipo top en el mundo. Tendremos que hacer un partido casi perfecto para superarlos», lanzó «El Vasco».

Hasta ahora, México lleva un paso inmaculado: cuatro victorias, ocho goles a favor y ninguno en contra.
Y debe seguir así ante un rival de otra dimensión, candidato para ganar el Mundial.
Inglaterra tiene una plantilla valuada en mil 549 millones de dólares, siete veces más que el Tricolor.
Presume uno de los mejores delanteros del planeta en la figura de Harry Kane, con cinco goles en el Mundial.
La Selección Mexicana presume, por su parte, el rendimiento futbolístico, el peso del Coloso de Santa Úrsula, el apoyo de millones de aficionados que eligen creer con el «¿y si sí?, y hasta la altitud, que en nada inquieta al técnico de los ingleses, Thomas Tuchel.
«Yo sentí un pequeño dolor de cabeza y no dormí igual que los días anteriores, pero no es nada que no pueda superarse», dijo en conferencia de prensa el alemán Tuchel.
De clasificar a Cuartos de Final, por primera vez el Tricolor jugaría seis partidos en una Copa del Mundo, dada la ampliación del formato.
Además, por tercera ocasión se metería entre los mejores ocho del Mundial, como ocurrió en 1970 y 1986.
Y se embolsaría 20 millones 500 mil dólares como parte de los premios de la FIFA.
El duelo, entonces, pinta sabroso: ritmo contra control, intuición contra método. México buscará desordenar, acelerar y golpear cuando el partido se rompa. Inglaterra intentará enfriar, ordenar y capitalizar cada error ajeno como si fuera un trámite.
¿El pronóstico?
Partido cerrado, de detalles finos, donde el que mejor gestione los momentos clave se lo lleva. Inglaterra parte con ligera ventaja por su consistencia y contundencia, pero México tiene con qué meterle ruido serio al guion. No sería ninguna sorpresa si el Tri convierte el partido en un terreno incómodo y lo inclina a su favor.
Aquí no hay favoritos absolutos ni víctimas anunciadas. Hay dos selecciones con argumentos reales y un escenario perfecto para que el fútbol haga lo suyo: decidir sin pedirle permiso a nadie.
Con información: ELNORTE/

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