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domingo, 5 de julio de 2026

«¿NADIE lo ATORA y…YO los ALERTÉ ?: EX-ALCALDE HABLA de NARCO ABUELO ESCAPISTA de la LEY ALIADO ETERNO de MILITARES y GOBIERNO»… lamenta que la justicia tenga que venir de EE. UU.


Guillermo Valencia, ex Alcalde de Tepalcatepec, Michoacán, afirmó que los cargos penales que el Departamento de Estados Unidos presentó contra un hijo y un sobrino de Juan José Farías Álvarez, «El Abuelo», dan crédito a las acusaciones que hace 12 años formuló contra el grupo criminal Cárteles Unidos.

«El tiempo puso a cada quien en su lugar. Yo lamento mucho que tenga que venir de otro país lo más cercano a la justicia.

«En su momento fui perseguido político, fui hasta calumniado y me dieron la espalda hasta los que llegaron al poder, los de mi mismo partido (PRI), compañeros de partido», recordó.

En México, la justicia no llega: la importan. Y si viene con sello del Departamento de Estado, mejor, porque aquí lleva más de una década atorada entre complicidades, silencios y simulaciones.

Guillermo Valencia lo dice con ese deje de “se los advertí”: hace 12 años denunció lo que en Tepalcatepec era un secreto a voces —que bajo el disfraz de “autodefensas” operaban intereses mucho más oscuros, ligados a Juan José Farías, “El Abuelo”, ese personaje que durante años caminó entre la línea borrosa de aliado incómodo y activo intocable. Resultado: amenazas, expulsión del cargo y el clásico método mexicano de administración de crisis… matar al mensajero.

Hoy, curiosamente, no fue la Fiscalía mexicana ni el aparato institucional el que le dio la razón, sino Estados Unidos, que ya no anda con medias tintas: acusa, persigue y hasta pone precio. Diez millones de dólares por la cabeza de un personaje que aquí, durante años,ha sido tolerado, útil o directamente protegido. Allá lo llaman criminal; acá, dependiendo del sexenio, fue “actor relevante”, “contacto” o parte del folklore armado que algunos quisieron romantizar desde el mismo gobierno, ahi sigue activo y hasta le quitan estorbos.

Valencia recuerda lo obvio: pidió ayuda a Calderón, pidió ayuda a Peña, pidió seguridad para gobernar… y lo dejaron solo. Porque en ese México —el de entonces y el de ahora— hay territorios donde el Estado no manda, negocia. Y cuando alguien se sale del guion, no lo corrigen: lo quitan.

Lo más incómodo no es que “El Abuelo” haya tenido y tenga aun poder. Eso ya se sabe. Lo verdaderamente incómodo es que ese poder no se construyó en la clandestinidad, sino con guiños, acuerdos y omisiones desde el propio aparato público. “Acá acordaban, lo armaban y hasta lo arropaban”, dirían algunos. Y no suena exagerado,suena real.

La narrativa de las autodefensas, que en su momento sirvió como válvula de escape y legitimación social, también fue el vehículo perfecto para que ciertos grupos se institucionalizaran sin pasar por la ley. Hipólito Mora como excepción incómoda; el resto, piezas de un tablero donde la frontera entre Estado y crimen se volvió una línea punteada.

Doce años después, la validación no llega en forma de justicia mexicana, sino como indictment gringo. Valencia pasa de “exagerado” a “premonitorio”, pero el costo ya está pagado: desplazamiento, persecución y un mensaje claro para cualquier alcalde que crea que puede gobernar sin pedir permiso.

Porque la lección sigue intacta: en ciertas regiones, el cargo no te lo da la urna, te lo confirma —o te lo quita— el que realmente manda.

Con información: ELNORTE/

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