La inatajable guerra interna de dos bandos de la misma banda del Cártel de Sinaloa, convirtió Culiacán en un bombardero de panfletos y cadáveres: primero cayeron volantes desde el cielo con amenazas y acusaciones de lavado contra Peso Pluma y 24 influencers; después, empezaron a caer los propios influencers, uno por uno, sobre la tierra.
Contexto: propaganda desde el aire
En enero de 2025, una avioneta sobrevoló Culiacán y dejó caer cientos de volantes en blanco y negro, donde se exhibían rostros y nombres de 25 cantantes e influencers acusados de ser “lavadores de dinero” y “grandes colaboradores y financieros” de Los Chapitos, la facción del Cártel de Sinaloa ligada a los hijos de El Chapo.
Los panfletos que también incluyeron al gobernador con licencia Rocha Moya, eran firmados en la narrativa mediática como parte de la guerra entre La Mayiza (Los Mayos) y Los Chapitos, pedían a la gente dejar de consumir su contenido y los bautizaban como “presta nombres, abusones, alucines y muy violentos”, una mezcla rara de moralina narca y marketing del terror.
De la lista al obituario
Lo que empezó como “comunicación social” desde una avioneta terminó como un listado necrológico. Desde el inicio de la guerra abierta entre Los Chapitos y Los Mayitos, al menos seis influencers han sido asesinados directamente ligados a esa violencia, y otros han sido secuestrados o atacados.
Nombres que primero aparecieron impresos en papel barato —El Chilango, El Gordo Peruci, Jasper, Gail Toys, entre otros— acabaron convertidos en notas rojas, levantados, baleados, ejecutados en Culiacán y fuera de Sinaloa, al ritmo de la disputa entre facciones que se pelean por mercados y narrativa pública.
Peso Pluma y el narco-marketing
Entre los 25 señalados, Peso Pluma ocupa el papel de protagonista involuntario: el volante lo presenta como pieza clave de una presunta red internacional de lavado de dinero para Los Chapitos, mientras las mantas posteriores le advierten que si se presenta en Sinaloa “será su última presentación”.
No hay sentencia judicial ni investigación transparente que respalde todas esas acusaciones, pero el mensaje criminal funciona como “control de contenidos”: el narco decide quién canta, quién monetiza y quién vive lo suficiente para hacer un live; Estado y plataformas apenas reaccionan con comunicados tibios y algoritmos confundidos.
La Mayiza sí cumple
Mientras la prensa discutía la guerra en curso de dos bandos de la misma banda, Los Chapitos y La Mayiza, quedaba claro que la facción de El Mayo Zambada no se anda con rodeos en su guerra de propaganda: militariza el aire con panfletos, se apropia del discurso anticorrupción (“lavadores”, “abusadores del pueblo”) y luego convierte su propio material impreso en lista de objetivos que efectivamente empiezan a morir.
El clan de Los Toys
En los panfletos difundidos en 2024 se mencionó a los hermanosMarkitos, Mayve Castro, Gail y Kevin Castro, influencers en redes sociales, con millones de seguidores conocidos como Los Toys.
En enero de 2025, Gail Castro, conocido como como Gail Toys, fue asesinado en Ensenada Baja California.
En agosto del mismo año, María de Jesús N, hermana del youtuber José Ismael, el Conejo Toys, fue asesinada en Sinaloa.
Tiktokers, youtubers y creadores de contenido, objetivos de ataques
Además, otros tiktokers, youtubers y creadores de contenido han sido objeto de ataques.
Alan Alapisco, conocido como Maza Clan, denunció en julio pasado que hombres armados ingresaron a su casa y lo amenazaron junto con su familia.
En mayo pasado, una estética de belleza, propiedad de la influencer Estefania Monárrez, fue atacada e incendiada.
La influencer Nicole Pardo Molina denunció haber sido secuestrada durante seis dias.
Además, restaurantes de la cadena Ranch Roll, propiedad de Markitos Toys, han sido incendiados en Culiacán. Hombres armados también atacaron la casa de sus padres y han hostigado a sus trabajadores.
En síntesis: La Mayiza y sus rivales no sólo pelean rutas y fentanilo, también disputan el relato: quién es narco, quién es influencer, quién es “del pueblo” y quién merece ser cancelado a balazos. Si algo demuestran estos volantes que caen del cielo es que, en Sinaloa, la propaganda no se queda en papel: los carteles sí cumplen sus amenazas, y las redes sociales se han vuelto el nuevo campo de tiro y no solo en Sinaloa.
Con información: ELUNIVERSAL/

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