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miércoles, 3 de junio de 2026

«NADA los DETIENE: COMANDO REVENTÓ CASA de PERIODISTA a MARTILLAZOS para SECUESTRARLA en el VERACRUZ SECUESTRADO»…ni distraígan al narcogobierno,anda ocupado con EE.UU, metiendose con Sansón a las patadas.


Otra vez. Otro nombre. Otra puerta reventada a martillazos en plena madrugada mientras el Estado llega… tarde, mal o nunca.

Roxana Berenice Guzmán, reportera de Pulso Informativo del Sureste, fue secuestrada en su propia casa en Nanchital, Veracruz. No en una zona de guerra declarada, sino en ese México donde ejercer el periodismo ya cuenta como actividad de alto riesgo sin necesidad de credencial oficial. Un grupo armado irrumpió en su domicilio como si fuera rutina —porque lo es—, encañonó a quienes estaban dentro y se la llevó. En el video que circula, alguien grita que hay un bebé en la casa. Ni eso detiene a los sicarios. Nada los detiene.

La Fiscalía dice que “ya abrió una carpeta de investigación”. Traducción habitual: el expediente engrosará el archivo de casos sin resolver. El gobierno estatal presume coordinación con Marina, Guardia Nacional y fiscalías. El guion de siempre: despliegue reactivo, declaraciones solemnes y resultados que rara vez llegan. Mientras tanto, organismos como Artículo 19 piden lo obvio —que se investigue considerando su labor periodística— como si eso no fuera automático en un país donde informar es una sentencia potencial.

El dato incómodo: México no solo es peligroso para periodistas, es consistentemente uno de los peores lugares del mundo para ejercer el oficio en tiempos de “paz”. Según Reporteros Sin Fronteras, en 2025 fue el segundo país más letal para la prensa. Nueve periodistas asesinados en un año, la cifra más alta en tres años. Y no es todo: México también ocupa el segundo lugar mundial en desapariciones de periodistas, con 28 casos documentados. Solo lo supera Siria. Sí, Siria.

Si ampliamos la toma, la situación es todavía más obscena. Organizaciones como Artículo 19 han documentado que en México ocurre una agresión contra la prensa aproximadamente cada 13 horas. Y la cereza podrida del sistema: la impunidad. Más del 90% de los delitos contra periodistas no se resuelven. Es decir, el mensaje es claro y perfectamente entendido por quien amenaza, secuestra o mata: no pasa nada.

En este contexto, el secuestro de Roxana no es una anomalía, es un patrón. No es un error del sistema, es el sistema funcionando. Porque cuando el periodismo incomoda —y en estados como Veracruz suele incomodar mucho—, la respuesta no es institucional, es violenta. Y cuando la violencia no se castiga, se normaliza.

El detalle final que retrata el abandono: no había denuncias previas registradas. Como si eso importara. En México no necesitas denunciar para estar en riesgo; basta con publicar.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/JUAN CARLOS ESPINOSA

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