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miércoles, 3 de junio de 2026

«MAL y de MALAS: REMODELACIÓN de CARTÓN de la MARINA HACE CAER TECHUMBRE sobre USUARIA de AEROPUERTO de CDMX»… otra postal al mundo a días del Mundial.


El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México volvió a demostrar que, más que terminal aérea, es una especie de experimento estructural en tiempo real. Ayer martes, un pedazo de la “techumbre” —así le llaman elegantemente a lo que básicamente se cayó— de un puente peatonal decidió rendirse ante la gravedad y aterrizar sobre una conductora, que terminó lesionada. Sí, dentro del aeropuerto, donde uno pensaría que lo único que debería aterrizar son aviones… y en pistas, no en salidas vehiculares.

El comunicado oficial, fiel a la tradición burocrática, habla de “daños a una automovilista derivado del evento”, como si se tratara de un fenómeno natural y no de un pedazo de infraestructura vencida por el abandono. 

Eso sí, tranquilidad total: el resto del puente sigue en pie, así que los peatones pueden seguir cruzando como si nada y los coches pasando por debajo con una fe casi religiosa.

En redes sociales, como siempre, la realidad llegó sin maquillaje: videos del cascajo, una patrulla, un coche afectado y la escena que resume perfectamente el estado del AICM: funcional… hasta que deja de serlo.

Por si fuera poco, esto no es un incidente aislado sino parte de una racha digna de colección. Hace apenas una semana, varios marinos terminaron heridos por una “flama repentina” en una cocina, cortesía de una probable acumulación de gas. Nada grave, dijeron. Nunca es grave… hasta que lo es.

Todo esto ocurre en un aeropuerto por el que pasan más de 120 mil personas al día, mientras las autoridades venden la idea de que está quedando listo, reluciente, casi de primer mundo, para recibir a las hordas mundialistas en junio. Porque claro, nada dice “bienvenidos al Mundial” como estructuras que se desprenden y cocinas que explotan.

Eso sí, el maquillaje no ha sido barato: miles de millones de pesos en remodelaciones, promesas de modernización, más operaciones por hora y discursos optimistas del almirante a cargo. 

Sobre el papel, el AICM está en plena cirugía estética. En la práctica, parece que el paciente sigue sangrando por dentro.

Pero no pasa nada: ya se abrió una investigación para “deslindar responsabilidades” —esa vieja confiable que rara vez termina en algo concreto— y el seguro cubrirá los daños. El sistema funciona… al menos para reparar lo que se rompe, no necesariamente para evitar que se rompa.

Mientras tanto, la ciudad se pinta de morado, se invierten miles de millones en el metro y se ensaya la escenografía para el Mundial. Todo listo para la foto. Aunque, eso sí, conviene mirar hacia arriba… no vaya a ser que también algo decida caer justo cuando pase el siguiente turista.

Con informacion: RODRIGO SORIANO/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS

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