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lunes, 1 de junio de 2026

«URGE FUMIGARLAS: RATAS y CUCARACHAS INVADEN el PODER JUDICIAL»…¿se combate la plaga o se protege el ecosistema que la permitió?


En ciertos pasillos donde se administra la justicia federal —o al menos eso dice el letrero— parece que la fauna nociva encontró refugio antes que la ley.

No es metáfora gratuita. Entre expedientes empolvados y escritorios donde el tiempo se archiva mejor que las sentencias, hay quienes juran haber visto más movimiento en las esquinas que en las resoluciones. Y no precisamente de funcionarios diligentes.

El problema, dicen en voz baja, no es solo de salubridad. Es de costumbre.

Porque cuando las estructuras se vuelven laberintos, siempre hay criaturas que prosperan en la oscuridad. Algunas caminan en cuatro patas; otras firman documentos. Las primeras huyen de la luz. Las segundas, curiosamente, también.

La “fumigación” que algunos reclaman no se limita a químicos ni trampas. Es otra cosa: un intento —tardío, quizá ingenuo— de ventilar espacios donde lo que más abunda no es precisamente la transparencia.

Pero limpiar implica remover. Y remover implica riesgos. Porque cuando se levanta la alfombra, no solo salen los insectos: también aparecen las huellas de quienes los alimentaron.

Que dice EL UNIVERSAL:

En el oficio SEA/DGIM/316/2026, cuya copia posee , la Dirección General de Inmuebles y Mantenimiento (DGIM) del Órgano de Administración Judicial, alertó que después de visitas técnicas llevadas a cabo el incremento de esta fauna nociva incide en la conservación de inmuebles, equipos, preservación de archivos, así como en la salud de usuarios.

“Se ha identificado un incremento en la presencia de fauna nociva y plagas en diversos inmuebles del Poder Judicial de la Federación, situación que incide directamente en la conservación de los inmuebles, la funcionalidad de las instalaciones y equipos, la preservación de archivos y documentación institucional, [así como en] las condiciones de salubridad para las personas usuarias”.

Así que el dilema no es menor: ¿se combate la plaga o se protege el ecosistema que la permitió?

Mientras tanto, en los tribunales donde debería reinar el orden, el ruido no proviene de martillos de juez, sino de un discreto y persistente crujir en las paredes.

Nada nuevo, dirán algunos. Solo que ahora ya nadie puede fingir que no lo escucha.

Con informacion: ELUNIVERSAL/

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